Uruguay es un “importante socio” de Estados Unidos en la región y “se beneficiará enormemente” con la nueva agenda del BID

Uruguay es un “importante socio” de Estados Unidos en la región y “se beneficiará enormemente” con la nueva agenda del BID

10/09 - El candidato a presidente del banco y asesor de la Casa Blanca, Mauricio Claver-Carone, dice que Trump fomenta una ―visión moderna del panamericanismo y que su país quiere llenar el ―vacío que dejó por años y que provocó el acercamiento de Latinoamérica a China. Entrevista

La propuesta presentada por el gobierno de Estados Unidos para que uno de sus asesores presida el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) provocó un movimiento de resistencia casi inmediata. Su designación implicaría romper con una tradición según la cual el titular de esa institución financiera no es un norteamericano, advirtieron expresidentes y unos pocos gobiernos latinoamericanos. Y sin embargo la suerte parece estar echada.

Argentina lidera un movimiento que busca forzar una postergación de la votación que tendrá lugar el próximo sábado y domingo. Aunque parece destinado al fracaso. ―El candidato americano parece que tiene quórum y los números para ganar, lamentó el martes 8 el canciller Felipe Solá durante una entrevista con Radio El Destape. Su plan era postergar la votación hasta después del 3 de noviembre, día en el que Trump competirá por la reelección con el demócrata Joe Biden.

Así, el camino luce despejado para que el norteamericano Mauricio Claver-Carone, asesor especial de Trump y director principal para Asuntos del Hemisferio Occidental, asuma la presidencia del BID. ―La nuestra es la única propuesta para crear cohesión y movilización de recursos para recuperar y empujar el crecimiento de la economía de la región, declaró a Búsqueda el candidato, que cuenta con el respaldo del gobierno uruguayo.

En una conversación telefónica de una hora, Claver-Carone detalló algunos objetivos de su gestión si se concreta su designación. Destacó que su agenda para el BID permitirá a Uruguay ―beneficiarse‖ y que quiere trabajar con el gobierno de Luis Lacalle Pou, un presidente ―que prioriza la creación de empleos y el crecimiento económico.

—Quedan pocos días para que llegue la elección a presidente del BID. ¿Cree que finalmente se llevará a cabo?

—Bueno, la elección tiene que llevarse a cabo, obviamente. Si no, el banco queda en un limbo, queda sin liderazgo, queda sin plan de trabajo, queda sin un plan de movilización de recursos y, en consecuencia, entonces queda la región también en un limbo. Dos terceras partes de los países de la región se han expresado a favor de que la elección ocurra como se acordó el 9 de julio. Y le recuerdo que el 9 de julio, unánimemente, todos los miembros del BID acordaron que la elección debía ser el 12 y 13 de setiembre. Las condiciones existen para llevar a cabo la elección. A veces se habla de las tácticas estas del quórum y etcétera, y eso no es una resolución ni es una propuesta, eso simplemente es una táctica temporal subversiva. Nunca en la historia del BID se ha usado la táctica del quorum porque, al fin y al cabo, sería subvertir un proceso democrático.

—El canciller argentino Felipe Solá declaró este martes en un programa radial de El Destape que parecería ser que Estados Unidos tiene sellada su victoria.

—Cualquier esfuerzo para poder postergar la elección, usando cualquier tipo de táctica, sería esencialmente una minoría subvirtiendo la voluntad de la mayoría. Hemos presentado una agenda muy clara, una agenda positiva para ayudar a la región en este momento de crisis y de necesidad de recuperación. Es un llamado que han hecho varios gobiernos, incluyendo el español, pero nadie había sacado una propuesta. La nuestra es la única propuesta para crear cohesión y movilización de recursos para recuperar y empujar el crecimiento de la economía de la región.

—¿Cuál es esa agenda?

