Varios productores argentinos quieren quedarse y otros ya viven con sus familias en Uruguay, según jerarca de Ganadería

Varios productores argentinos quieren quedarse y otros ya viven con sus familias en Uruguay, según jerarca de Ganadería

El precio de los granos entusiasma al empresario agrícola, pero el miedo a la sequía lo frena.

“Quiero que mis hijos se vengan para Uruguay, estoy tratando de convencerlos para que se queden acá y se saquen la ciudadanía”. Eso fue lo que le comentó el lunes 26 un empresario agrícola argentino en un contacto telefónico al director de Servicios Agrícolas del Ministerio de Ganadería (MGAP), Leonardo Olivera, pensando en sus planes de instalarse en el país.

Ese jerarca comentó a Búsqueda que en esa secretaría de Estado han tenido “varios ejemplos de argentinos que en algunos casos ya tienen la ciudadanía y otros que no, pero que tienen la intención de radicarse” para continuar su actividad productiva en el campo uruguayo. “Varios productores ya llegaron con sus familias y se quedaron acá, principalmente en Colonia y Soriano”, afirmó.

Contó que “algunos solicitaron los permisos correspondientes y adoptaron las medidas sanitarias para estar tres o cuatro meses a la espera de que pase la pandemia, y otros, que les encanta Uruguay, tienen casa y campo y se van a quedar”.

El MGAP recibe unas 15 solicitudes diarias de empresarios del agro, mayoritariamente argentinos, que están interesados en instalarse en Uruguay, según datos a los que accedió Búsqueda de fuentes oficiales. Esa cartera de Estado dispuso a dos funcionarios para atender y canalizar específicamente estos planteos.

Uno de los casos emblemáticos en ese sentido es el del empresario argentino Gustavo Grobocopatel, conocido como el rey de la soja en su momento y que decidió radicarse en Colonia, según publicó el jueves 22 el diario porteño La Nación. “Con el correr del tiempo he ido pensando qué me gustaría hacer y dónde desarrollarlo. Encontré hace varios años un lugar en Uruguay. La llegada de la pandemia, su prolongación en el tiempo y los riesgos que supone para la salud aceleraron ese proceso y hace casi un año estoy viviendo aquí”, escribió ese empresario en una carta dirigida a la compañía Los Grobo, para comunicar su decisión de renunciar a la presidencia de dicha compañía.

Grobocopatel fue uno de los pioneros en el impulso de la producción de granos en Uruguay mediante la asociación con el productor uruguayo Marcos Guigou para crear la empresa Agronegocios del Plata en 2003.

En cuanto a la posible llegada de nuevos empresarios del agro para producir en el campo local, Olivera señaló que ahora es más difícil conseguir tierras debido a que la oferta es menor y los precios mayores en comparación a lo que ocurrió entre fines de los 90 y 2005. “Al productor uruguayo ahora si bien no le sobra nada tampoco está en una situación como para vender su campo”, planteó.

Respecto a la oportunidad que podría significar el cierre de tambos en zonas de los departamentos de Colonia y San José para la adquisición de predios por parte de argentinos, el titular de Servicios Agrícolas consideró que el tambero generalmente lo que hace es cambiar de rubro o arrendar el campo, pero no lo vende.

Unos 90 técnicos y productores agropecuarios de Argentina ingresaron al territorio uruguayo en los primeros meses de este año, específicamente para la cosecha de soja, entre otras labores (Búsqueda Nº 2.084).

La actual administración estableció ciertas normas legales para estimular la radicación de inversores extranjeros y sus familias, específicamente con la flexibilización de algunos requisitos en cuanto al capital y los bienes que poseen.

Complementariamente, el gobierno determinó que las eventuales inversiones comprendan la generación de empleos y la descentralización de los proyectos.

Poca agua
A esta altura del año el panorama de escasez de agua disponible en los suelos en ciertas regiones de producción agrícola y ganadera, principalmente en el norte, como pueden ser los departamentos de Paysandú y Río Negro, mantiene en alerta a los productores rurales de esas zonas.

En el sur del territorio las recientes lluvias mejoraron el estado de los campos y se aprontan para la cosecha de los cultivos de invierno (trigo, cebada y colza), al tiempo que inician las labores de siembra de los cultivos de verano (soja, maíz y sorgo).

