Uruguay endurece sus normas contra el Covid pero respeta la libertad de sus ciudadanos

Uruguay endurece sus normas contra el Covid pero respeta la libertad de sus ciudadanos

Su presidente anuncia la prohibición de ingreso al país entre el 21 de diciembre y el 10 de enero, la limitación del derecho de reunión y la suspensión de todo tipo de espectáculo público

¿Cuarentena obligatoria? Ni pensarlo, dijo una y otra vez desde marzo el presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, que lideró en el indescriptible 2020 una de las estrategias más exitosas a nivel mundial contra el coronavirus. Pero la realidad es terca, y los casos de Covid están creciendo en el pequeño país sudamericano, que este miércoles anunció el cierre de sus fronteras por tres semanas. ¿Llega la cuarentena obligatoria? Ni pensarlo, insiste el presidente, que cree que pedirle a sus compatriotas que se queden en casa es una idea "desgastada", porque "cada uno sabe lo que tiene que hacer".

"Es un concepto de libertad que este Gobierno defiende a capa y espada aún en estos momentos", dijo Lacalle Pou, líder de una coalición social liberal que asumió el poder el 1 de marzo. Uruguay, es cierto, tiene solo 3,5 millones de habitantes y una sola ciudad de envergadura, el área metropolitana de Montevideo. Pero la pequeña nación está comprimida entre Brasil y Argentina, dos de los países con más infectados por millón de habitantes. Así, lograr lo que consiguió Uruguay en estos meses no era sencillo.

Evitarse la primera ola de casos, por ejemplo. "La segunda ola es nuestra primera ola", graficó el jefe de Estado uruguayo tras un día récord con 476 casos y en el que el país superó la cifra de 100 muertos desde el inicio de la pandemia. Como se ve, cualquier extrapolación de las cifras uruguayas sitúa al país en un panorama notablemente mejor que el de casi cualquier otro Estado del mundo. Pero esto podría cambiar, dijo a EL MUNDO Gonzalo Moratorio, uno de los científicos más reconocidos del Uruguay, que ve "una clara tendencia a estar en una situación inestable, descontrolada y de crecimiento exponencial".

En enero y febrero, cuando el virus aún no había llegado a Sudamérica, Moratorio y su colega Pilar Moreno desarrollaron por iniciativa propia un test de detección del virus y generaron una gran empatía profesional con Daniel Salinas, el inminente ministro de Salud y representante de Cabildo Abierto, el partido más a la derecha en el espectro político del país. La política nunca fue un tema a la hora de trabajar en temas de salud, y los tres conformaron un bloque sólido, tan sólido como el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), en el que Lacalle Pou se apoyó para tomar decisiones.

"Uruguay es víctima de su propio éxito. Si siguiera la tendencia global, Uruguay debería tener más de 120.000 infectados y cerca de 3.000 muertos. La realidad es que tenemos menos de 4.000 infectados y recién llegamos a los cien muertos. Hubo una sensación de victoria que ha contribuido a que la población se relaje. Y la llegada del buen tiempo y el aumento de la movilidad también impactaron en la dinámica de la epidemia", analizó Moratorio, elegido días atrás por la revista 'Nature' como uno de los diez científicos destacados en el mundo, el único latinoamericano.

"CRECIMIENTO EXPONENCIAL"
Uruguay está entrando en las vacaciones de verano, una época en la que los niveles de contagio suelen bajar. Que en este casos sea al revés refleja que no es inviable ese "crecimiento exponencial" de casos del que habla Moratorio. Para evitarlo, Lacalle Pou anunció la prohibición de ingreso al país entre el 21 de diciembre y el 10 de enero, la limitación del derecho de reunión y la suspensión de todo tipo de espectáculo público, entre otras medidas. Carolina Cosse, la flamante alcaldesa de Montevideo, del izquierdista Frente Amplio, ordenó días atrás poner "en pausa" el Carnaval, una fiesta fundamental para los uruguayos. La suspensión de la celebración de febrero será el próximo paso.

El gastroenterólogo Henri Cohen, que forma parte del GACH, pidió a los uruguayos que sean "parte de la solución y no del problema" y que se reúnan "únicamente si es imprescindible y con los imprescindibles". No todo es voluntario: en los próximos días se reglamentará un artículo de la Constitución Nacional acerca del derecho de reunión y se incluirá en la ley la definición de qué es una "aglomeración" de gente.

¿Funcionará ese esquema de libertad responsable? Lacalle Pou dijo que sería "quizás fácil" para él comparar la experiencia uruguaya con la de otros países del mundo y destacó que Uruguay completó su ciclo lectivo y tuvo "vida social, cultural y deportiva (...). Los números sanitarios y los números económicos son sensiblemente menores a países, entre ellos del primer mundo, que no tuvieron clase, vida social y apenas disfrutaron de algunas actividades".

Pese al peligro, el país no se encierra ni se frena, añadió. "Apelamos a la convivencia solidaria, sin perjuicio de que la libertad sigue siendo el faro. Se estimula a la gente a descansar y a veranear. El que tiene la oportunidad de irse al monte, la playa o un río que lo haga. Entre otras cosas porque es una actividad económica importante y porque se necesita un descanso en un año de trabajo y en este año con el estrés constante más aún".

Y si falla, y si la decisión de sostener al máximo posible la libertad se convierte en un búmeran? El presidente dice que le ofrece el pecho a las balas: "Si las cosas salen bien es gracias a la conducta de los uruguayos y si salen mal de este Gobierno, como ha hecho desde el primero de marzo, el presidente de la república se va a hacer cargo y responsable. Por si anda algún distraído que todavía no se enteró".

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