Trump coloca a China en el centro de la contienda electoral

Trump coloca a China en el centro de la contienda electoral

27/07 - 22:53 - A menos de 100 días de la votación, la Casa Blanca revoluciona su política exterior

Cuando el domingo Donald Trump anunció que se veía obligado a renunciar -en año electoral- a ser el protagonista del primer lanzamiento de la temporada de béisbol en el estadio de los Yankees de Nueva York, el 15 de agosto, el presidente apuntó a un culpable directo: «el virus de China». Pasado ya el plazo de los 100 días para los comicios en los que se juega la reelección, el presidente, a la baja en las encuestas, ha ido dibujando a un adversario claro a batir junto a los demócratas: China, y sus equívocos con el coronavirus; su apenas disimulado espionaje industrial; sus malas artes en comercio, y sus ansias expansionistas en el resto de Asia.

Lo que hace apenas cuatro meses era una provocación -llamar al coronavirus «el virus chino»- se ha convertido en la norma en la Casa Blanca, a todos los niveles. El razonamiento es que el electorado percibirá esta pandemia, y la ruina económica que ha traído con ella, como obra y responsabilidad de China, y, según ese punto de vista, Trump es el único capaz de detenerla. Según dijo ayer en la cadena Fox News Peter Navarro, principal asesor económico de la Casa Blanca, «este es el único presidente capaz de arreglar la situación en la mitad o un tercio de lo que tardaría el resto, porque ataca al virus de China en todas sus variantes».

Sólo dentro de esa estrategia de establecer dos polos opuestos entre Trump y Pekín se entiende el incendiario discurso que el ministro de Exteriores, Mike Pompeo, dio el jueves ante la tumba de Richard Nixon en California, en el que abjuró de la que se considera la mayor hazaña de todo el mandato del único presidente que ha dimitido en la historia del país, por el escándalo del Watergate. «Aquel viejo paradigma de entrega ciega a China ya no funciona. No podemos mantenerlo. No podemos volver a él», dijo Pompeo, unas palabras que los medios de izquierda, como The Atlantic, han calificado de «surrealistas», «equivocadas» y «dignas de la Guerra Fría». Nixon, republicano como Trump, restableció relaciones diplomáticas con China y hasta visitó el país.

Moneda corriente

La semana pasada, la Casa Blanca ordenó el cierre inmediato del consulado chino en la ciudad texana de Houston. Según la portavoz de la diplomacia estadounidense, Morgan Ortagus, ese cierre fue una respuesta a «violaciones de nuestra soberanía, intimidaciones a nuestro pueblo, prácticas comerciales injustas, el robo de empleos estadounidenses y otros comportamientos reprobables».

Los ataques a China son moneda corriente en la Casa Blanca. Emergen en cada rueda de prensa, en cada corrillo ante los periodistas, en cada discurso y en cada recepción.

La razón, según Ryan Hass, que dirigió la política hacia China en el Consejo de Seguridad Nacional de Barack Obama y a quien ahora emplea el instituto Brookings es «reorientar la relación entre EE.UU. y China hacia una rivalidad sistemática que no pueda revertirse sea cual sea el resultado de las próximas elecciones. Creen que esta reorientación es necesaria para poner a EE.UU. en una posición competitiva frente a su rival geoestratégico del siglo XXI».

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