Uruguay hace bien su parte, pero sin coordinación regional para enfrentar al Covid-19 “vamos al desastre”, opinó virólogo brasileño

Uruguay hace bien su parte, pero sin coordinación regional para enfrentar al Covid-19 “vamos al desastre”, opinó virólogo brasileño

Un vecino en problemas es más que preocupante para Uruguay. El gobierno brasileño anunció este martes que el país superó las 5.000 muertes por Covid-19 (más que lo registrado en China) y que llegó a los 474 muertos en solo un día. Mientras, su presidente, Jair Bolsonaro, se muestra escéptico respecto a poder hacer algo para revertir la situación tras semanas de polémicas declaraciones en las que ha criticado medidas como la cuarentena y tras destituir al ministro de Salud (Luiz Henrique Mandetta), que sí las defendía.

El virólogo Eduardo Volotão trabajó en salud pública en Brasil y ahora lo hace en la prestigiosa institución de investigación Fundação Oswaldo Cruz en Río de Janeiro (conocida como Fiocruz), en los últimos meses mayormente a distancia, ya que está en Uruguay. A la distancia, analiza la realidad de su país y le preocupa, y mientras, ve la uruguaya y se alegra. Pero en virología las fronteras son nada, no más que límites en papel o imaginarias divisiones que los virus no conocen ni respetan. Por eso, todo esfuerzo del país puede irse por la borda si no existe una coordinación de políticas regionales de salud, algo que no esta ocurriendo, lamentó Volotão en entrevista con Búsqueda.

En la declaración conjunta de los presidentes del Mercosur, que acordaron medidas contra el coronavirus, predomina lo comercial. Volotão ve como “positivo” que haya intención de cooperar, pero opina que “falta considerar la salud y la cooperación científica” con mayor énfasis.

Hace poco más de un mes trabaja en el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) y está encargado de coordinar los esfuerzos de colaboración de ese centro de investigación para enfrentar al Covid-19. Allí los científicos están abocados a participar de soluciones para el país frente a la pandemia en tres áreas principales: equipos, reactivos y personal calificado. Los investigadores participan en la realización de test de diagnóstico para Covid-19, en la línea de trabajo de genómica y también en el grupo de datos que integran un gran número de instituciones coordinadas por el científico Rafael Radi, y que estudian el impacto en la comunidad.

Volotão cree en la posibilidad “bastante optimista” de que esté instalada una vacuna recién en un año y que antes llegue algún tratamiento.

A continuación, un resumen de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.

—¿Cuáles son los desafíos del Covid-19 que no se vieron en otras pandemias?

—Todo lo que pase en desarrollo de tratamientos y vacunas lleva un tiempo bastante complicado, pero la pandemia ya está, no tenemos tiempo. Por eso la respuesta buena del aislamiento. Su capacidad de contagio es muy grande.

—También se discute sobre dinero y patentes previo a la aparición de vacunas y tratamientos.

—La plata va a quedar en quien produzca la vacuna sobre todo. Los laboratorios de investigación no tienen capacidad de producción mundial. Una empresa que encuentre la vacuna después necesita producir la vacuna en cantidad para toda la población mundial. Entonces probablemente habrá muchos contratos de producción con otras empresas, como pasó con el diagnóstico. El primero en desarrollarlo fue el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (conocido como CDC, por sus siglas en inglés) y luego lo liberaron para todos los principales productores de insumos tecnológicos, para que puedan producir rápido y poder llegar a todos.

—Se democratiza por interés de salud pública.

—Es fundamental. En esto las instituciones de salud pública mundial (Organización Mundial de la Salud) lo tienen como base: encontrar una solución que sea compatible con la necesidad.

—¿Qué ve mejor encaminado, los tratamientos o la vacunación?

—No consigo ver separación. Tenemos que hacer los dos al mismo tiempo, y eso es lo más complicado.

No podemos esperar mucho una vacuna porque si los casos explotan los tratamientos no funcionan (porque no daría abasto el sistema de salud para aplicarlos). Tenemos que mantener un nivel de contaminación por debajo de la capacidad de tratamiento. Eso por un lado, y por otro acelerar la búsqueda de una vacuna, que ya está acelerada. Tenemos más de 150 vacunas en prueba, y algunas ya están en pruebas en humanos. Hay un equipo de investigadores de la Universidad de Berna (Suiza) que espera ser el primero en producir una vacuna contra Covid-19 e inocular a toda la población suiza en octubre. Estaba en fase 1 de pruebas en humanos. Esperamos que sí. Y la otra es de Novavax, en Estados Unidos, que está cerca de empezar la fase 1.

El laboratorio que consiga la vacuna, más que la plata, se va a llevar años de notoriedad que le permitirán trabajar como nunca trabajó en la vida.

Ya se adelantaron algunas fases de vacunación de prueba porque son procesos ya desarrollados, con algunos cambios para este virus pero no tan complicados. Lo que importa saber es si estos funcionan bien y con seguridad. Si después desarrollan respuesta inmunológica y es protectora, bueno, espectacular. Tienen que estudiar: ¿funciona para los ancianos?, ¿los niños?, ¿las embarazadas? Entonces, hay que comenzar a buscar todas las posibilidades, y eso lleva tiempo.

Antes de seis meses es muy difícil que algo se pase de forma tan fácil. Creo en la posibilidad bastante optimista de la mitad del año que viene para que esté más establecida.

