Temer evita en el Congreso ser juzgado por el Tribunal Supremo

Temer evita en el Congreso ser juzgado por el Tribunal Supremo

Logró suficientes votos para no tener que dimitir por graves acusaciones penales

El presidente Michel Temer es el más impopular de la historia de Brasil, pero probablemente el más hábil en los meandros del Congreso, donde hasta última hora confió en garantizar su permanencia en el cargo, y evitar un juicio penal por corrupción en la Corte Suprema, casi un año después de un proceso similar que suspendió a su antecesora, Dilma Rousseff. Al final, la estrategia de Temer logró imponerse y evitó «in extremis» tener que dimitir y, por lo tanto, ser procesado por corrupción en el Tribunal Supremo. El mandatario, que tiene apenas un 5% de aprobación, ha pasado el último mes negociando acuerdos con congresistas de su base de apoyo y ha echado mano de todo tipo de maniobras para alcanzar los 172 votos que necesitaba entre los 513 congresistas, de los que acudieron a votar 488, por lo que necesitaba de un mínimo de 163. Anoche, Temer logró superar esa cifra, lo que le devuelve una calma política que nunca ha tenido desde que sustituyó a Rousseff.

Para tener votos suficientes y evitar su destitución, Temer hizo venir a diez de sus ministros, que también son diputados, y pidió incluso la presencia de un congresista que estaba de baja médica. Las maniobras, nada discretas, llevaron a representantes de su Gobierno a discutir proyectos y prometer fondos presupuestales a parlamentarios durante la misma sesión donde se decidió el futuro de Temer.

Maniobras del mandatario

«En los últimos dos meses, prácticamente todas las acciones políticas tomadas en Brasilia han girado alrededor de un único factor: Temer necesita 172 votos para que la Cámara Baja bloquee su juicio en la Corte Suprema», explica Bruno Carazza, especialista en políticas públicas y gestión gubernamental, que ve en las maniobras un oportunismo sin límites y procedimientos antidemocráticos, tanto del presidente como de los congresistas.

 

En un editorial, «Globo», el grupo de comunicaciones más importante del país, defendió la aprobación del proceso contra Temer como la mejor alternativa para el país. Asimismo señaló que las reformas económicas de su Gobierno no justifican que sea inmune a las investigaciones y a la denuncia presentada por el Fiscal General, Rodrigo Janot. Por lo que recomienda que se use contra Temer la misma vara con la que el Ministerio Público está midiendo al expresidente Lula, condenado por corrupción pasiva en una de las investigaciones en las que está implicado.

A diferencia de Rousseff, juzgada por responsabilidad política, el Congreso decidía el destino de Temer a partir de una grave denuncia de corrupción. Temer fue grabado por el empresario Joesley Batista, dueño de JBS, la mayor industria cárnica mundial, en una conversación que dejaba patente sus malas prácticas. Y no ha conseguido explicar por qué uno de sus hombres de confianza, el exdiputado Rodrigo Loures, fue filmado recibiendo una maleta con medio millón de reales.

En la acusación el fiscal ha incluido los testimonios de siete ejecutivos de JBS, que confirman la participación de Temer en sobornos, blanqueo y desviación de fondos para su partido. Según Batista, su empresa pagaba sobornos a Temer y a su partido desde 2010, información negada por el presidente.

Impopular

En la última encuesta de la Confederación Nacional de Industria (CNI), además de la baja aprobación, el Gobierno tiene un 70% de reprobación y es visto como peor que el de Dilma Rousseff. A su vez, una encuesta del instituto Ibope publicada hace dos días muestra que el 81% de los electores brasileños están a favor del proceso contra el presidente.

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