Terremoto de protestas en Australia contra el confinamiento y las vacunas

Terremoto de protestas en Australia contra el confinamiento y las vacunas

Tras seis encierros en los últimos 18 meses, ciudades como Melbourne empiezan a sufrir en sus calles la indignación de miles de personas

Temblor bajo tierra. Un terremoto de magnitud 5.9 golpeó el miércoles por la mañana el noreste de Melbourne, la segunda ciudad más grande de Australia, país que rara vez sucumbe a la actividad sísmica por encontrarse en el centro de una placa tectónica. Concretamente, el terremoto sacudió con más fuerza el suburbio de South Yarra. Los bloques de edificios vibraron unos segundos y los vecinos salieron en estampida de sus casas. No hubo que lamentar víctimas.

Temblor en las calles. Por tercer día consecutivo, cientos de manifestantes han vuelto a salir a protestar en el centro de Melbourne. Se han repetido las mismas escenas que en día anteriores: la policía dispersando la manifestación con balas de goma y gases lacrimógenos.

Temblor en la Administración. Las autoridades ya no pueden controlar el hastío a las restricciones de la pandemia por parte de unos ciudadanos que llevan seis confinamientos en los últimos 18 meses.

Pero el detonante final que ha empujado a mucha gente a salir a la calle a protestar fue cuando los funcionarios del estado de Victoria, donde se encuentra Melbourne, anunciaron que la vacunación era obligatoria para todos los trabajadores de la industria de la construcción. La extraña excusa: alrededor del 13% de los casos de Covid activos actualmente están vinculados a lugares llenos de operadores de obra que trabajan en alguna construcción.

El lunes, los antidisturbios dispersaron a unos 500 manifestantes que rompieron la puerta de las oficinas del Sindicato de la Construcción y Energía, que representa a los trabajadores del sector. Al final, 200 personas fueron arrestadas. El sindicato emitió un comunicado condenando la violencia y atribuyó las acciones de los manifestantes a "extremistas". Apuntaron que entre la multitud estaban infiltrados "neonazis y otros grupos de extrema derecha".
Cansados de estar encerrados

Otros manifestantes, tras ver el devenir violento de las protestas, avisaron de que los grupos neonazis y los anti vacunas se habían organizado en las redes sociales para aparecer vestidos como obreros y provocar el caos en lo que era una convocatoria de protesta pacífica. El martes, cuando las autoridades frenaron todas las obras en la ciudad, se repitieron los mismos altercados con la policía.

Ahora, tras el mandato de las vacunas (el 38.2 % de la población ha recibido las dos pautas de los sueros), las protestas cada día son más multitudinarias en Melbourne. Pero los vecinos de esta ciudad de cinco millones de habitantes comenzaron las manifestaciones a principios de septiembre, cuando la variante Delta empezó a disparar los contagios y las autoridades retomaron viejos encierros. El historial de Melbourne, en cuanto a las aperturas y cierres de sus puertas, es único en esta pandemia.

El Gobierno australiano se ha pasado el último año y medio siguiendo la estrategia de Covid Zero, muy diferente a la que se aplica en Estados Unidos o en Europa. La premisa de estos meses: mejor encerrar a la mitad de la población y bloquear ciudades enteras unos días, que esperar a que los brotes empeoraran. Daba igual el número de contagios que hubiera. Si aparecía un puñado de nuevos casos que amenazaban con borrar los avances logrados, se retomaban viejos confinamientos, bloqueos y restricciones.

Así hizo Melbourne, confinándose hasta en seis ocasiones en periodos de dos o tres semanas cada vez que aparecían una decena de contagios diarios. Australia acabó agosto tratando de controlar una tercera ola de infecciones y bloqueó a más de la mitad de sus 25 millones de habitantes.

Las autoridades extendieron el 1 de septiembre el bloqueo de Melbourne por otras tres semanas. Algo que no hizo mucha gracia a sus residentes. Más de 4.000 personas salieron a las calles sin mascarillas para protestar y se enfrentaron a la policía. La manifestación acabó con 218 personas arrestadas.

Al llegar septiembre, el primer ministro australiano, Scott Morrison, se dio por vencido. "Es absurdo seguir así. Los encierros no son una forma sostenible de vivir en este país", escribió a finales de agosto en un artículo de opinión distribuido a los medios locales.

"Según nuestro plan nacional, cuando comencemos a alcanzar los objetivos de vacunación del 70% y el 80%, podemos empezar a reclamar lo que el Covid nos ha estado quitando. Y cuando lo hagamos, no debemos dejarnos intimidar por los números de casos que inevitablemente aumentarán", continuó. "Necesitamos salir y vivir en este nuevo mundo. No podemos quedarnos en la cueva y sólo escapar de ella cuando sea seguro", sentenció.

En total, Australia ha informado de 88.710 contagios y 1.178 fallecidos. Sólo en Melbourne se han reportado más de 30.000 casos y 836 muertos por el coronavirus. El país lleva con sus fronteras cerradas desde marzo de 2020 y prevé que así sigan, según comunicó en mayo Simon Birmingham, ministro de Finanzas, hasta 2022.

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