Un muro de cinco metros de alto y 300 kilómetros para frenar en Polonia la inmigración

Un muro de cinco metros de alto y 300 kilómetros para frenar en Polonia la inmigración

La construcción persigue impedir la entrada a los afganos e iraquíes que cruzan del lado bielorruso

Entre Estados Unidos y México, entre Sudáfrica y Mozambique, entre España y Marruecos, entre India y Bangladesh, entre Botswana y Zimbabue o entre China y Corea del Norte. Quince muros se han construido en el mundo para frenar la inmigración y el décimo sexto ya está en camino. Será en los 418 kilómetros de frontera que comparten Polonia y Bielorrusia. El Senado polaco ha refrendado este miércoles el voto favorable del Parlamento a la construcción de un muro que impida la entrada al país de los miles de migrantes que se agolpan en Bielorrusia a la espera de poner pie en suelo comunitario. Con la luz verde del Legislativo, la ley que sustentará la construcción del Muro queda ahora pendiente de firma del presidente polaco, Andrzej Duda.

El muro, que podría tener 5 metros de alto y 300 kilómetros de longitud, sustituirá el vallado con alambre de espino que empezó a colocarse en agosto, cuando el flujo de inmigrantes iraquíes y afganos que cruzaban a Polonia desde Bielorrusia se hacía cada vez más denso. El fenómeno no era nuevo y en este caso tampoco casual.

En mayo, la Unión Europea impuso sanciones a Bielorrusia por forzar el aterrizaje en Minsk de un avión de Ryanair que cubría la ruta Atenas-Vilna y a bordo del cual viajaba Roman Protasevich, un periodista crítico régimen de Aleksandr Lukashenko. El aliado del presidente ruso, Vladimir Putin, reaccionó a las sanciones apuntando a la diana. Cesaría en sus esfuerzos por controlar la inmigración, una invitación en toda regla a las mafias que trafican con personas.

La presión de Lukashenko para que se le retiren las sanciones se ha hecho notar en Polonia y otros países de la UE, como Lituania y Letonia. Todos ellos han puesto en marcha barreras disuasorias y desplegado efectivos militares en sus fronteras.

En Polonia, sin embargo, la guerra híbrida que ha declarado Lukashenko está más dirigida a ellos y a Lituania que a la UE. La consideran una represalia por la acogida que estos países han ofrecido a los opositores bielorrusos. En Varsovia se encuentra la líder de la oposición Svetlana Tijanovskaya y tras la celebración de los Juegos Olímpicos en Tokio, la atleta Krystsina Tsimanouskaya. El caso de esta deportista, crítica con el equipo nacional que dirigió el hijo de Luckachenko.

Polonia comenzó a levantar a finales de verano una valla temporal a lo largo de la frontera, una barricada de alambre de púas de unos 2,50 metros de altura custodiada por soldados. En estos momentos hay más de 10.000 efectivos patrullando, a los que se suman los ya enviados a Lituania para apoyar a sus vecinos. Y aún así, las llegadas se siguen produciendo, como la tragedia humanitaria ligada a una marcha ilegal plagada de riesgos. Las organizaciones no gubernamentales, incluida Amnistía Internacional, han denunciado violencia policial, devoluciones en caliente, falta de atención a los cientos de migrantes y refugiados escondidos los bosques, sin comida, a la espera de oportunidad para cruzar. Ya se han encontrado cadáveres a largo de la frontera, personas sin documentación e imposibles de identificar.

"Nos enfrentamos a un dictador en el lado bielorruso que está dispuesto a dejar morir a la gente en la frontera, a atraerla a su país, a enviarla a la frontera. En los pantanos y ciénagas y en los bosques hace un frío glacial. No deja que se retiren y si la Unión Europea emprende una retirada violenta e ilegal, la gente quedará atrapada en medio. Y esto promete ser una tragedia humanitaria mortal, declara el analista Gerald Knaus, del laboratorio de ideas Iniciativa de Estabilidad Europea.

Desde principios de enero hasta finales de septiembre, la Guardia de Fronteras polaca detectó 26.000 intentos de cruzar la frontera. En la mayoría de los casos, los inmigrantes fueron detectados en puestos de control, camuflados en camiones. Sólo la Fiscalía de Bialystok, ciudad al este de Polonia ha abierto 180 procesos contra presuntos traficantes de personas desde Bielorrusia en los que estarían involucrados hasta 700 personas. Entre ellos hay conductores de camiones con carga a la frontera con Alemania, y los llamados "pilotos", individuos que ayudan a los conductores a evitar los puestos de control en las carreteras.

"La situación en muy inestable y puede prolongarse durante muchos meses. Tenemos que tomar medidas de protección más eficaces" explicó el portavoz del Gobierno polaco, Piotr Muller al anunciar la decisión más radical. Muller no pronunció la palabra muro. Los funcionarios del Gobierno polaco hablan de "barrera" o "cerradura"

360 MILLONES DE EUROS
La barrera antiinmigración aprobada por las dos cámaras del Legislativo polaco contará con un sofisticado sistema de sensores de movimiento y cámaras de seguridad y su coste será aproximadamente 360 millones de euros. Es el dinero que Varsovia ha pedido a Bruselas para asegurar el control y la seguridad de su frontera Este. A esa petición le siguió una carta firmada por los ministros de Interior de otros 11 países (Austria, Bulgaria, Chipre, República Checa, Dinamarca, Estonia, Grecia, Hungría, Lituania, Letonia y Eslovaquia) solicitando fondos a Bruselas para financiar las barreas de protección que también ellos pondrán en pie. La respuesta de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha sido tajante y sin eufemismos: La UE no financia "alambres de espino ni muros" en las fronteras de los países miembros.

Polonia cuenta con la comprensión de Alemania, pues como afirma el subjefe del departamento operativo y de investigación de los guardias fronterizos polacos, Arkadiusz Olejnik, "el objetivo de esos inmigrantes es llegar a Francia o a Alemania donde ya hay una fuerte comunidad siria, kurda o de otra diáspora".

Los datos así lo indican. Desde principios de año, más de 6.600 personas entrado ilegalmente en Alemania a través de la ruta Bielorrusia-Polonia. Solo en octubre, la policía federal registró 4.246 entradas no autorizadas.

La principal puerta de acceso es el estado federado de Sajonia, gobernado por la Unión Cristianodemócrata (CDU). Su ministro presidente, Michael Kretschmer, lo tiene claro. "Necesitamos vallas y probablemente también necesitamos muros. La Unión Europea debe demostrar que tienen capacidad para defenderse", ha declarado Kretschmer en el curso de una visita reciente a Bruselas. Para el político sajón, el presidente Lukashenko, está jugando un juego pérfido. "Me gustaría que esta Unión Europea fuera fuerte ahora y enderezara la espalda. No debemos permitirnos ser chantajeados por tal dictador ".

La semana pasada, el ministro alemán del Interior, Horst Seehofer, ofreció a su homólogo polaco, Mariusz Kaminski, fortalecer las patrullas fronterizas conjuntas en la frontera germano-polaca. Kaminski aún no ha respondido a esta oferta.

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