Uruguay enfrenta escenario de i ncertidumbre, más proteccionista, con el Mercosur jaqueado y con China jugando al libre mercado

Uruguay enfrenta escenario de i ncertidumbre, más proteccionista, con el Mercosur jaqueado y con China jugando al libre mercado

Un camino sinuoso y lleno de incertidumbres, todavía “en construcción”. Así podría ser definido el escenario que espera al próximo presidente del Uruguay en materia de inserción internacional.

El cuarto gobierno blanco desde 1958 o el cuarto consecutivo del Frente Amplio encontrará un mundo más fragmentado y dominado por las pulsiones nacionalistas cuyas expresiones más notorias son los encabezados por Donald Trump en Estados Unidos, los derechistas europeos y el que comienza de Jair Bolsonaro en Brasil.

Moverse en ese escenario cada vez más complejo y abundante en medidas proteccionistas, dominado por la aceleración simultánea del avance tecnológico, la globalización y el deterioro del medio ambiente, al decir del economista Thomas Friedman, no es una tarea para novatos.

Para evitar estancarse, Uruguay deberá acompañar los esfuerzos para paliar los efectos de esa triple aceleración que lleva más de una década en la que los organismos multilaterales, donde un país pequeño se mueve mejor, han cedido lugar a instancias menos favorables.

Para decirlo de manera resumida: la ONU dio paso al G-20. Precisamente cuando comenzó esa gran ola, el entonces canciller Luis Almagro, que por su actuación como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) acaba de ser expulsado del Frente Amplio, decidió crear una Unidad de Análisis Estratégico.

La inercia del Palacio Santos y las diferencias en el oficialismo, sin embargo, llevaron a que esa oficina llamada a jugar un papel relevante para producir inteligencia estratégica se quedara sin oxígeno.

El cuarto gobierno blanco desde 1958 o el cuarto consecutivo del Frente Amplio encontrará un mundo más fragmentado y dominado por las pulsiones nacionalistas cuyas expresiones más notorias son los encabezados por Donald Trump en Estados Unidos, los derechistas europeos y el que comienza de Jair Bolsonaro en Brasil.

Diego Escuder, coordinador de la política exterior del precandidato blanco Luis Lacalle Pou, opina que la crisis del paradigma dominante que lleva a un mundo con más incertidumbres, polaridades indefinidas y acomodo de piezas del sistema internacional obliga al Estado a producir más conocimiento como el que debió haber hecho esa oficina, además de evitar las diferencias entre partido y gobierno que tuvo el Frente Amplio en estos años con los acuerdos comerciales como el tratado de servicios Tisa y el tratado de libre comercio con Chile, entre otros.

En medio de un pronóstico que promete bastantes dolores de cabeza para quienes conduzcan la política exterior, un punto a favor es que cuando el nuevo presidente siente sus reales en la Torre Ejecutiva, Bolsonaro, que asume este 1° de enero, habrá tenido tiempo de mostrar en la práctica el verdadero rumbo de su gobierno.

Pero si es cierto que a donde va Brasil va la región, la perspectiva no es precisamente alentadora. Los anuncios que han hecho hasta ahora tanto el presidente electo como Ernesto Araújo, el futuro canciller, van en la línea de rebajar aún más el alicaído papel del Mercosur.

No obstante, el coordinador de política exterior de Asamblea Uruguay, Sebastián Hagobian, entre otros, opina que una de las posibilidades es que precisamente gracias al nuevo contexto regional e internacional Uruguay logre avanzar en lo que se conoce como “regionalismo abierto”, que significa mantener la alianza regional, pero permitiendo que los socios hagan acuerdos bilaterales con mayor libertad.

Hagobian llama la atención acerca de que a nivel comercial durante los gobiernos del Frente Amplio se produjeron grandes avances en la apertura de nuevos mercados: en 2005 el país tenía 60 socios y ahora son 176.

Sin embargo, destacó como un problema para el nuevo gobierno que en el 70% de los casos los productos y servicios uruguayos ingresan pagando aranceles, entre otros en China, Japón y Rusia, que son socios muy importantes.

En el 30% restante están México y Chile, asociados al Mercosur, junto a Israel, Egipto y otros, pero ninguno de estos países se perfila como socio de mayor escala.

En medio de un pronóstico que promete bastantes dolores de cabeza para quienes conduzcan la política exterior, un punto a favor es que cuando el nuevo presidente siente sus reales en la Torre Ejecutiva, Bolsonaro, que asume este 1° de enero, habrá tenido tiempo de mostrar en la práctica el verdadero rumbo de su gobierno.

