Uruguay. La llegada de capital extranjero no desplazó la inversión local

Uruguay. La llegada de capital extranjero no desplazó la inversión local

17/09 - "Los vamos a esperar con los brazos abiertos porque Uruguay los necesita, los quiere", dijo el presidente Luis Lacalle Pou en una de las varias entrevistas que en julio concedió a medios de comunicación argentinos.

La atracción de extranjeros que vengan a residir y de inversiones en general es una prioridad de su gobierno, también expresada en el mensaje que envió al Parlamento junto con el proyecto de ley de Presupuesto: de la mano de más inversión se crearían nuevos empleos.

Según alega allí el Poder Ejecutivo, ―para alcanzar mayores tasas de crecimiento es indispensable mejorar la tasa de inversión en la economía‖. Y añade que los períodos recientes de expansión ―a buen ritmo‖ que vivió Uruguay coincidieron con niveles de inversión privada por encima del 16% del Producto Bruto Interno (PBI), ―mientras que su caída en el último quinquenio explica el posterior ―enlentecimiento‖ y ―virtual estancamiento‖ económico de 2019.

Parte de la inversión privada es de origen extranjero. Un estudio elaborado por investigadores del Departamento de Economía (Decon) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República identificó como un beneficio directo que a la recepción de inversión foránea en Uruguay en las últimas décadas (1970-2017) se asoció una mayor formación bruta de capital —como en general ocurrió en la región— y, además, que tuvo un efecto indirecto ―neutral‖, sin ocasionar ―sustitución‖ o ―desplazamiento‖ de la inversión doméstica, como pasó en Brasil, México, Argentina, Colombia, Bolivia, Chile y Ecuador.

Refiriéndose a esas constataciones en general, los autores —Gustavo Bittencourt, Nicolás Reig y Cecilia Rodríguez— señalan que ―esta evidencia sugiere que mayor entrada de inversión extranjera directa (IED) no asegura efectos positivos en el canal de inversión. No necesariamente existen beneficios automáticos por mayor entrada de IED y más actividades de las empresas trasnacionales en las economías receptoras, porque, aunque tal presencia implique ampliación de capital por sí misma, debe también generar impactos positivos (o no negativos) sobre las empresas domésticas a efectos de que aumente la dotación de capital total respecto a lo que resultaría de la dinámica económica en su ausencia‖.

En ese sentido, resaltan la importancia que pueden tener las ―políticas industriales activas‖, en particular hacia el capital extranjero, en la medida que, ―dentro de ciertos márgenes y según las especificidades de los países, contribuyan a disminuir los efectos negativos sobre las empresas domésticas y potenciar los efectos positivos de la IED‖.
La expectativa de las autoridades económicas es que, después de una caída este año, la inversión privada repunte en 2021. En parte, eso sería el resultado de condiciones más favorables que el gobierno busca ofrecer.

El mensaje del Poder Ejecutivo reseña al respecto que ―el deterioro de la competitividad, la rentabilidad de las empresas y su consecuente impacto en el mercado de trabajo son problemas que se han acentuado en el último quinquenio particularmente. Para mejorar la competitividad, Uruguay debe transitar hacia un tipo de cambio real más alineado con su equilibrio, mejorar las regulaciones sectoriales, lograr reducir las tarifas públicas, disminuir los tiempos y los costos de la burocracia, desarrollar un plan de infraestructura que baje costos y reduzca tiempos y alcanzar logros concretos en materia de inserción internacional comercial que pongan a nuestros exportadores en igualdad de condiciones frente a sus competidores de otros países. Agrega: ―Esta visión global de la competitividad, que incluye pero no se limita al tipo de cambio, conlleva una agenda de reformas que está en marcha y que aspira a lograr aumentar el producto potencial de nuestro país en el mediano plazo, con efectos reales desde el presente año.

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