Una masiva rebelión policial pone a Fernández y Argentina en una situación inédita

Una masiva rebelión policial pone a Fernández y Argentina en una situación inédita

Una masiva rebelión policial pone a Fernández y Argentina en una situación inédita.

Argentina es el país donde los policías, con frecuencia, deben pagar de su propio bolsillo las balas que utilizan. Y los chalecos antibalas y la gasolina del coche. Y mantener el motor siempre en marcha, porque el estado de ese coche es tan malo que quién sabe si, apagado, vuelve a arrancar. Son policías que en Buenos Aires, la provincia más grande, rica y violenta, cobran, muchos de ellos, poco más de 200 euros por mes y 30 céntimos la hora extra de trabajo.

Sin estos datos es imposible entender la inédita rebelión policial a la que se enfrentaron esta semana Alberto Fernández, presidente, y Axel Kicillof, gobernador de Buenos Aires y protegido de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. No son suficientes, en cambio, para comprender por qué Fernández dinamitó la relación con su principal interlocutor en la oposición, Horacio Rodríguez Larreta, alcalde de Buenos Aires. Rodríguez Larreta supo, en el cierre de un miércoles de tensión volcánica, que el presidente le quitaría una importantísima porción de los impuestos federales para entregársela a Kicillof y así pagar un aumento de sueldos a los policías y mejorar sus condiciones.

"Terminamos un día más en esta Argentina difícil. No todo vale a la hora de reclamar. Les pido por favor, amigablemente, democráticamente, depongan su actitud", dijo con gesto cansado Fernández en el inicio del inesperado anuncio. El presidente, en efecto, venía de un día muy difícil, de los más complejos de sus diez meses en el poder. La rebelión de la policía bonaerense, que se había iniciado el lunes en Almirante Brown, una localidad deprimida de los suburbios de la capital del país, se extendió en tres días hasta escalar a alturas impensadas. Primero, en "Puente 12", el complejo policial a escasos kilómetros del aeropuerto de Ezeiza en el que está instalado Sergio Berni, ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. Y luego, para el asombro y la preocupación de los argentinos, ante la Residencia Presidencial de Olivos, a las puertas de Buenos Aires. Unos centenares de policías, uniformados y armados, se plantaron ante la residencia de Fernández para gritar sus consignas mientras cortaban parcialmente la circulación de una importante avenida.

Fernández, que trabaja en Olivos desde el inicio de la pandemia de coronavirus, estaba allí en esos momentos y envió emisarios a conversar con los manifestantes para que ocho de ellos ingresaran a la residencia. Los policías, anarquizados, se negaron. El peronismo, que hace del verticalismo y el ordeno y mando un culto, quedó desconcertado.

La ley no permite sindicatos policiales en Argentina, lo que a veces dificulta el diálogo. Mientras Fernández recibía por un lado críticas por avenirse a negociar bajo presión de una fuerza armada, otros marcaban paralelismos entre la rebelión policial y la militar de la Semana Santa de 1987 que con dificultad sofocó el entonces presidente Raúl Alfonsín. "Eso es una manipulación histórica", dijo a EL MUNDO Jesús Rodríguez, una de las manos derechas de Alfonsín entonces y presidente de la Auditoría General de la Nación hoy. "Estamos ante la anemia del estado y la anomia de la sociedad", añadió.

Horas antes, un joven policía sintetizaba desde San Nicolás, a 150 kilómetros del epicentro de la crisis, la situación de él y sus compañeros. "Reclamamos un sueldo digno, acceso a la vivienda, una obra social (seguro médico) digna. Hoy estamos por debajo de la línea de la pobreza, cobramos 34.000 pesos (240 euros). No llegamos a fin de mes", dijo al canal de noticias TN Nicolás Luques. "Estamos bajo la lupa de la ciudadanía y luchando contra todos: contra la delincuencia y contra la gente a la que tenemos que defender. Muchos compañeros tienen que andar en móviles que realmente están destruidos. Nos denigran como personas".

LAS ACTIVIDADES QUE LES DABAN INGRESOS EXTRA, SUSPENDIDAS
El columnista Carlos Pagni sumó otros detalles en La Nación para ayudar a entender la crisis: "Muchos contratos en la vigilancia privada quedaron suspendidos. Son actividades con las que los agentes compensan los sueldos oficiales. Las horas extras, paupérrimas, también se redujeron. Y se multiplicaron los casos de Covid. Hoy están afectados 7.000 agentes. En las comisarías sobran presos y escasean los barbijos y el alcohol". La ausencia de espectáculos públicos como conciertos y partidos de fútbol, actividades de las que los 90.000 policías bonaerenses obtienen ingresos extra, incrementó el malestar.

El contexto de la crisis policial, que se extendió a varias provincias del país, es extraño: cinco días antes, Fernández había anunciado un plan de seguridad y un incremento presupuestario, pero no dijo una palabra acerca de los deprimidos sueldos de los agentes. Berni y su homóloga a nivel nacional, Sabina Frederic, vienen sosteniendo una guerra sorda, que cada tanto explota en los medios, con visiones absolutamente diferentes: si la ministra opta por el garantismo y una visión progresista, Berni, de la derecha peronista y discípulo de Fernández de Kirchner, se promociona con vídeos en los que se muestra con armas y le impone una impronta militarista y demagógica a su actuación (l). Berni está también cuestionado porque días atrás se confirmó que un esqueleto hallado en un cangrejal del sur de Buenos Aires es de Facundo Astudillo Castro, un joven de 23 años que desapareció tras ser abordado en una carretera por, aparentemente, agentes de la Bonaerense.

En medio de ese clima revuelto, el cierre del día fue para el asombro, porque Fernández se enemistó, quizás para siempre en lo que resta de su gobierno, con Rodríguez Larreta. "Mi amigo", decía el presidente al referirse al alcalde, que se perfila como candidato a presidente en 2023 y con el que tuvo reuniones y diálogo permanente para consensuar medidas contra el Covid.

Ya no. "Fernández demostró que su única hoja de ruta son los conflictos de Cristina Kirchner", señaló Pagni. Meses atrás, Fernández de Kirchner había puesto en la mira a la capital del país al comparar su relativa opulencia con las áreas de pobreza en la provincia que la circunda: "En la ciudad, hasta los helechos tienen luz y agua". Rodríguez Larreta, todo indica, recurrirá la medida presidencial ante la Corte Suprema de Justicia.

Lo que sí es cierto es que los policías de la capital cobran casi el doble que los de la provincia y cuentan con mejores condiciones en un país en el que las fuerzas de seguridad no son en general respetadas ni queridas: su historial de abusos y corrupción es importante, y muchos prefieren cambiar de acera si ven aproximarse a un agente.

Así y todo, la gran mayoría de los policías son honestos y solo pretenden un salario razonable para sostener a sus familias. "Cuando termine el año, Argentina va a tener el ingreso per cápita de 1973, pero con diez veces más pobres y el doble de desigualdad", sintetizó el senador opositor Martín Lousteau. Bien lo saben los muchos policías que viven en las múltiples barriadas deprimidas que rodean Buenos Aires: al final de la jornada de trabajo caminan hacia sus casas sin vestir el uniforme: no quieren ser marcados por los delincuentes y narcotraficantes afincados en esos densos y peligrosos suburbios.

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