Si tal como ha sido anunciado se produce una reorientación de la política exterior brasileña, Uruguay ya no tendrá como meta “ir al estribo de Brasil” como se proponía el presidente José Mujica en 2010, aunque sus dos grandes vecinos y Paraguay se mantengan como socios, sino de China, como intentó Tabaré Vázquez.

Una de las grandes preocupaciones del canciller Rodolfo Nin Novoa espera aún sin solución al próximo gobierno: países competidores de los productos locales como Australia y Nueva Zelanda entrarán con arancel cero en China, mientras que Uruguay aún no ha logrado ese beneficio y seguirá pagando el 12%.

El gobierno se acercó mucho al gigante asiático. Nin viajó a Beijing en agosto para ratificar la adhesión del país a la Franja y la Ruta, el ambicioso proyecto chino para impulsar sus relaciones comerciales y políticas en el mundo. Uruguay es el primer

Estado del Atlántico Sur que se suma a la propuesta. Ese avance, sin embargo, no fue tan ambicioso como el objetivo que se había planteado el presidente Vázquez en 2016, cuando anunció su intención de firmar un tratado de libre comercio bilateral en 2018.

Qué hará Brasil será clave. “Uruguay no podrá desconocer el efecto Bolsonaro y tendrá que evitar confrontar en ese campo”, opina el exembajador en Holanda y exvicepresidente de la Corte Penal Internacional Álvaro Moerzinger.

El excanciller y asesor del Partido Colorado Didier Opertti coincide con otros analistas en que en esta coyuntura “hay más preguntas que respuestas”, pero agrega una nota de cierto optimismo: “No imagino a Brasil rompiendo con lo que es una zona de influencia” y por lo tanto “es tan insustentable la clausura como la dinámica acelerada” del Mercosur.

En relación con Argentina, que también seguirá siendo un socio relevante de Uruguay, destaca que recuperó circulación internacional. Hagobian, por su parte, también recuerda que Buenos Aires continúa entre los punteros en la lista de los países candidatos a entrar en default. Una de las grandes preocupaciones del canciller Rodolfo Nin Novoa espera aún sin solución al próximo gobierno: países competidores de los productos locales como Australia y Nueva Zelanda entrarán con arancel cero en China, mientras que Uruguay aún no ha logrado ese beneficio y seguirá pagando el 12%.

Opertti cree que Uruguay debe fortalecer el concepto de que es una nación, un Estado independiente con una mentalidad propia. Su larga experiencia en la Cancillería y en el derecho internacional le han enseñado que no se debe confundir comercio exterior con política exterior, que incluye a la primera, pero que es más que eso, en este caso en defensa de una forma de vida democrática, occidental y con fuerte influencia del cristianismo.

A pesar de que tiene en cuenta que hay que lidiar con “un presidente muy particular como Trump”, el excanciller de Julio Sanguinetti y Jorge Batlle piensa que Uruguay debe tener claro que “mano a mano no es nada y por lo tanto hay que seguir apostando a los organismos multilaterales”.

En la línea de no ceder en la idea de nación independiente, Opertti considera que Uruguay no debe seguir, como anunció Brasilia, la decisión de Washington de mudar su embajada de Tel Aviv a Jerusalem, arrinconando aún más a los palestinos.

“Somos un país que tiene países amigos y socios, porque soy de los que creo que sí los países tienen amigos, pero no somos satélite de ninguno”, resumió.

Moerzinger cree que “el desafío para Uruguay será encontrar un rumbo en un escenario que está en construcción, pero que es muy distinto al de 2005”.

El objetivo principal debería seguir siendo la atracción de inversiones directas, “con el antecedente de UPM, que demuestra que la izquierda acepta la inversión extranjera” y teniendo en cuenta que no habrá avances en el mediano plazo en las negociaciones de un acuerdo Mercosur-Unión Europea.

Este exembajador en Europa considera que la mejor opción será acercarse más a Asia: China,India, Indonesia son los países que ofrecen para los próximos 30 años mercados importantes para nuestro nivel de producción.

Moerzinger parte de la base de que en el futuro inmediato no habrá una profundización de la integración latinoamericana, que además continuará la indiferencia estadounidense con la región y que seguirá habiendo una pérdida de relevancia de nuestro hemisferio en el contexto internacional.

En este panorama gris, “un elemento positivo es que los países de tamaño relativo lo tendrán más fácil, ya que no despiertan animosidad siempre y cuando aprendan a adaptarse y no quedarse en esquemas rígidos.”

Escuder, que junta política y academia, porque es coordinador de la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad de la República, coincide con Hagobian en que se va hacia un Mercosur más flexible que habilite negociaciones bilaterales.