—Lo que nosotros hemos propuesto es una agenda con cinco puntos. El primero es crear un banco con más relevancia financiera, especialmente en estos momentos en que la región tiene el margen más bajo de financiamiento en su historia. Las oportunidades que existían anteriormente, con los préstamos de los bancos chinos, han bajado drásticamente. Así que hay un vacío enorme en cuestión de financiamiento en la región. La visión de Estados Unidos es que quien tiene que llenar ese vacío es el BID, por eso queremos que sea una institución financieramente más relevante, para cumplir con las necesidades de la región.

El segundo punto es que sea una entidad con más eficacia en su gobernanza. Para países pequeños, usualmente, el plazo para préstamos del BID tarda en promedio siete a ocho meses, a veces hasta 10 meses. Eso un país grande como Argentina, México o Brasil lo pueden sostener, pero para un pequeño país eso es francamente desastroso.

Tercero, más transparencia en el liderazgo. Lo que verdaderamente busco es regresarle el poder a la Junta Directiva y a la Junta de Gobernadores. También nos hemos propuesto una presidencia de un término, de cinco años, y que pudiéramos institucionalizar dos términos como máximo. Los países democráticos tienen términos de gobierno para evitar presidencias de 15 o 20 años, como sucedió en el BID, porque se van olvidando para quiénes trabajan.

La cuarta sería reforzar la calificación triple A del BID. Creo que en estos momentos muchos países han ido bajando su calidad crediticia soberana, doméstica, eso obviamente le crea presión a la cartera del BID.

El quinto punto sería la movilización de recursos privados y la cohesión entre las instituciones financieras internacionales y las instituciones domésticas de financiamiento del desarrollo. Uno de los errores más grande que hizo Estados Unidos en 2015, cometido por republicanos y demócratas, fue no haber inyectado capital a BID Invest cuando se formó. Creo que BID Invest tiene tremendo potencial, podría ser un arma para inversiones y la generación de empleos, que, al fin y al cabo, es la proa de mi candidatura. En Estados Unidos, nuestra Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC, por sus siglas en inglés) por cada dólar que presta moviliza cuatro dólares del sector privado. BID Invest actualmente solo moviliza 40 centavos. Imaginémonos el impacto que podría tener si pudiéramos incrementar más sustancialmente esa movilización de fondos. Eso lo podemos hacer.

—Pese a las críticas que despertó en Uruguay, el gobierno de Luis Lacalle Pou fue uno de los primeros en respaldar su candidatura. ¿Qué ventajas puede tener el país?

—La única crítica que hemos recibido, a pesar de lo que hemos presentado, es a nuestra nacionalidad.

Nadie ha criticado la agenda. Uruguay es un país que siempre, a pesar de ser pequeño, ha tenido un liderazgo en la diplomacia regional y un liderazgo en el propio BID. Enrique Iglesias es una leyenda, diría que es uno de los mejores presidentes, si no el mejor presidente, que ha tenido el BID.

Uruguay se beneficiaría enormemente de nuestra agenda, porque la entiende. Al fin y al cabo, si movilizamos más fondos, le crea más espacio a Uruguay. Las inversiones en Uruguay son sumamente importantes. El presidente Lacalle ha sido muy claro, el crecimiento económico ha sido una prioridad para él. Ha buscado inversiones en Argentina, les ha dicho que vengan a Uruguay. Nosotros quisiéramos ayudar para atraer inversión no solo de la región, sino del mundo; Uruguay es un país muy atractivo por muchas razones para la inversión extranjera. Y el impacto de la inversión extranjera para un país pequeño puede ser enorme. Nosotros queremos trabajar particularmente con un presidente que prioriza la creación de empleos y el crecimiento económico del país. Y que crea las condiciones para hacerlo, porque nosotros podemos hacer la venta a corto plazo para empresas norteamericanas, del resto del mundo, que quieran invertir en proyectos en Uruguay, pero, obviamente, el gobierno es el que tiene que generar las condiciones a largo plazo. Así que creo que Uruguay está superbién situado para poder beneficiarse de la agenda que hemos propuesto de desarrollo, crecimiento económico y creación de empleo.