—Si no hay resultados de vacunación difundida hasta mediados de 2021, ¿eso implica que el aislamiento en algún grado va a durar hasta ese momento?

—Vamos a tener que seguir de alguna forma, no vamos a conseguir proteger a la población por tanto tiempo. Imaginar el turismo así y que las escuelas no abran… Antes de eso espero que ya tengamos tratamientos muchísimo más direccionados. Si podemos testear masivamente a la población, eso es lo más fácil. Los países que solucionaron eso de forma adecuada fueron testeando masivamente para saber dónde están los casos y quién tiene que aislarse.

—Entonces el aislamiento podría mantenerse por un año más en algún grado. Esto es lo que dice el gobierno uruguayo cuando mencionan la “nueva normalidad” y el inevitable hecho de que cuando le gente empiece a salir se va a ir enfermando…

—Sí, eso es lo que debe pasar si no conseguimos un tratamiento más efectivo.

—Entiendo que entonces los tratamientos serían, en términos de tiempos, los primeros en llegar, antes que las vacunas.

—Sí, porque lo que se está direccionando en todo el mundo es buscar medicamentos que estén validados desde el punto de vista de la seguridad humana y que puedan tener una aplicación directa a Covid-19. Eso es más fácil, se prueban todas las moléculas que existen y tengan la capacidad de inhibir la producción del virus. Es un reposicionamiento de fármacos que se han utilizado para otro virus, bacterias u otro tipo de tratamiento, y buscan ahora si tienen acción directa para esta enfermedad. Es más fácil. Algunos ya se mostraron, pero después los estudios en fase clínica no los encontraron tan buenos. Todavía no tenemos un fármaco que sea el más prometedor.

—¿Cómo se balancean hoy los pesos de la academia, la política pública y el sector privado de la industria farmacéutica?

—Todos tienen que estar coordinados, trabajando juntos. El peso es gigante para los tres, y los tres están muy presionados.

Eso es lo que está bueno en Uruguay, vemos eso con el Instituto Pasteur, ATGen y el Ministerio de Salud Pública, que intentan llegar a una solución única. Los privados tienen que estar.

—¿Cómo ve la forma en que están encarando dos países vecinos, Uruguay y Brasil, este problema? Esta semana surgieron casos positivos en la frontera, en Santana do Livramento, donde el pasaje de población de un lado al otro es permanente.

—Lo más importante que pasó en Uruguay fue que todo el pueblo, desde el gobierno, la academia hasta la sociedad toda, le dio importancia al tema.

Me llamó la atención el entendimiento del problema. Sucedió de forma mucho más rápida que en países como Brasil o incluso Italia, España o Estados Unidos. Estos países llevaron su tiempo para entender cómo era el tema y que el problema es en serio muy grave.

Uruguay también desarrolló mucho más rápido medidas. Claro, tuvo la suerte de mirar lo que estaba pasando en Italia, pero Estados Unidos y Brasil también tuvieron la chance. Si no estamos coordinados vamos al desastre. Es un tema complicado porque no importa si nosotros (en Uruguay) hacemos bien nuestra parte, si los otros no lo hacen, después vamos a estar sufriendo lo mismo, por eso la necesidad real de una vacuna eficiente, no solo de un remedio.

—La vacunación es la única solución de fondo para la pandemia.

—Sí, es así.

—¿Por qué el hecho de que Uruguay haga bien las cosas se arruina en un minuto con un vecino que no lo hace? En dos semanas vuelve el problema…

—Exactamente. Pero la OMS está pidiendo un entendimiento mundial al momento de abrir. Los gobiernos tienen que estar involucrados, discutiendo los temas en conjunto, discutiendo una estrategia, la mejor posible para todos.

—Pero hoy en la política internacional no hay tal voluntad de consenso… Tampoco hay un paquete de medidas de salud acordadas a escala regional.

—Esto es lo que más preocupa. Brasil me preocupa muchísimo. La genómica mostró que, a Uruguay, el Covid-19 vino de varios lugares.

Es triste. Es un tema más político que económico. La Segunda Guerra Mundial es de lo más próximo que vivimos por el impacto, por el reordenamiento del comercio, de personas y países. Seguramente las relaciones entre países van a estar comprometidas. Para nosotros muestra nuestra dependencia a muchos mercados. La dependencia de tecnología la tenemos que discutir.

—Queda en evidencia cuando no llegan insumos al país porque otros países lo necesitan en pandemia y son ellos quienes los producen.

—Exactamente. Muestra cuán importante es la inversión en ciencia y tecnología y contar con una política nacional para eso. Si no, tenemos que esperar a que llegue. Brasil produce aviones pero no respiradores, y hoy faltan hisopos y mascarillas.

—Se comienza a hablar en el mundo de los test de inmunidad, para detectar si una persona que cursó la enfermedad es inmune a ella luego. Esto está revelando que en la población hay personas con inmunidad que no sabían que tuvieron el Covid-19, probablemente asintomáticos. ¿Cuál es su opinión sobre la incipiente iniciativa de hacer desarrollos nacionales en torno a los test de inmunidad y su aplicación en Uruguay?

—El IIBCE todavía no participa de la colaboración nacional respecto a los test de inmunidad. Estamos direccionando los proyectos a corto plazo y esto (el desarrollo de test de inmunidad) sería de mediano a largo plazo. Serán importantes de verdad cuando venga una vacuna. Veo a los test de inmunidad como una cosa necesaria pero que se trabaja con un plazo mayor.

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