Vacunas en la basura y certificados falsos: récord de muertos por Covid en Rusia

Vacunas en la basura y certificados falsos: récord de muertos por Covid en Rusia

Engaños, apenas un tercio de inmunizados, 900 rusos muertos al día... El coronavirus mata más que en 2020

La puerta se abre y el sanitario espera ya con el frasco de Sputnik en la mano. No hay cola, pero el trámite va a ser lo más rápido y legal posible. "¿Lo hacemos o lo tiramos?", pregunta el médico. "Como siempre", responde la paciente, que tampoco se puso la vacuna de la gripe. Ambos se conocen desde hace años. La afortunada recibirá un certificado de vacunación completamente legal. El frasco con la dosis yace vacío en la papelera. Le ponen una tirita en el hombro. No hay pruebas del fraude. Rusia tiene una persona 'vacunada' más. En realidad, una menos.

Esta escena se repite cada día en hospitales de la capital rusa, donde los médicos son cómplices de una cadena de engaños de la que se benefician desde los pacientes hasta el gobierno. Los rusos creen poco en las vacunas y casi nada en las autoridades, que a su vez tratan de mejorar las cifras de vacunación aunque sea permitiendo fraudes. Pero al virus nadie lo engaña, y la situación pandémica en Rusia sigue siendo muy tensa. El número de personas infectadas con coronavirus en Rusia es ahora tres veces mayor que en el mismo período del año anterior, ha dicho la viceprimera ministra Tatiana Golikova.La semana pasada el número de contagios registrados aumentó un 14% y ahora se están dando 25.000 casos al día. En los últimos días se superó continuamente el récord de muertes diarias. Las personas mayores son el grupo de edad más afectado por el virus: su vida está amenazada porque la mayoría no están vacunados. Menos de un tercio de los rusos lo están. Ante el virus Rusia sigue atascada en 2020: a merced de una cuarta ola y sin más capacidad de respuesta a corto plazo que nuevas restricciones, que tímidamente empiezan a ponerse sobre la mesa.

Todos los grandes eventos públicos en Rusia están cancelados desde el lunes por culpa de la pandemia del coronavirus, comunicó la jefa de la oficina nacional de protección al consumidor, Rospotrebnadzor, Ana Popova. Los eventos con más de 3.000 personas han quedado prohibidos en todas las regiones. Las actividades con entre 1.000 y 3.000 participantes se permiten solo en algunas zonas. Las luces rojas se han encendido al batirse el récord de muertes diarias: el país está enterrando a casi 900 personas cada día por culpa de la pandemia. El régimen de mascarillas en espacios cerrados se cumple de manera muy laxa y el país se enorgullece de haber resistido sin imponer cierres.

Vacunas obligatorias para camareros

En San Petersburgo acaba de entrar en vigor una nueva restricción. Desde el 1 de octubre el 80% de los camareros y otros trabajadores de cara al público han de estar vacunados. De lo contrario los locales se exponen a grandes multas.

"La ley fue anunciada hace unos dos meses, pero nosotros hace tiempo que nos pusimos en marcha viendo cómo estaba evolucionando la situación en Moscú", explica Katia, gerente de la cafetería Mbi, en el centro de San Petersburgo. Otros comercios denuncian que no han tenido tiempo de vacunar a todo el mundo. En algunos casos, se han topado con la oposición de los trabajadores: "No puedo obligar a nadie a ponerse la inyección", explica el propietario de una tienda en el barrio de Baikonurskaya. El gobernador de San Petersburgo, Alexander Beglov, advierte: "Si no obtenemos inmunidad colectiva, habrá que introducir [nuevas] restricciones".

De nuevo se ven colas de ambulancias y se preparan para cancelar más actos en la vieja capital zarista. Pero en junio, con los hospitales ya bajo una enorme presión, se permitió el gran evento 'velas escarlatas', en el que decenas de miles de ciudadanos abarrotaron las calles, la mayoría sin mascarilla ni distancia de seguridad. Irónicamente mientras esto sucedía dos activistas fueron detenidas en la principal arteria de la ciudad, Nevsky Prospekt, por manifestarse con carteles en apoyo de los presos políticos. La razón del arresto: violar las restricciones del coronavirus. Unas horas después una multitud de personas atestaba las orillas del río Neva para ver pasar un espectacular bergantín con las velas iluminadas con el color rojo.

En Moscú, se ha registrado un aumento en la incidencia de covid desde mediados de septiembre. En Tokio se registraron menos de 100 casos diarios del covid-19 por primera vez en 11 meses. Moscú tiene el mismo número de habitantes, 14 millones, y registra 3.800 nuevos casos al día. Son la cara y la cruz de la pandemia mundial. El reflejo de las medidas de las autoridades pero también de la respuesta de la gente.

Medidas impopulares

En Rusia los casos se están acumulando. El crecimiento no es tan explosivo como otras veces pero preocupa. Las causas son conocidas. Rusia sólo tiene un 29% de población vacunada -a pesar de que el país impulsa varias vacunas- así que parece inevitable tomar medidas impopulares. Más todavía cuando proliferan los rumores sobre los efectos secundarios de la vacuna, que en realidad no están documentados: "He oído que la gente mayor se siente peor al vacunarse, vienen a buscarlos en ambulancia pero se niegan a registrar su caso como reacción a la vacuna", explica Inna, secretaria, que no piensa vacunarse ni aunque sea 'de mentira'.

En Moscú el Ayuntamiento se está preparando para la cuarta ola. En una reunión en la oficina del alcalde celebrada hace dos semanas se habló de restricciones. Se baraja el paso de empresas al modo de trabajo remoto (no todos, pero sí hasta el 30% de los empleados). Volverían a imponer códigos QR para que acceder a cafés y cines esté sólo al alcance de los vacunados o los que puedan esgrimir una PCR negativa, igual que en verano. Dejar el ocio sólo para los vacunados inmunes tiene un coste electoral alto, pero el país no vota hasta 2024. El golpe lo asumirían los dueños de los locales, que ya este verano vieron apagarse su actividad porque no había suficientes inmunizados para que fuese rentable mantener abiertos bares y restaurantes. Sobre la mesa también está de nuevo el autoaislamiento obligatorio para jubilados y personas con enfermedades crónicas: las mismas medidas que el año pasado.

Konstantin, estudiante, se ha puesto la vacuna: quiere viajar al extranjero y algunos países empiezan a aceptar la vacuna rusa. "Yo no me fío de ningún papel falso, claro que a gente que conozco les ha hecho el certificado el propio médico tirando la vacuna delante de ellos, su certificado es tan 'legal' como el que yo tengo".

Las autoridades piden a los rusos que acudan a vacunarse y hasta organizan sorteos. Konstantin cree que será la necesidad de ir a bares o salir de vacaciones la que hará que los rusos den el paso de vacunarse. En algunos casos, de verdad. En otras, sólo sobre el papel. Echando una mano a la mediocre estadística que casi nadie se cree.

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