Turquía, ¿casi una superpotencia?

Turquía, ¿casi una superpotencia?

Artículo póstumo de Walter Laqueur, consejero del Centro de Estudios Internacionales de Washington, fallecido el pasado domingo

La tensión entre Turquía y Estados Unidos ha aumentado en gran manera y ha afectado a la OTAN. Las relaciones entre los dos países no eran precisamente cordiales en los últimos años, pero el enemigo tradicional de Turquía ha sido Rusia más que Estados Unidos. Hay que remontarse incluso al periodo previo al tratado de paz de Küçük Kaynarca, a finales del siglo XVIII. Turquía se encontró expuesta a la agresión rusa con la gradual toma de control del territorio sobre lo que había sido el imperio otomano.

En la Primera Guerra Mundial, así como en los periodos previo y posterior, Rusia amenazó a Turquía manteniendo una imponente flota en el mar Negro, que debía atravesar los Dardanelos para llegar al mar Mediterráneo y a otros destinos más alejados. En otras palabras, Rusia era el enemigo en potencia cercano, en tanto que Estados Unidos estaba muy lejos.

La crisis actual entre Turquía y EE.UU. tiene que ver con el pastor Andrew Brunson, un sacerdote protestante que ha permanecido en arresto domiciliario durante los dos últimos años, por lo que Estados Unidos ha intervenido en su defensa. Se han tomado una serie de medidas que se parecen mucho a una guerra económica. Ambas partes han actuado sin considerar adecuadamente las consecuencias de sus medidas, y ello podría derivar en una auténtica crisis internacional. La lira turca se ha desplomado, lo que ha puesto de manifiesto que, aunque el desarrollo económico turco ha sido espectacular en los últimos años, aún le queda un largo trecho para alcanzar la estabilidad.

Esta situación ha causado sorpresa porque los presidentes estadounidense y turco han mantenido buenas relaciones, casi amistosas, y es sabido que Donald Trump prefiere a los líderes fuertes que prestan escasa atención a las reglas de la democracia y a los derechos civiles.

Pese al gran progreso realizado, el papel de Turquía en el mundo del futuro será modesto

Si nos remontamos en la historia, podemos observar que Rusia, y no Estados Unidos, ha sido el enemigo tradicional de Turquía. Desde finales del siglo XVIII en adelante, Rusia tomó el control de una parte del territorio del sur que de hecho no pertenecía al imperio otomano, pero estaba estrechamente asociado a él. Estas regiones lucharon contra las fuerzas rusas e intentaron asegurar su territorio. En la Primera Guerra Mundial, Turquía estuvo en el lado perdedor, el imperio otomano se derrumbó y emergió una nueva Turquía con Mustafa Kemal Atatürk. Atatürk no se limitó a reformar la nueva Turquía, sino que llevó a cabo una auténtica revolución que transformó un país tradicional en un Estado moderno y laico. Dadas las condiciones del país, utilizó mano dura para llevar a cabo esta transformación, pero cuando murió en los años treinta no había conseguido culminarla, y las décadas posteriores a su muerte se desperdiciaron en buena medida en luchas políticas intestinas.

Desde que Recep Tayyip Erdogan accedió al poder, ha intentado oponerse sistemáticamente al kemalismo. Hay una diferencia importante: Erdogan quiere una clase política en el poder opuesta a los mulás, pero en lo que concierne a la ideología estatal y al estilo de vida, el regreso a la tradición otomana es inequívoco.

Con las amenazas lanzadas por su presidente, Turquía se ha ganado una reputación de país agresivo y beligerante. Pero de hecho la política turca ha sido muy mesurada (sólo hay que pensar en los recientes choques con Rusia, Estados Unidos e Israel).

Esta política ha dado sus frutos. La reacción internacional a las medidas estadounidenses contra Turquía ha sido casi universal: Erdogan recibió promesas de apoyo del presidente francés y de la canciller alemana, además de la promesa de un gran crédito de un pequeño Estado del Golfo. Aunque es dudoso que esas declaraciones se traduzcan en nada concreto, muestran que las tácticas de Trump en este caso particular han sido poco inteligentes y muy impopulares. Han puesto de manifiesto el aislamiento de Estados Unidos en la escena internacional.

¿Qué pasará ahora? Erdogan probablemente aprenderá la lección de que Turquía no es todavía una superpotencia. Aun cuando ha hecho considerables progresos económicos, aún le queda mucho por hacer para convertirse en una gran potencia. ¿Aprenderá Estados Unidos alguna lección de esta sorprendente manifestación de la falta de apoyo con que cuenta en el panorama internacional? Turquía se enfrenta a un dilema; su enemigo tradicional ha sido Rusia, pero ahora EE.UU. es probablemente más odiado. En otras palabras, Turquía no puede ir muy lejos en su política antiestadounidense porque Rusia está cerca y Estados Unidos, lejos. La ambición de Turquía ha sido liderar a los países árabes en Oriente Medio, pero tal ambición no es compartida por la mayoría de los árabes. Entonces, ¿a quién representará la futura superpotencia turca? Parece que Erdogan y quienes comparten sus ideas no se han planteado todavía esta cuestión. Pese a todo el progreso realizado, el papel de Turquía en el mundo del futuro será modesto y no cabe hacerse ilusiones al respecto.

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