Los pronósticos de escasez de precipitaciones en los meses de noviembre, diciembre y enero causan preocupación en el agro local.

En el caso de la agricultura los productores se ven tentados a sembrar la mayor cantidad posible de soja, considerando el precio cercano a los US$ 400 por tonelada, mientras que en el mismo momento del año pasado apenas superaba los US$ 300 la tonelada.

Pero el panorama climático le pone cierto freno a esa decisión ante el riesgo de perder granos y kilos a la hora de la cosecha.

Una alternativa que brinda seguridad al productor es la capacidad de riego en sus chacras. Más allá del impulso que tuvo en los últimos 10 años la instalación de equipos para proveer de agua a las plantaciones agrícolas, con algunos incentivos fiscales a las inversiones por parte del Estado, la realidad demuestra que es escasa la cobertura de ese servicio.

En el campo uruguayo el área de cultivos bajo sistemas de riego artificial comprende unas 14.000 hectáreas de soja y 11.000 hectáreas de maíz, según datos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) correspondientes a la zafra 2019-2020.

Dichos datos muestran que la extensión de cultivos de soja fue de casi 1 millón de hectáreas y la de maíz llegó a unas 117.000 hectáreas, lo que deja en evidencia la baja superficie que tiene la posibilidad de ser regada ante la escasez de lluvias durante el período de desarrollo de las plantaciones en el verano.

Es importante destacar que los cultivos regados de soja registraron un rendimiento de 3.608 kilos por hectárea, unos 1.400 kilos más que la oleaginosa sin riego, y en el caso del maíz regado llegó a 10.038 kilos por hectárea, lo que representó unos 3.710 kilos más que el grano sin riego, indican.

Cosecha y siembra
El primer grano de invierno que será cosechado en los próximos días es la colza y en el caso del trigo y la cebada esa tarea comenzará en unos 10 días, aunque el grueso de la trilla se realizará a partir de mediados de noviembre.

Consultado por Búsqueda el director de la División de Servicios Agrícolas dijo que las heladas registradas en el invierno y en el inicio de la primavera afectaron a los cultivos de colza, con diferentes grados de intensidad, y “en algunas zonas el daño fue mayor que en otras”.

Mientras, “en trigo y cebada el estado de los cultivos es bueno”, señaló. Sostuvo que este “no es un año como para tener un rendimiento promedio o malo, sino más bien alto, aunque no sé si dará para romper el récord”.

Olivera valoró que la producción agrícola pudo continuar y alcanzar un desarrollo favorable, incluso se registró un crecimiento de 48% del área sembrada de colza y carinata (110.000 hectáreas), pese a ser un año con emergencia agropecuaria por la sequía, principalmente en marzo y abril, y bajo el impacto negativo del coronavirus.

Pensando en la próxima cosecha de esos cultivos, el MGAP prevé aplicar las mismas medidas sanitarias preventivas que se implementaron para cosechar soja, maíz y sorgo entre marzo y mayo de este año, específicamente para los transportistas de los granos, la distribución interna y la operativa en los puertos de salida de las exportaciones.

El director de Servicios Agrícolas consideró que, “luego de superar esa primera prueba y con estos seis meses de aprendizaje en la rutina diaria, eso permite facilitar el cumplimiento de las medidas”.

“Será básicamente lo mismo que se realizó en la cosecha de verano; todavía no hemos pensado en detalle este asunto, pero probablemente se pueda ajustar algo más”, adelantó.

Y se refirió principalmente al caso de los transportistas de cargas que en la zafra deben mantener contactos en las chacras, en los centros de acopio, en los puertos y deben compartir baños.

La intención del Ministerio de Ganadería es mantener reuniones en los próximos días con los diferentes actores del sector agrícola y de la cadena granelera para coordinar esos asuntos.

En cuanto a la posibilidad de un incremento en la superficie para sembrar soja y otros granos de verano, Olivera consideró que “es simplemente un entusiasmo que no se puede plasmar en mayor área, porque el productor tiene miedo de arrendar o sembrar un poco más debido a la seca que se pueda dar”.

En la zafra 2017-2018 se perdió mucha producción por el déficit hídrico, y eso todavía está en la memoria del productor, advirtió.

Reconoció que “lo positivo ahora es el valor de los granos y el precio del gasoil, que prácticamente se mantuvo”.

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