Respecto a Brasil, como elemento positivo destacó que a pesar de las declaraciones de Bolsonaro y Araújo, el segundo violín en Itamaraty desde 2019, Otávio Brandelli, es un profundo conocedor del Mercosur y vivió en Uruguay porque fue representante de su país en la Aladi.

Álvaro Padrón, coordinador de proyectos de la Fundación Friedrich Ebert Uruguay y columnista de política internacional en TNU, opina con Luis Alberto de Herrera que Uruguay no existe si no es internacional, pero sostiene que hay “un fuerte aldean

Ismo” y que se ha retrocedido, no solo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, que tiene menos presupuesto y prestigio, sino en toda la sociedad a pesar de que la política exterior pesa cada vez más en la agenda local.

Padrón puso como ejemplo que no existen dirigentes sindicales que conozcan el mundo y que manejen el inglés, que apenas dos o tres parlamentarios hablan ese idioma y que la Cancillería no tiene economistas.

Coincidió en que en general y para algunos sectores de la economía, como la industria láctea, el período que comienza será difícil, pero que no es fatal que el Mercosur pierda intensidad. “Es un tema en disputa”, pero “al Mercosur no lo desarma nadie”, porque aunque lo bombardean desde el agro, lo defienden los industriales tanto de Brasil como de Argentina, opinó.

Bruselas del Sur Padrón dijo a Búsqueda que un aspecto positivo para Uruguay de lo que está pasando en Brasil es que es una chance real para que Montevideo se convierta en la Bruselas del Sur, porque muchos organismos saldrán de ese país, que ya en los dos últimos años ha perdido peso a escala internacional.

Si en lo comercial el panorama no es sencillo de interpretar porque los papeles se invirtieron y el defensor del libre comercio pasó a ser China y el proteccionista Estados Unidos, en el plano político Uruguay estaba, hasta el cambio de gobierno en México, aislado.

Algunos analistas vinculados a la oposición consideran incluso que el aislamiento es mayor que durante la dictadura, porque al menos el gobierno militar contaba con aliados firmes como Chile, Paraguay, Taiwán y Sudáfrica.

“Uruguay es la mejor democracia en la región, y la única considerada democracia plena, según informe de The Economist Intelligence al analizar proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política‖, sostuvo el canciller Nin en un artículo de la edición julio-diciembre de Revista Diplomática, editada por el Instituto Artigas.

Mientras el politólogo argentino Claudio Fantini dedica un libro (La tenue virtud. Uruguay como excepción al caos de la región) a elogiar la estabilidad y madurez democrática del país, solo comparable con Chile, la otra cara de la moneda es que con la caída de los gobiernos “progresistas” del continente y la postura que ha adoptado el gobierno encabezado por Vázquez respecto a Venezuela, hasta la victoria de Andrés López Obrador en las elecciones mexicanas las alianzas brillaban por su ausencia.

Si en lo comercial el panorama no es sencillo de interpretar porque los papeles se invirtieron y el defensor del libre comercio pasó a ser China y el proteccionista Estados Unidos, en el plano político Uruguay estaba, hasta el cambio de gobierno en México, aislado.

En efecto, el presidente venezolano Nicolás Maduro no es un aliado de Uruguay y tampoco el Grupo de Lima. Mientras los blancos consideran que para salir del aislamiento y recuperar el softpower perdido una salida es revisar la posición de no integrar el Grupo de Lima, visto por el oficialismo como una agrupación de gobiernos de derecha, México ya anunció que se baja de esa alianza.

Además de la retirada más o menos ordenada de los gobiernos “progresistas” en la región, el mundo internacional que nació con la posguerra, en la segunda mitad del siglo pasado, es evidente que ya no existe.

Aunque en lo cultural Uruguay está más cerca de Estados Unidos, en la práctica los hechos están llevando los vínculos en dirección a Asia. Eso no quiere decir que Washington abandone la pelea por su patio trasero y lo ceda sin más a China, aunque este país ya es el principal socio comercial de todos.

Este panorama indica que el nuevo canciller encontrará un mundo de mayor competencia entre las naciones, algo que es observable a simple vista con nitidez en la guerra comercial entre Estados Unidos y China o el Brexit en Gran Bretaña, pero que abarca también a otros actores con intereses propios como Rusia e Irán, ambos con su pie en Venezuela.

Para el analista Padrón, aunque el escenario será de dificultades para cualquier gobierno, Uruguay tiene chance de seguir como el “raro del barrio”.

www.prensa.cancilleria.gob.ar es un sitio web oficial del Gobierno Argentino