—Hay un alineamiento del gobierno de Lacalle Pou con la administración Trump.

—Creo que, más que eso, es una sintonía a favor de la democracia, de los libres mercados, de los derechos humanos, del crecimiento económico, de la creación de empleos, de valores compartidos que tenemos y, obviamente, para nosotros Uruguay es un importante socio, un importante aliado porque compartimos esos valores. Afortunadamente, con la excepción de dos o tres países, es una región que en estos momentos comparte esos valores que acabo de decir.

—Usted ha planteado en parte de su campaña, y en sintonía con la administración Trump, que es necesario reducir la influencia de China en la región. ¿Eso se logra con un BID más activo solamente? ¿O se necesita también un Estados Unidos más activo?

—No he dicho ni voy a decir ―China es malo por esto‖; hay que decir ―esto es bueno por esto‖. Creo que la región sabe y la región quiere que Estados Unidos se involucre más, que tenga un mayor compromiso. Somos el socio preferencial de la región porque compartimos culturas, historias, valores, todo lo que hablamos antes. No es cuestión de competencia porque, al fin y al cabo, no hay competencia entre los Estados Unidos y China en la región. Nosotros tenemos 1 trillón de dólares invertidos por empresas norteamericanas. ¡1 trillón invertido en la región! ¡1 trillón! China lo que tiene son más de 100 millones de dólares, así que, en ese sentido, no es competencia.

Adonde China sí ha usado una herramienta para poder influir, pero con ataduras, ha sido en el tema financiamiento. Y ahí China tiene sus bancos estatales, que ellos controlan; entonces, ellos usan sus bancos estatales para poder influir políticamente, porque así es el sistema de ellos. Estados Unidos no tiene bancos estatales, no funcionamos así. Lo que nosotros podemos hacer es estimular, incentivar al sector financiero privado de Estados Unidos, que es muchísimo más grande que los bancos estatales chinos, pero que, desafortunadamente, siempre ha habido muchas trabas para que ellos inviertan en la región. Aunque tengamos invertido 1 trillón de dólares, hay espacio para invertir muchísimo más, particularmente los inversores institucionales aquí en Estados Unidos. El proyecto del gobierno América Crece viene de intentar sobrepasar los obstáculos que han existido y que existen —aunque estamos mejorando— para el financiamiento por parte de inversores institucionales de Estados Unidos para proyectos, en particular, de energía e infraestructura en la región.

Ahora, el BID también puede ser una institución muy poderosa, como le dije, para poder ayudar con las necesidades de financiamiento que tienen los países. Creo que no hay país en la región que si le dan la opción de un préstamo, de ser prestatario del BID o ser prestatario de la China, no preferiría el BID. ¿No? Pero para que eso funcione el BID tiene que ser un BID reforzado, un BID que pueda cumplir con las necesidades financieras de la región. Esto no es una candidatura en contra de la China, es para poder cumplir con las necesidades que existen en la región y para que el BID sea la mejor opción.

—Para el gobierno de Estados Unidos, China es un rival, al punto que el secretario de Estado, Mike Pompeo, dijo que el Partido Comunista de ese país era la ―principal amenaza. Desde el BID usted no apuesta a esa confrontación, pero hoy sigue siendo miembro de la administración Trump.

—Pero son dos temas diferentes. Estamos hablando del tema del financiamiento y de la influencia económica. Ahora, la preocupación mayor que tiene el gobierno de Estados Unidos es una preocupación muy real sobre el tema China —y le estoy hablando como un funcionario del gobierno norteamericano—. Es el tema de la involucración de China, en particular, en los sistemas de telecomunicaciones no solo en la región, sino también en Estados Unidos. Nosotros hemos aprendido mucho de inversiones de compañías chinas en sectores de telecomunicaciones que han puesto en peligro la privacidad de los ciudadanos. Lo hemos visto de primera mano y hemos ido tomando medidas para proteger a nuestros ciudadanos. Hemos recalcado muy claramente que los países de la región deberían tener cuidado, particularmente en el sector de las telecomunicaciones, con el gobierno chino, porque estas inversiones no son de compañías privadas, sino que son de compañías controladas por el Estado chino que exponen la privacidad de los ciudadanos. No es una preocupación solo de Estados Unidos, pero debería ser una preocupación de cada país para proteger a sus propios ciudadanos.

