Una visita relámpago para dar apoyo simbólico a Vázquez y Martínez a diez días del balotaje

Una visita relámpago para dar apoyo simbólico a Vázquez y Martínez a diez días del balotaje

El presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, dijo que estaba obligado a llevarse bien con quien gane.

Con el vértigo tan propio de quien vive en la otra orilla del Río de la Plata, Alberto Fernández no se había bajado de la camioneta ocial que lo traía desde el Aeropuerto de Carrasco pero ya se estaba quejando. “¡No me dejaban bajar presidente!”, fue lo primero que le dijo a Tabaré Vázquez mientras subía las escaleras rápido para fundirse en un abrazo con un “amigo” al que hacía más de tres años no veía.

Aunque dijo que no buscaba “entrometerse” en la campaña electoral uruguaya, la fugaz visita del presidente electo de Argentina a exactamente diez días del balotaje estuvo regada de intencionadas señales de apoyo al ocialismo. Primero en el encuentro con Vázquez y luego en un almuerzo con Daniel Martínez en el que comieron tortillas españolas mientras analizaban la coyuntura política nacional, regional e internacional.

“No puedo negar el cariño entrañable que tengo por los dos y el respeto que siento por este proceso político que se inició el día en que Tabaré ganó la elección en Uruguay”, dijo en una conferencia en la Residencia de Suárez y Reyes en la que contó lo que veía desde Argentina tratando de ser “cuidadoso” para que los uruguayos no sintieran que se metía en sus decisiones.

En El Berretín, el restaurante de Punta Carretas que eligió Martínez para recibirlo, repitió lo que había dicho un rato antes: que Vázquez y José Mujica habían “cambiado” el país logrando un “desarrollo equilibrado y armónico” que todo el continente miraba “asombrado”. “Uruguay nos da clases de democracia todos los días”, resumió en su halago ante una decena de micrófonos uruguayos y argentinos.

El argentino buscó echar por tierra las posibilidades de un mal vínculo en caso de que cambiase el signo político en Uruguay y Luis Lacalle Pou accediese a la Presidencia diciendo que los países estaban “obligados” a tener el “mejor relacionamiento”. “Estoy obligado denitivamente a llevarme bien con el que resulte presidente”, sentenció.

Fernández dijo a la prensa que no pensaba reunirse ni hablar con Lacalle Pou, señalado por las encuestas como el favorito para el 24 de noviembre.

Ante el liderazgo de Brasil comandado por Jair Bolsonaro, a Fernández le gustaría tener en Uruguay un fuerte aliado regional y por eso desea –más allá de la cautela a la que lo obliga su cargo– que su vecino del Plata mantenga la orientación ideológica. No en vano decidió que Montevideo fuera su segundo destino tras ser electo. El primero fue México, cuyo presidente Andrés Manuel López Obrador va camino a transformarse en el líder del progresismo continental.

La “preocupación” por lo que ocurre en la región fue el tema central del encuentro a solas que mantuvieron Vázquez y Fernández durante veinte minutos.

Ambos coincidieron en que lo que ocurrió en Bolivia fue un “golpe de Estado” y el argentino le contó sobre su disposición a darle asilo a Evo Morales después del 10 de diciembre, día en que será impuesto en su cargo. El uruguayo le conrmó que estará presente en la ceremonia que se realizará en Buenos Aires pese a que está tratándose del cáncer de pulmón detectado a nes de agosto.

“Cuando uno es amigo habla de todo. Vemos con preocupación lo que pasa en el continente, lo que acaba de pasar en Bolivia, y que en el Mercosur hay dos estados asociados con conictos muy profundos”, señaló en referencia a lo que ocurre en Chile.

Fernández llegó a Montevideo en un avión privado junto a Sergio Massa, líder del Frente Renovador y próximo presidente de la Cámara de Diputados, y su asesor Miguel Cuberos. Allegados al mandatario dijeron a El Observador que también estaba previsto que viajara Felipe Solá, señalado como el próximo canciller, pero que no pudo hacerlo debido a asuntos familiares.

Cuberos y Massa participaron de una segunda reunión en Suárez en la que también estuvieron el canciller interino Ariel Bergamino, el secretario de la Presidencia, Miguel Ángel Toma, el prosecretario Juan Andrés Roballo, y el director de la Ocina de Planeamiento y Presupuesto, Álvaro García.

En el encuentro, los argentinos plantearon las dicultades económicas con las que asumirán y la necesidad de trabajar “codo a codo” para que los dos países crezcan.

La situación económica también fue uno de los ejes de la conversación durante el almuerzo en Punta Carretas, en el que también estuvieron la compañera de fórmula de Martínez, Graciela Villlar, su jefe de campaña Yamandú Orsi y varios asesores del candidato.

Tras comer un martín erro de postre, Martínez contó que hablaron sobre el turismo, el medio ambiente y el comercio de frontera, tres temas que también estuvieron presentes en el  encuentro que ambos mantuvieron en octubre en Buenos Aires. “Buena parte de la industria uruguaya se desarrolló al amparo de la complementariedad con Argentina”, destacó el ocialista que planteó como un “sueño” que el Mercosur se transforme en un bloque de “complementariedades”.

Fernández, en tanto, dijo que no haría nada por “impedir” la llegada de turistas y que los problemas que se generaron obedecían al cepo cambiario que puso Mauricio Macri. “No haremos nada para impedir que vengan a Uruguay a disfrutar de las hermosas playas que tienen”, se despidió el argentino, que se llevó una piedra amatista de regalo y subió al avión con la esperanza de volver a verlos el primero de marzo, día en que aspira a que uno de sus amigos le coloque la banda presidencial al otro.

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