Von der Leyen: "Europa necesita un alma, un ideal y voluntad política"

Von der Leyen: "Europa necesita un alma, un ideal y voluntad política"

La presidenta de la Comisión apuesta por un perfil bajo y tecnócrata en su segundo Discurso sobre el Estado de la Unión

De la fragilidad a la recuperación, del temor a la confianza. El Discurso sobre el Estado de la Unión Europea (una de las citas importantes en el calendario político-institucional comunitario) pronunciado el año pasado por la presidenta Ursula von der Leyen estuvo marcado por las dudas, las heridas y las cifras de destrucción y mortalidad. El de este año, de vuelta en Estrasburgo tras la pandemia, y tras unas cifras de vacunación satisfactorias y con el marco para la recuperación económica aprobado y en marcha, se ha definido en cambio por una prudente satisfacción y una absoluta falta de ambición.

Europa está desbordada políticamente, paralizada institucionalmente hasta ver qué ocurre en las elecciones germanas y aturdida todavía por la bofetada afgana, pero si se cierran los ojos, se tapan los oídos y se miran sólo algunas estadísticas es posible ignorar la verdad más amarga. Y eso ha hecho la alemana ante el pleno de la Eurocámara este miércoles.

El Discurso sobre el Estado de la UE es una producción para puro consumo interno. Sus destinatarios no son los ciudadanos, los votantes, los europeos, sino la burbuja de Bruselas, Luxemburgo o Estrasburgo. No busca convencer, entusiasmar, sino perfilar. Marca el inicio del curso, fija las prioridades y el tono de la Comisión, refleja los límites de las capitales y esboza ante los eurodiputados no sólo qué es lo más importante sino también qué temas está claro que van a quedar en el armario.

SIN MENCIONES AL PRECIO DE LA LUZ
Von der Leyen no ha dado ninguna sorpresa. Discurso profundamente soso, aburrido, el que hubiera firmado de antemano cualquier tecnócrata. Una hora casi exacta cubriendo una batería infinita de temas, pero con un centímetro de profundidad. Habló de vacunas, su gran activo tras las durísimas críticas que recibió a principios de año. De cambio climático, juventud, de recuperación económica, de Defensa, el pilar social, justicia tributaria, una ley contra la violencia machista, un programa parecido a Erasmus pero para jóvenes trabajadores o de Estado de Derecho, pero evitó referirse al precio de la luz que agobia a millones de personas, de la crisis migratoria, no mencionó directamente a Hungría o Polonia ni explicó cómo cree que Europa debe actuar. Pasó por encima de China o de EEUU e incluso en los temas en lo que quiso mojarse, como la seguridad, decepcionó: Juncker proponía ejércitos propios, pero ella se limita a sugerir bajar el IVA en las compras militares. Siempre a favor del bien, siempre contra el mal, pero que otros den el primer paso.

La presidenta sale a no perder, no a ganar. Su objetivo es no pisar callos, no enfadar a nadie. Cubrir todos los expedientes, pero sin irritar, y el resultado rara vez es satisfactorio. Pocos y tibios aplausos, pocas y tibias críticas también, porque con tanta corrección es complicado salirse del carril. Nadie esperaba una revolución, pero entre los diputados el sentir mayoritario era la sorpresa por la falta de propuestas, de ambición. Tras la depresión de 2020, y la lenta recuperación, Europa necesita liderazgo, brújula, no sólo una lista de la compra.

La alemana ha anunciado una declaración conjunta OTAN-UE antes de final de año y una cumbre sobre Seguridad en Francia la próxima primavera. Movilizará 100 millones de euros adicionales en ayuda para Afganistán; 200 millones más de vacunas a donar a países necesitados; un proyecto ingente para evitar más pandemias o 4.000 millones más en los próximos cursos contra el calentamiento global, pero poco más. En 2020 pidió una Unión de la Salud y en 2021 ha esbozado la necesidad de una Unión de la Defensa, pero con la suficiente vaguedad y generalidad para que quepa todo y no salga demasiado.

El momento es complicado, con la salida de Angela Merkel y las dudas sobre las presidenciales francesas de 2022. Con la guerra abierta con Varsovia y Budapest. Con temor a una nueva debacle política si hay llegadas masivas de demandantes de asilo. Con la pugna perpetua por la reforma de las reglas fiscales. Por la batalla de familias políticas para la sucesión de altos cargos en Bruselas. Por la distancia cada vez mayor con Washington y la falta de acuerdo en qué tipo de presencia debe tener la UE en el mundo. La Comisión es la guardiana de los tratados, pero es mucho más, o debería. Hay veces que debe ir por delante de las capitales, hay veces que debe ir contra la opinión de las capitales y hay veces que debería romper la baraja para marcar la agenda. Pero no es el caso.

UNA LEGISLATURA ENCAMINADA
Tras cuatro meses de trabajo, miles de reuniones y consultas con todo su aparato para recibir imputs, Von der Leyen formalmente cubre todos los aspectos pero no se moja, constreñida por el lenguaje, los usos y el corsé de la burbuja bruselense. De la mano de Robert Schuman ha dicho hasta en cuatro ocasiones que "Europa necesita un alma, un ideal y la voluntad política para servirlos", pero si algo ha marcado su tono, y está marcando su Presidencia, es precisamente la falta de alma y corazón, el dominio absoluto del cerebro, y una iniciativa política más que discreta.

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Von der Leyen tiene más o menos encaminada su legislatura. Ha sacado adelante la legislación climática, el Fondo de Recuperación económico, está emitiendo deuda con éxito en los mercados y la estrategia de vacunación ha funcionado tras unos inicios dubitativos. El Parlamento no es hostil y nadie pide su cabeza. Por eso habla de microchips, semiconductores y conectividad. Por eso quiere dedicar 2022 a la Juventud y apenas toca de pasada la cuestión migratoria, que en el último lustro ha sido el elemento clave en la Unión. Por eso liquida en cinco segundos el debate sobre las reglas fiscales apelando al consenso y el debate.

Al rozar la hora, terminando su intervención, la presidenta de la Comisión ha roto su tradicional sobriedad al poner el foco en Bebe Vio, deportista paraolímpica italiana y medalla de oro en Tokio hace unas semanas. La ha invitado al Parlamento y, entre aplausos, ha usado su ejemplo de lucha, superación y entrega como símil para el continente. Citando el título del libro publicada por la italiana ha dicho que "se sembra impossibile, allora si può fare". "Si parece imposible, puede hacerse". El único toque especial, la única gota de emoción. Lo que todavía no ha explicado la presidenta es qué es exactamente lo que quiere hacer. Quiere más Europa, quiere mejor Europa, quiere voluntad política pero tras 60 minutos los ciudadanos siguen sin saber cuál es la ruta.

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