Uruguay y Argentina

Uruguay y Argentina

La historia y el futuro de los dos países del Plata está indisolublemente unidos. Difícilmente se encuentren en el mundo dos países más parecidos, lo que es reconocido por los ciudadanos de ambos, que asumen que en el estado vecino se sienten como en casa.

No es solo el idioma lo que nos une, son acentos y formas, guiños y bromas, televisión y turismo, tango y dulce de leche, en definitiva, una idiosincrasia que tiene mucho de común.

El afecto profundo entre ambos pueblos, más allá de las bromas superficiales y los estereotipos de los menos edificante de ambas tierras, está fuera de toda duda. Digámoslo desde nuestro lado para no comprometer a nuestros hermanos allende el Plata; nos alegran sus logros, nos duelen sus derrotas, los acogemos con gusto cuando las circunstancias políticas o económicas les son adversas desde antes de nuestras respectivas independencias y sabemos que el recíproco sería pronunciado sin problema, por los argentinos.

La actual coyuntura política marca claros contrastes entre las dos naciones, como en tantas etapas de nuestra historia. En este caso, como otras veces ocurrió al revés, en la Argentina se encuentra un gobierno que genera incentivos perversos para al afincamiento de inversiones o de cualquier proceso productivo, mientras en el Uruguay se procura alentar al inversor nacional y atraer al extranjero. Sobran ejemplos de estas últimas semanas, sin ir más lejos, para comprobar el aserto.

Por un lado, el manejo de la crisis sanitaria desatada por el coronavirus mostró a dichos gobiernos aplicando estrategias muy diferentes. Mientras que Argentina adoptó una estrategia de cuarentena obligatoria, Uruguay recomendó la permanencia en sus hogares a quienes pudieran hacerlo y apeló a la libertad responsable. Es cierto que en Uruguay se suspendieron las clases, espectáculos públicos y se evitó toda forma de aglomeración de personas, pero Argentina optó por convertir su estrategia en una obligación cuya violación acarreaba consecuencias legales, que han tensionado severamente a su sistema judicial en estos últimos dos meses en forma difícil de concebir y de entender.

La estrategia decidida por el gobierno uruguayo hoy es reconocida a nivel internacional, mientras la del gobierno argentino es severamente cuestionada. Los resultados sanitarios respaldan las decisiones tomadas de este lado del Plata, las del otro no han convencido, siguen prorrogándose y la epidemia parece estar expandiéndose en algunas regiones. Pero quizá la principal diferencia estribe en las medidas tomadas en términos económicos, por lo que vale la pena detenerse en esta dimensión del problema.

La disyuntiva del gobierno argentino fue planteada como de oposición entre salud y economía, mientras que la del gobierno uruguayo fue de medidas importantes para la contención sanitaria al comienzo de la epidemia, pero apelando a la necesidad de mantener los motores de la economía prendidos. El impacto económico y social en ambos países será muy importante, como en todos los del mundo, pero en las estrategias asumidas se marcará una diferencia.

El impacto económico y social en ambos países será muy importante, como en todos los del mundo, pero en las estrategias asumidas se marcará una diferencia.
Más allá de las medidas directamente relacionadas con la pandemia, existen otras que tienen que ver con las opciones de política económica, aquellas que ciertamente se hubieran tomado, de una u otra forma, en cualquier escenario. La aplicación de un cepo cambiario, que en la vecina orilla tomó el nombre al comienzo de cepo soft, luego cepo hard, le siguió el supercepo y ahora se le denomina ultracepo, es la demostración de un signo dirigista en la política económica por demás notorio. Si a eso se le suma la estrategia poco amigable de renegociación de la deuda pública, su fracaso y el default de hecho en que se ingresó, se verifica una estrategia kirchnerista inconfundible.

En los últimos días, sin embargo, el debate en Argentina se centró en el caso de la empresa agropecuaria Vicentín, que fue intervenida y pretende el gobierno expropiarla. Esta medida, que ya excede incluso lo realizado en sus peores tiempos por el kirchnerismo de Néstor y Cristina, demuestra un avance difícil de calificar y de efectos difíciles de cuantificar sobre la propiedad privada y los derechos de las personas.

Mientras tanto, en Uruguay se mejoraron las condiciones para atraer inversiones y se llama a que puedan arribar sin temores, con respeto a las reglas de juego y una mirada favorable de parte del gobierno.

El contraste no podría ser mayor y pautará el desenvolvimiento de ambas economías en el mediano y largo plazo con consecuencias profundas.

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