Vinos uruguayos: competencia en Brasil es el gran desafío del acuerdo con Unión Europea

Vinos uruguayos: competencia en Brasil es el gran desafío del acuerdo con Unión Europea

Bodegas nacionales están en alerta ante la llegada de más vinos europeos al gigante norteño, destino al que vende el 50% de su exportación. Productores del sector matizan el posible efecto del tratado en el mercado doméstico

Los vinos uruguayos tienen ocho años para afinar sus estrategias ante la apertura total con la Unión Europea (UE), tras el acuerdo entre ese bloque y el Mercosur. El principal destino en el futuro socio comercial es el Reino Unido, pero está por abandonar el bloque. Más del 50% del vino uruguayo exportado va a Brasil, donde indudablemente las bodegas europeas pondrán sus ojos. A su vez, los vinos importados en Uruguay son un tercio del mercado, y tan solo el 10% de ello es europeo. Así, este sector fue calificado como de «resultado mixto» por Valeria Csukasi, embajadora y directora general para Asuntos de Integración y Mercosur de la Cancillería de Uruguay.

Para la comercialización de vinos en envases de hasta 2 litros, el acuerdo Mercosur-UE establece un período de desgravación arancelaria gradual de ocho años, contados desde la firma del acuerdo; «la comercialización de vinos a granel quedó expresamente excluida de las preferencias del acuerdo», explicó Csukasi, quien lideró las negociaciones con la UE. En el rubro vinos no hay cuotas ni cupos y los aranceles llegarán a cero en el período establecido. Para ingresar a la UE, los vinos uruguayos hoy pagan un arancel que va de 7,25% a 8%. Los europeos, en tanto, deben pagar un 20% de tarifa para entrar al mercado local, según información de Market Access del Centro de Comercio Internacional (Unctad-OMC).

Marta Méndez, directora de la bodega Giménez Méndez y presidenta del Centro de Bodegueros, explicó que los vinos importados, y en especial, los europeos, representan una porción menor del consumo interno uruguayo. Subrayó que a agosto, «el consumo total de vinos finos es de 4,4 millones de litros, de los cuales un 63% es nacional y un 37% importado». A su vez, Martín López, director de Comercio Exterior del Instituto Nacional de Vitivinicultura (Inavi), explicó que las marcas europeas representan «menos del 10% del vino importado en nuestro país —muy por detrás de argentinos y chilenos—, por lo que no estarían en el top of mind de los consumidores locales». Además, «la evolución del vino importado en el país, muestra que está en fase de meseta; en consecuencia, la competencia, si bien existe, tiende a estabilizarse».

En Argentina se planteó una dura discusión entre las bodegas mayores que apoyaban la apertura, y las de fuerte presencia en el mercado interno, que reclamaban protección. Para Csukasi, en Uruguay hay que admitir también la existencia de esas dos miradas: «los exportadores apostaron fuertemente a la calidad del producto. Pero quienes producen más orientados al consumo de las familias uruguayas, temen la competencia de vinos españoles, italianos o franceses más baratos».

Asimismo, la directora de Giménez Méndez advirtió que el sector «deberá implementar a corto plazo acciones de transformación productiva y de marketing» para la colocación de los vinos. Sostuvo que la industria necesita una nueva reconversión vitícola y vinícola a muy corto plazo, y en ese contexto, «la eliminación de aranceles en bienes de uso para nueva tecnología enológica hará más accesible la compra de maquinaria, principalmente italiana y francesa, barricas de roble y otros insumos necesarios para la elaboración de vinos de calidad».

Ante la relativa preocupación por la competencia a nivel interno, lo que inquieta es un tercer mercado: Brasil. Hacia allí va la mitad del vino que exporta Uruguay. «Es un mercado mucho más atractivo que el nuestro para los vinos europeos con los que tendremos que competir», admitió Méndez. Prácticamente todas las bodegas uruguayas que exportan tienen en Brasil su principal destino, y en algunos casos, el único. Sin embargo, para López, «Uruguay goza de un buen posicionamiento en Brasil, siendo el séptimo origen proveedor y con un alto reconocimiento como productor de vinos de calidad».

Paralelamente, Uruguay no perdió marcas ni referencias geográficas con el acuerdo, al contrario de Argentina, que se vio en dificultades (el más claro ejemplo es el vino de La Rioja). Los compromisos en materia de Indicaciones Geográficas forman parte del capítulo de Propiedad Intelectual. Mediante el acuerdo, la UE reconoce la calidad de indicaciones geográficas a más de 50 vinos uruguayos (por ejemplo Garzón, Juanicó, Los Cerros de San Juan o Santa Rosa).

Otro aspecto considerado «un triunfo» en la negociación, según Csukasi, son las expresiones tradicionales (Reserva y Gran Reserva) que podrán ser utilizadas en las exportaciones a la UE si cumplen con los requisitos de la regulación uruguaya, lo que dará una gran ventaja competitiva a los productores.

Otro tema importante es la defensa ante una eventual competencia desleal. «Vamos a tener que tener muy presente los precios y la forma en que ingresan los vinos europeos —añadió Csukasi—. Ante la menor sospecha de que algunos productos ingresan por debajo del costo, tenemos instrumentos que también nos otorga el acuerdo para abrir una investigación y si es necesario prohibir esa importación».

A su vez, desde Inavi —que tuvo una notoria participación en las negociaciones— se subrayó que no habrá impedimentos basados en cuestiones sanitarias: «los vinos uruguayos cumplen con todos los requerimientos exigidos en los distintos mercados internacionales, análisis que son realizados por el laboratorio del Instituto». De la misma forma, en los acuerdos se reconocen las prácticas imperantes en la actualidad para el comercio de vinos en cuanto a prácticas enológicas.

A todo esto, el acuerdo en vinos para el tratado entre Chile y la UE, vigente desde 2003, se considera paradigmático. Se establecieron nuevos estándares para la industria chilena que le propiciaron un salto cualitativo de gran magnitud. El economista chileno Andrés Rebolledo, que ocupó altos cargos en materia de negociación comercial en su país, ante la consulta sobre cuál fue la clave en la negociación, afirmó: «lo principal fue el liderazgo empresarial, que permitió arbitrar entre quienes perdían ventajas y el masivo interés de quienes aparecían como favorecidos». Y concluyó: «tanto es así, que en materia de indicaciones geográficas, donde la cuestión del champagne fue una notoria pérdida, los propios productores adoptaron el cambio y no fue necesaria una expropiación por parte del Estado».

A Europa va el 17% de lo exportado

Los vinos finos de mesa uruguayos, en recipientes de hasta 2 litros, generaron algo más de US$ 10 millones por concepto de exportaciones durante los primeros ocho meses del año, según información aduanera. Un monto 7,7% inferior a las divisas ingresadas por ventas al exterior durante el mismo período del año anterior. Precisamente, 2018 había sido un buen año, con un incremento del 13% en las exportaciones de este rubro en comparación con 2017.

Por otra parte, son 38 las bodegas que han exportado en lo que va del año a 45 destinos diferentes. Siete de cada 10 dólares ingresados corresponden a las ventas que realizaron cuatro bodegas: Agroland (Bodega Garzón), el grupo brasileño Aurora, el grupo Traversa y Giménez Méndez. A su vez, dos tercios de lo exportado, fue a Brasil y EE.UU., y un 17% a países de la Unión Europea (UE), la mitad de ese volumen tuvo como destino Reino Unido y Suecia. Que el Reino Unido sea el principal comprador entre los países de la UE no es un aspecto menor, teniendo en cuenta que es inminente su salida del bloque.

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