Vacuna Sputnik V: Putin, al rescate de Europa o la jugada electoral de Merkel

Vacuna Sputnik V: Putin, al rescate de Europa o la jugada electoral de Merkel

PAÍS PROTAGONISTA. Rusia. POBLACIÓN. 145 millones. DEBATE. ¿Está dispuesta la UE a caer en la estrategia rusa de la diplomacia de las vacunas, bajo la premisa de que salvar vidas está por encima de la geopolítica?

Ya puedo oír desde aquí las carcajadas del Kremlin". La frase es de un diplomático europeo asentado en Madrid. La pronunciaba esta semana, después de conocerse que Alemania iba en serio en su propósito de adquirir la vacuna rusa Sputnik V para inocularla en la población germana, animando a más países europeos (entre ellos, España) a sumarse a la iniciativa de hacer negocios sanitarios con el mismísimo Vladimir Putin.

Angela Merkel sufre una fuerte presión, pues si bien fue admirada internacionalmente por cómo había gestionado la primera ola de la pandemia, ahora recibe lacerantes críticas por su actuación ante el tercer embate. Con 83 millones de habitantes, la República Federal padece una media de 25.000 infecciones diarias y 300 muertos, las UCI están más llenas de lo deseado, los test escasean y la campaña de vacunación es similar a la española: lenta debido a las limitadas dosis y con el contratiempo surgido por los trombos y AstraZeneca. Demasiado para una líder con el músculo de la canciller.

De ahí que la pragmática científica criada en la extinta Alemania Oriental se haya visto obligada a actuar en las últimas horas, aunque sea echándose a los brazos de la potencia rusa, ésa misma a la que condena por cómo se anexionó Crimea en 2014 o por cómo acumula tropas en la frontera de Ucrania este mes de abril, sin olvidar, por supuesto, el envenenamiento del opositor ruso Alexei Navalny, acogido y curado en el reputado hospital La Charité de Berlín.

Pero, ¿realmente no podía esperar más el Gobierno alemán? ¿Tan mal se hallan la situación epidemiológica y la campaña de vacunación teutonas para ayudar a Rusia a hacer el papeleo que tiene pendiente con la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y, una vez lograda la aprobación, empezar a fabricarla en Baviera?

Las respuestas se despliegan como un abanico, pero si éste se cierra, hay una que abarca todo: elecciones el 26 de septiembre.

Pero vayamos por partes... De entrada, la reflexión más rápida e idealista es que Mamá Merkel sale una vez más al rescate de la Unión Europea. No va mal tirado, no es descabellado, para algo lleva más de tres lustros llevando las riendas y el destino del club europeo, pero en este caso parece pesar más lo doméstico. Merkel es una política, no lo olvidemos, pertenece y ensalza la democracia cristiana, su partido, la CDU, y éste se la juega en las urnas este mismo otoño.

Merkel necesita vacunas más que ningún otro líder europeo. No quiere acabar su reinado con una población mermada por la enfermedad, clamando ser inyectada. Odia convertirse en un pato cojo, un mandatario que se va quedando sin fuerzas ni poder en los meses finales de su mandato. Si hace falta, pide perdón públicamente -como hizo tras una decisión polémica en Semana Santa-, así como se zambulle en el juego de la diplomacia de las vacunas de Putin. Todo con tal de ejecutar, de demostrar que ella sí se mueve, que busca alternativas y soluciones, e intenta salvar vidas, sin importar la geopolítica. ¿Que la Unión Europea no va a comprar la Sputnik porque no hay consenso entre sus 27 miembros por negarse varios de ellos al tener un oscuro pasado con la antigua URSS? Pues Merkel no espera más y va por su cuenta.

¡Ay cómo lo criticábamos de los húngaros o eslovacos y ay cómo ahora aplaudimos que un líder haga lo que sea por sus ciudadanos! Aunque luego no haya suficientes dosis de la Sputnik o ya no sea necesario por la llegada de la prometida lluvia de viales de Moderna, Johnson & Johnson y Pfizer/BioNTech.

Todo puede acontecer. El mundo pandémico gira en una espiral vertiginosa que requiere mucha cintura y reflejos de los jefes de Gobierno. En Eslovaquia, el primer ministro cayó por negociar en secreto con Rusia la compra de Sputnik. Aun así, la vacuna ha llegado a Bratislava y se prestaba a inyectar a la población cuando el instituto estatal encargado de revisarla se dio cuenta de que la carga de Sputnik recibida presentaba características y propiedades diferentes a las analizadas con éxito por la prestigiosa revista The Lancet. "Fake news" ("noticias falsas"), han respondido desde Rusia a los eslovacos, según The New York Times.

¿Y si ocurre algo similar a los países que están dispuestos a acoger la Sputnik como su última tabla de salvación? Para entonces ya deberíamos tener hasta la vacuna de Johnson & Johnson... o no, porque, en otro sorprendente giro de la actualidad, esta farmacéutica estadounidense acaba de perder el 86% de su producción inminente tras descubrir fallos de control de calidad en una de sus plantas de fabricación en Baltimore. "Es lo último que queríamos escuchar"; "es terrible, la clave para ganar al Covid es suministro, suministro y suministro", han apuntado varios gobernadores de EEUU.

Ergo, malos y convulsos tiempos para ser un líder en cualquier rincón del planeta, pero también los mejores para demostrar que se está a la altura y que la política es el mejor arte para ayudar y servir a los demás.

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