Trump ordena estrangular la economía de Corea del Norte

Trump ordena estrangular la economía de Corea del Norte

El presidente de EEUU sancionará a las empresas extranjeras que comercien con Pyongyang y asegura que China ha decidido impedir a sus bancos hacer negocios con el régimen

Washington - 21 SEP 2017 - 16:01 ART

Estrangular antes que disparar. Donald Trump elevó ayer como nunca antes la presión económica contra Corea del Norte. En un intento de frenar su vertiginoso programa nuclear y balístico, ordenó sancionar a aquellas compañías y particulares extranjeros que comercien con Pyongyang. Un golpe que afecta directamente a China, destino del 90% de las exportaciones norcoreanas, pero que, según Trump, no le llega por sorpresa. “El Banco Central de China ha ordenado a los otros bancos que dejen inmediatamente de hacer negocios con Corea del Norte“, avanzó el presidente.

Trump dio un nuevo acelerón. Si el martes amenazó con la “destrucción total” del régimen de Kim Jong-un, ayer llevó los mecanismos de presión económica hasta sus extremos. La imposición de sanciones a quienes negocien con Corea de Norte supone un estrangulamiento de facto y una de las últimas bazas que le quedaba a Estados Unidos para frenar la alocada carrera nuclear de Pyongyang.

“El desarrollo armamentístico y balístico de Corea del Norte es una grave amenaza contra la paz y la seguridad de nuestro mundo. Es inaceptable que se dé apoyo financiero a este régimen criminal que no respeta a sus propios ciudadanos ni la soberanía de otras naciones. Por eso, una orden ejecutiva cortará las fuentes de financiación del esfuerzo armamentístico de Corea del Norte. Y el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, podrá apuntar a cualquier banco que facilite transacciones comerciales con dicho país”, afirmó Trump poco antes de su reunión en Nueva York con el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-In, y el primer ministro japonés, Shinzo Abe.

El tiránico Líder Supremo, Kim Jong-un, está viendo desplegarse ante sus ojos la ingeniería punitiva de Washington. Demagógico y amenazante, cada paso suyo recibe una respuesta más contundente. Tras probar a principios de mes una bomba de hidrógeno de 250 kilotones, el Consejo de Seguridad de la ONU le aplicó una nueva ronda de sanciones. Y al posterior ensayo de un misil que sobrevoló territorio japonés, le siguió la amenaza directa de EEUU de que su pulso podía acabar en un conflicto armado.

“No se puede aceptar que esta banda criminal se arme con misiles nucleares. Tenemos una gran paciencia pero si nos vemos obligados a defendernos a nosotros o a nuestros aliados, no tendremos otra opción que destruir totalmente a Corea del Norte. Ya es hora de que se dé cuenta de que la desnuclearización es su único futuro. El hombre cohete está en misión suicida consigo mismo”, clamó el mandatario el martes ante la Asamblea General de la ONU.

Fue un discurso beligerante, que mostró a un Trump fiel a sus esencias radicales y que marcaba con claridad el camino a seguir por su Administración contra Pyongyang: castigos económicos cada vez más duros, pero también amenazas de aniquilación.

Esta respuesta militar, según los expertos, es lejana e improbable. Pero ha entrado en la narrativa oficial con un objetivo definido. Tanto el presidente como el generalato ven en este recurso un arma de doble filo: trazar un límite claro a Pyongyang y propulsar la vía diplomática.

El resultado de la combinación es una incógnita. El Departamento de Estado confía en que el estrangulamiento comercial derive en una solución similar a la que se logró con Irán. Pero también teme que los efectos de las sanciones no sean lo suficientemente rápidos como para impedir que Pyonyang, que tras ocho rondas punitivas de la ONU no ha variado un ápice su carrera armamentística, complete su objetivo de disponer de un misil nuclear intercontinental. Esta posibilidad alimenta el mayor de los temores: que el pulso se extreme y derive en una intervención militar, aunque sea quirúrgica. “Queremos ser responsables y agotar todas las vías diplomáticas. Tenemos el apoyo de Rusia y China. Pero si esto no funciona, el jefe del Pentágono, el general Jim Mattis, se hará cargo del asunto”, ha alertado Haley.

Este último escenario es rechazado de plano por Rusia, China y Alemania. “Cualquier solución militar es inapropiada; la respuesta correcta son las sanciones”, ha declarado la canciller alemana, Angela Merkel. Mucho más contemporizador ha sido el presidente francés, Emmanuel Macron, quien ha señalado que “las amenazas militares pueden servir desde un punto de vista táctico” para que Corea del Norte cambie de rumbo y abra negociaciones. Un objetivo en el que está empeñado Trump.

Corea del Sur, por la vía pacífica

La vía sancionadora es la preferida por los dos grandes aliados de Estados Unidos en la zona de conflicto. Ni Corea del Sur ni Japón son favorables a una solución militar que pondría en peligro su propio territorio. Prefieren el castigo económico como forma de abrir la negociación y lograr que Pyongyang abandone su programa armamentístico nuclear.

Esta línea fue expresada hoy por el presidente surcoreano, Moon Jae-In, en su alocución en la ONU. “Es importante gestionar la situación de forma estable: todos nuestros esfuerzos deben estar destinados a prevenir el estallido de una guerra y mantener la paz. Hay que tener la cabeza fría y evitar enfrentamientos militares accidentales”. Para Moon, el camino a seguir es de las “sanciones y la presión”. “Pero no queremos el colapso ni la unificación por absorción o medios artificiales”, afirmó.

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