—China tiene un ambicioso proyecto llamado The Belt and The Road y Uruguay fue el primer país de Sudamérica que adhirió al plan. ¿Debería revisar su decisión?

—Creo que los resultados hablan por sí mismos, ¿no? Creo que no le ha traído ningún tipo de beneficio a Uruguay. Creo que mundialmente el proyecto es muy retórico, pero no en la ejecución. Hay distintas realidades, pero hemos visto que hasta los préstamos chinos han bajado dramáticamente, de 35.000 millones a nada más que 1.000 millones el año pasado. Obviamente, China tiene sus propios problemas económicos y sus propias necesidades económicas. Creo que la ambición global, hasta cierto punto, esa estrategia ha cambiado en el último año en particular. Y en el pasado países han buscado la ayuda de la China por la necesidad que ha existido en financiamiento, en inversión, etcétera. Así que, como fue tu pregunta anteriormente, nosotros no buscamos competir con la China, buscamos poder proveer a la región de lo que necesita para que no tenga que ir extracontinentalmente a sitios tan lejos y menos compatibles, para poder cumplir con sus necesidades financieras, de inversión, etcétera.

Quiero aclarar algo más. La región no se acercó a la China, al fin y al cabo, porque la vio como la mejor opción, como la opción más atractiva, sea económica o políticamente, lo hizo por necesidad de hacer crecer sus economías, por necesidad de financiamiento, por necesidad de mercados de exportación. Y esa necesidad se creó por un vacío que existió particularmente en los últimos 10 o 15 años.

Ese vacío hay que corregirlo, y es lo que buscamos en el espacio financiero, por vía del BID, y Estados Unidos tiene que hacer su parte y ya lo está haciendo con América Crece y el programa Regreso a las Américas.

—China se convirtió en el principal socio comercial de Uruguay, por ejemplo.

—Claro, por necesidad. Por necesidad de inversión o por necesidad de mercado. Adonde puede ayudar el BID es en la cuestión de inversión y de financiamiento. Y así aprovechar el momento actual donde el sector privado, las compañías norteamericanas y de otras partes del mundo están buscando realinearse debido a la crisis que se vivió. Eso, entonces, va a traer otros mercados para Uruguay.

—Uruguay está en conversaciones con Google para que invierta en infraestructura y hay interés de lograr que Amazon también lo haga. ¿El BID podría colaborar en esos temas?

—Muchísimo. El BID debería ser vendedor, aportador y socio de esos proyectos de inversión en Uruguay. Particularmente BID Invest, el brazo privado. Si podemos crecer BID Invest y movilizar más recursos, podría ser un instrumento más poderoso para ese tipo de inversiones.

—¿Qué podría sucederle a su presidencia del BID si no gana Trump?

—Nada. Hay una larga tradición en Estados Unidos de que el resultado de las elecciones domésticas no afecta las elecciones en organizaciones internacionales. Tengo una larga trayectoria bipartidista. Hice un compromiso con el senador Menéndez, que es el senador demócrata más importante para Latinoamérica, a no involucrarme en la política partidista, particularmente en las elecciones. Gane quien gane y sea como sea, hemos elaborado un plan de trabajo para el futuro, para poder ayudar al BID, algo que no había pasado ni con republicanos ni con demócratas.

—Las críticas que recibe de quienes se oponen a su candidatura parecen dirigidas más hacia Trump que hacia su candidatura específica. ¿El problema es más con Trump que con usted?

