Una pausa en la caída de las importaciones

Una pausa en la caída de las importaciones

La compra de bienes de capital se redujo -4,1% en el último año y lleva seis años a la baja en el sector privado.

Hasta septiembre del año pasado, las importaciones de bienes venían registrando una caída gradual desde el último trimestre del 2018, acompañando una suba en el tipo de cambio real. Sin embargo, en los últimos cuatro meses se observa que esa evolución de detuvo. Es una situación que difícilmente se pueda catalogar como definitiva porque el contexto internacional que se vislumbra para los dos próximos años es muy amenazante y todo indica a un freno abrupto en el nivel de actividad global. Adicionalmente, las compras al exterior pueden retomar la baja una vez que los peligrosos desequilibrios macroeconómicos que presenta nuestro país se comiencen a corregir. Es un ajuste que parece como inmediato si se considera la opinión de todas las calificadoras de riesgo y de varios de los analistas locales.

El total importado en los doce meses a enero fue de US$ 8.293 millones, que es un 6,9% menos que el total adquirido un año atrás, pero supera levemente la cifra que se viene observando desde octubre del año pasado. Esta evolución se puede apreciar en el gráfico superior del cuadro, junto a lo que sucedió para las mismas importaciones excluyendo las compras al exterior de petróleo crudo, destilados y energía eléctrica. En los dos casos, la trayectoria muestra una caída desde el último trimestre del 2018 con un freno en los últimos cuatro meses y que de acuerdo a la información que presenta Uruguay XXI, se repite en febrero.

En el gráfico de la izquierda en la zona media del cuadro se ilustra la evolución del tipo de cambio real efectivo que estima el BCU. Los promedios anuales muestran que desde 2016 hasta 2018 hay una caída que se revierte el año pasado. Si bien no es la única variable que determina cuánto se compra al exterior, tiene mucho que ver. Obviamente que hay otros elementos como los precios de los bienes que se compran y las necesidades internas de acuerdo al nivel de actividad y consumo que tenga la economía.

Una caída en las importaciones como la ocurrida al comienzo del 2019 puede ocurrir por una baja en el precio, una reducción en la cantidad o por el efecto combinado de las dos. Para el funcionamiento general de la economía hay diferencias según cuál sea la variable que explique la baja. Si se reduce el precio promedio de lo que compramos, podemos afirmar que la economía tendrá mayor bienestar, pues con la misma cantidad de recursos puede adquirir mayor cantidad de bienes. Por otro lado, si lo que se reduce es la cantidad de bienes podemos inferir que hay un enlentecimiento en el crecimiento de la economía.

Al observar el último dato disponible con esta desagregación, que coincide con el cierre del año 2019, se observa que ocurren ambos fenómenos a la vez: caen los precios de los importables un 6% y desciende el volumen físico en un 1,2%. Es decir que, a pesar del abaratamiento de precios, hay también un retroceso en la cantidad comprada. Es una caída leve pero consolidada y por lo tanto suma a la interpretación de que la actividad económica pasó del estancamiento a la recesión en el correr del año pasado.

Las importaciones se pueden agrupar de acuerdo al destino económico para el que fueron adquiridas. El BCU las agrupa en importaciones de bienes de consumo, bienes de capital y bienes o insumos intermedios. Las primeras se relacionan directamente con las compras de los hogares o con los inventarios de los importadores. Los bienes de capital tienen un vínculo directo con la inversión de la economía, sobre todo al considerar que hay muy poca producción local de maquinaria y equipos. Por último, los insumos intermedios que se importan son un reflejo de la producción final de bienes que está ocurriendo en el país; obviamente que si no se utilizan engrosan, los inventarios que tienen las empresas.

En el caso de los bienes de consumo, se observa una variación del -3,7%, explicada principalmente por la fuerte caída en la compra de automotores (-11%) y de bienes duraderos (-6%), sectores que se vieron golpeados por la depreciación cambiaria que encareció estos bienes importables para el público en general. Como a su vez los salarios no tuvieron grandes crecimientos reales, la demanda no empujó a estos sectores.

En el gráfico de la derecha en la parte media del cuadro se observa la evolución de las tasas de variación de los bienes de consumo duradero y los restantes, incluyendo los alimentos y bebidas. El comportamiento es similar pero mucho más intenso en los duraderos que combinan el efecto tipo de cambio con la caída en el empleo y en la masa salarial de 2019.

Los bienes intermedios, aún sin considerar los energéticos, son una categoría sumamente importante y representan el 42,1% del total y son reflejo de lo que sucede en la producción nacional. La baja en los doce últimos meses fue de -8,4%, explicada por una fuerte caída de los insumos industriales, evidenciando las dificultades que está atravesando la industria nacional.

En cuanto al petróleo y destilados, se destaca el hecho de que su precio disminuyó un 10% en el 2019 con respecto a 2018, y a pesar de este abaratamiento se importó un - 12,5% menos en dólares en los últimos doce meses.

Por último la compra en bienes de capital al exterior se redujo -4,1% en los doce últimos meses. Resulta ilustrativo distinguir aquí al sector público que cae -25% y el privado que tan solo se reduce -3,1%. Vale la pena detenerse un poco en el comportamiento del sector privado y para eso se ilustra la evolución de la tasa de variación anual en el gráfico inferior del cuadro. El sector productivo privado uruguayo lleva un quinquenio de reducción de las inversiones en forma casi continua. Esto implica menores posibilidades de crecimiento a futuro.

Sobre la base de las cuentas nacionales, la inversión privada pasó de cerca del 20% del PIB en 2014 al 12% en el último dato disponible al tercer trimestre de 2019. Es una evolución que tiene su correlato con lo ocurrido con las importaciones de bienes de capital.

El futuro próximo presenta grandes desafíos. Hay que ajustar el exceso de consumo en el país, pero lo que está más gordo que es el gasto corriente del gobierno, que presenta algunas rigideces en el corto plazo. La extensión del nuevo virus desde China al resto del planeta amenaza con una caída en la capacidad de producción en escala global y ya se han cortado procesos en empresas que basan su producción en plantas en China. Por su parte, Europa comienza a sentir el impacto de tener que frenar el avance del virus desacelerando el nivel de actividad. Cualquiera de los dos destinos son importantes para nuestras exportaciones y si no hay dinamismo en las ventas al exterior también se caen las compras de insumos al resto del mundo. Todavía es muy temprano para establecer proyecciones con valores del impacto negativo; para ello será muy importante lo que ocurra en los próximos meses.

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