Trudeau se juega hoy en las urnas caer en su propia trampa

Trudeau se juega hoy en las urnas caer en su propia trampa

El primer ministro de Canadá convocó elecciones anticipadas para acaparar más poder y este lunes se juega perderlo

El anuncio pilló por sorpresa a buena parte de Canadá, muchos quizá de vacaciones. El 15 de agosto, con la mirada del mundo puesta en Kabul y en la evacuación caótica de la capital afgana ante la llegada de los talibanes, Justin Trudeau convocó elecciones anticipadas. El primer ministro canadiense, limitado a un Gobierno de minoría tras su victoria insuficiente en las elecciones de hace dos años, quería todo el poder: conquistar una mayoría parlamentaria que no le haga depender de otras formaciones políticas para sus decisiones.

La apuesta se decide este lunes, el día en el que los canadienses están llamados a las urnas para elegir la Cámara de los Comunes, algo que no estaba previsto hasta octubre de 2023. Y Trudeau corre el riesgo de que le salga el tiro por la culata: su partido, el Liberal, llega a la cita en empate técnico en las encuestas con el Partido Conservador, liderado por Erin O’Toole.

«Los canadienses necesitan decidir cómo terminamos la batalla contra el Covid-19»

En el momento del anuncio de la convocatoria electoral, Trudeau justificó el adelanto en el «momento decisivo» por el que atraviesa Canadá, amenazado por «una pandemia global, una recesión global y una crisis climática global».

«Los canadienses necesitan decidir cómo terminamos la batalla contra el Covid-19 y nos recuperamos con fuerza, desde acabar el trabajo con las vacunas al apoyo a la gente hasta el final de esta crisis», dijo entonces Trudeau, que busca un gasto multimillonario para paliar los efectos sanitarios y económicos de la pandemia. «Las decisiones que tome ahora vuestro Gobierno definirán el futuro en el que crecerán vuestros hijos y nietos».

Interés político

Es sabido que cada elección es la más importante y decisiva de la historia -o eso dicen quienes las disputan-, pero que esta se celebre tiene que ver con el propio interés político de Trudeau. El primer ministro venía impulsado por su gestión hasta el momento de la pandemia y quería capitalizarlo. Poco antes del anuncio, según el acumulado de encuestas de 338Canada, los Liberales estaban un poco por encima de los 170 escaños, el umbral de la mayoría absoluta.

«No deberíamos arriesgar eso por juegos o intereses políticos»

La convocatoria fue recibida con críticas feroces por parte de sus contrincantes políticos. «Estábamos por fin en un punto en el que, gracias a los esfuerzos de todos los canadienses que se quedaron en casa, que se hicieron test o que se vacunaron, podemos ver otra vez a nuestros seres queridos, a nuestros amigos y familia», dijo O’Toole. «No deberíamos arriesgar eso por juegos o intereses políticos».

También le criticó el líder del izquierdista Nuevo Partido Democrático, Jameet Singh, que lo calificó de «elección egoísta de verano». Y también Yves-François Blanchet, líder de los separatistas de Quebec -Bloc Québécois, que calificó la convocatoria de «irresponsable».

Una idea cada vez peor

El problema para Trudeau es que, con el paso de los días y de las semanas, su idea cada vez parece peor. La convocatoria electoral se produjo cuando la media diaria de casos en Canadá empezaba a subir por el efecto de la variante Delta y se registraban algo menos de 1.900 al día. Esa media está ahora alrededor de 4.300 infecciones.

En esas circunstancias, la idea de llevar a los canadienses a las urnas -precisamente, para dar todo el poder a Trudeau para la gestión de la pandemia- se ha acabado por convertir en una trampa para el primer ministro. A pesar de las facilidades para el voto por correo y de que se repartirán 16 millones de lápices para que los votantes no tengan que compartirlos a la hora de rellenar sus papeletas, pocos canadienses celebran la convocatoria electoral en un momento como este.

El pasarela triunfal que Trudeau esperaba caminar hacia una nueva mayoría absoluta -disfrutó de ella en su primer mandato, entre 2015 y 2019-, se ha convertido en un barrizal. Un sector pequeño, pero muy activo, de canadienses combate las medidas anticovid, mientras que el primer ministro busca imponer la obligatoriedad de la vacuna para funcionarios y pasajeros de avión y tren. Los antivacunas le han tirado gravilla en un mitin electoral y le forzaron a suspender otro.

Problemas para Trudeau

Al mismo tiempo, se han acumulado otros problemas. La inflación ha llegado esta semana a máximos para los últimos 18 años. Trudeau ha visto reaparecer el fantasma de uno de los peores escándalos de su vida como primer ministro: Jody Wilson-Raybould, la fiscal general que le involucró en un caso de trato preferente a una gran empresa, acaba de sacar un libro crítico con Trudeau. También arrastra otro escándalo del año pasado, por el contrato a dedo de un programa relacionado con la pandemia a una organización vinculada a su familia.

Enfrente tiene a O’Toole, un abogado y exmilitar, que se ganó el liderazgo del partido en las primarias del año pasado con un discurso conservador, pero que ahora ha evolucionado hacia un mensaje más moderado para ampliar su electorado. Buena parte de su campaña está en criticar de forma personal a Trudeau, un líder que ha perdido el carisma y la frescura de su llegada al poder en 2015, cuando ofrecía idealismo y, como dijo en su discurso de victoria, «maneras soleadas».

«Se podría decir que es mucho de hablar y poco de hacer, pero es peor»

«Se podría decir que es mucho de hablar y poco de hacer, pero es peor», dijo O’Toole en un mitin sobre el primer ministro. «Es una persona tan ciega de ambición que no puede ver lo podrido en su propio partido. Es un hombre que no es un feminista, ni un ecologista, ni un servidor público. Es un hombre que está única y completamente centrado en sí mismo».

Trudeau ha buscado retratar a O’Toole como alguien que busca un retroceso en Canadá en asuntos como la sanidad pública o el control de armas, le ha acusado de alinearse con las «turbas antivacunas» y de seguir una posición tibia con el Covid-19. Por ejemplo, cuando este año aplaudió la decisión del gobernador de la provincia de Alberta, el conservador Jason Kenney, de levantar restricciones, algo a lo que ahora ha tenido que dar marcha atrás.

Quizá el agravamiento de la situación con la pandemia actúe en favor de este discurso de Trudeau y le confiera un empujón final. Pero la realidad es que su ventaja en las encuestas se ha deteriorado hasta casi desaparecer, con liberales y conservadores en el entorno del 32% de los votos. Mucho tendrán que cambiar las cosas para que O’Toole o Trudeau puedan gobernar en solitario. Ambos tendrán que encontrar apoyos en el arco parlamentario, incluidos los separatistas de Quebec, que intentarán sacar tajada. Evitar cosas así es lo que quería el primer ministro y, cuando Canadá está a punto de votar, quizá su situación empeore.

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