—No sé por qué. Porque he llevado una política para poder arrimarnos más a nuestros vecinos. No solamente le hemos prestado más atención de lo que administraciones republicanas y demócratas anteriormente le habían prestado a la región. Hemos creado programas muy importantes, no solo a favor del crecimiento económico como América Crece.

En la crisis actual de la pandemia, casi la mitad de la ayuda que hemos dado en los países del mundo, sea de ventiladores o equipos de protección, ha sido para la región. Nuestro tratado de libre comercio y la relación con México, que es histórica. Creamos el nuevo DFC, gracias al que ya tenemos casi 12.000 millones comprometidos a la región para inversiones que, con un multiplicador de tres o cuatro, significaría 36.000 o 48.000 millones; son números y apoyos históricos. El presidente Trump siempre ha tenido una visión de que a él no le gustan las guerras, los conflictos en esos sitios muy lejanos, como Afganistán o Irak. Siempre nos ha dicho ―tanto dinero, tanto esfuerzo que se dedica a sitios tan lejos y no trabajamos y no cooperamos tanto en el vecindario en donde vivimos‖. Sacamos el marco estratégico para el hemisferio occidental, la primera política comprensiva que viene de la Casa Blanca para todas las agencias del gobierno norteamericano en los últimos 15 años.

Justamente, el presidente ha querido regresar la atención a la región y priorizarla. Y, francamente, nuestra candidatura al BID es un compromiso histórico de los Estados Unidos hacia el BID y para el crecimiento en la región. La mayor crítica que ha habido en el pasado es que a Estados Unidos el BID no le importaba lo suficiente. Y ahora es como si importara demasiado. ¡Uno nunca sale ganando! Es un compromiso histórico que tenemos con la región. El programa América Crece surgió cuando yo estaba en el Tesoro, cuando la de Estados Unidos era la economía más dinámica del mundo. La inspiración, el motivador de América Crece es que si nosotros estábamos creciendo, que la región, que América, que nuestros vecinos debían crecer con nosotros. Es como una visión moderna del panamericanismo en ese sentido. A veces las cosas se tergiversan, pero esa ha sido la realidad.

La “visión” compartida con Almagro permitirá al BID y a la OEA ser un “buen complemento”.

—Como asesor especial del presidente Donald Trump y director principal para Asuntos del Hemisferio Occidental en Consejo de Seguridad Nacional, usted tuvo un papel importante en el esfuerzo de Estados Unidos para conseguir la reelección de Luis Almagro como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA). Ahora es candidato a dirigir el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lo que rompe una tradición histórica de que el presidente de esa institución no sea estadounidense. Parece difícil no asociar esos dos movimientos. ¿Es una lectura correcta?

—El gobierno de los Estados Unidos apoyó la reelección de Luis Almagro y lo apoyó debido al compromiso y a su trayectoria a favor de la democracia, de la transparencia, los derechos humanos. Compartimos esa visión. Y también diría que compartimos la visión de libres mercados y de crecimiento económico y desarrollo. Eso es un buen complemento.

—¿En caso de llegar a la presidencia del BID, cree que podría coordinar con Almagro el trabajo en la región?

—Recordemos que el BID es una institución que fue creada bajo los organismos de la OEA, así que yo creo que el hecho de que el BID y su nuevo presidente puedan complementarse el uno y el otro con el secretario de la OEA sería positivo para la región.

—Para esa agenda que impulsa Almagro…

—Cada uno reconociendo su papel. La OEA es la institución para llevar a cabo las disputas políticas y en cuestiones de temas políticos, sociales. El BID es la institución para crear el espacio para el desarrollo económico, el crecimiento económico. Y por eso digo el complemento, ¿no?

—¿Qué papel debe jugar el BID en la búsqueda de una salida en Venezuela?

—El papel primordial del BID sería en la preparación y ejecución de una recuperación económica al haber una transición democrática en Venezuela. Va a ser un papel complementario al de la OEA. Actualmente, el papel es ayudar a los países vecinos para enfrentar las presiones fiscales que han sufrido debido, obviamente, a la crisis migratoria.

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