Svetlana Tijanovskaya: "Si Lukashenko cede el poder ya, los bielorrusos le dejarán irse

Svetlana Tijanovskaya: "Si Lukashenko cede el poder ya, los bielorrusos le dejarán irse

La líder de la oposición unificada bielorrusa asegura desde Lituania que prepara la transición y su regreso "a una Bielorrusia libre".

Antes de que a los bielorrusos el miedo les entrase por los ojos viendo los golpes de la policía, a Svetlana Tijanovskaya le entró por una oreja. El teléfono sonó en el extraño silencio de su casa. Acababa de tomar la decisión de presentarse a presidenta en sustitución de su marido, Serguei Tijanovski, arrestado por el régimen del presidente Alexander Lukashenko. Una voz al otro lado del auricular le dijo que si seguía adelante irían a por ella y a por sus hijos.

En su conversación con EL MUNDO, Tijanovskaya (Mikashevichy, URSS, actual Bielorrusia, 1982), mide sus palabras. Sonríe cuando la llaman la 'Juana de Arco' bielorrusa por haber provocado una ola cívica tan grande que casi nadie creyó los resultados oficiales que dieron un 80% de los votos a Lukashenko. Pero aprieta la mandíbula al recordar que lleva tres meses sin ver a su marido, confinado en una minúscula celda en Minsk. Su pulso contra el miedo quedó en tablas cuando, al ir a presentar un recurso contra los resultados electorales, se encontró con dos jefes del KGB bielorruso que la estaban esperando en la oficina. No quiere contar lo que pasó en esas seis horas de presiones y amenazas que la hicieron huir a las pocas horas a Lituania. Desde la capital, Vilna, prepara la transición. Y su regreso "a una Bielorrusia libre".

Usted sostiene que Lukashenko ya no es el presidente del país. ¿Qué van a hacer con él y con su estructura de poder?
Es la primera vez en la historia democrática de Bielorrusia que la gente pierde la confianza en su presidente. Ahora mismo nosotros no podemos responder a esta cuestión: qué hacer con Lukashenko. Pero los bielorrusos no queremos venganza: a pesar de que sabemos que ha cometido muchos crímenes, esos delitos tienen que ser probados en los tribunales. Nuestro pueblo es muy bondadoso, así que si ahora Lukashenko para, si deja el poder ahora mismo, estoy segura de que los bielorrusos le dejarán marcharse.

¿Es el exilio una opción?
Depende de él. No puedo decidir yo. Es decisión suya.

Pero quedará un sistema por desmontar.
Nuestra gente está preparada para llevar esto a cabo. No será difícil desmontarlo. Lo transformaremos en algo distinto, nos acostumbraremos a vivir en un país diferente. ¡Seremos capaces!

Usted sostiene que el caso de Bielorrusia en 2020 no es el de Ucrania en 2014. ¿Por qué?
Lo primero, porque nuestra gente es pacífica. No queremos ningún tipo de guerra dentro del territorio de Bielorrusia. Por eso pedimos al resto de los países que respeten nuestra soberanía: somos pacíficos y no queremos operaciones de ningún tipo en nuestro territorio. No somos ni proeuropeos ni antirrusos.

¿Por qué es tan importante para Bielorrusia tener buenas relaciones con Rusia?
Porque tenemos una muy buena relación comercial, Rusia es un gran mercado para nuestros productos. Existen lazos históricos, somos casi el mismo pueblo. Somos vecinos. Estamos unidos por una misma historia, hablamos ruso igual que ellos. No podemos romper con eso: nadie en Bielorrusia lo desea.

¿Está decepcionada con el apoyo ruso a Lukashenko?
No puedo decir que estemos decepcionados. En el caso de Vladimir Putin, tiene derecho, como cualquier líder, a reconocer los resultados del 9 de agosto, como ha hecho, o a no hacerlo. Pero sé que la gente en Rusia nos está apoyando en la lucha por nuestros derechos.

Le preguntaba por el Gobierno ruso, que a día de hoy sigue siendo el principal apoyo del presidente Lukashenko.
[Suspira profundamente] Incluso si los rusos aceptan este resultado, la realidad es que los bielorrusos no aceptan a este presidente. El resto nos tiene que dar igual. Otra cosa es el juego político entre líderes, pero al fin y al cabo Rusia no es el único país que reconoció los resultados [que dan la victoria a Lukashenko], también otras naciones lo hicieron. Y en todo caso esto no debería influir en los bielorrusos, porque es un asunto nuestro como país y de nadie más.

Bielorrusia sigue siendo un país muy machista, el propio Lukashenko la ha despreciado a usted y a sus compañeras diciendo que "dan pena" y que el país no está preparado para tener una presidenta. ¿Cómo han conseguido hacer historia tres mujeres en la campaña electoral con todo esto en su contra?
Es todo mérito de la gente bielorrusa. No es tanto que nos apoyaran, la clave es que están todos en contra de Lukashenko. Y por eso en este escenario tantos apostaron por la libertad y por el futuro de Bielorrusia. Y votaron juntos contra la misma persona.

Tras las primeras protestas, Lukashenko primero ofreció modificar la constitución. Luego agarró el fusil ante las cámaras. ¿Qué está intentando?
Creo que muestra una cosa: él también está asustado. No sabe qué hacer. Entiende que la gente no le quiere y que no va a cambiar de opinión. Y por primera vez no sabe cómo salir de ésta.

Usted fue profesora de idiomas, después ama de casa. Apenas tiene experiencia en política. ¿Por qué la gente debería confiar en usted?
La gente confió en mí porque no soy un político. Soy una persona normal, como mucha gente que me apoyó. Los entiendo. Me miran a mí y se ven a ellos mismos luchando contra una sola persona.
¿Cuál fue el momento en el que sintió más miedo?

La verdad es que no puedo escoger, he tenido muchos días muy duros. He sentido miedo durante toda la campaña electoral. Si tengo que señalar un instante, diría que fue cuando recibí una llamada de teléfono de una persona que me amenazó a mí y a mis hijos.

¿Cuándo volverá a Bielorrusia?
Cuando por fin tengamos un diálogo con las autoridades de cara a una transición. Cuando percibamos que hay unas negociaciones que apuntan hacia unas elecciones transparentes, justas y libres. Creo que entonces el país será lo suficientemente seguro para poder volver.

Usted dice que recibió la mayoría de los votos. ¿Cómo ha calculado ese apoyo?
Nunca sabremos las cifras reales. Pero hemos visto el apoyo que la gente me ha mostrado. Sabemos que somos mayoría. Está claro quién ha ganado y quién ha perdido.

¿Cómo ha resistido 26 años Lukashenko en el poder?
Toda su política está basada en el miedo. Atemoriza a su pueblo, que vive reprimido y aterrado por sus políticas.

Y por fin algo ha cambiado.
Han pasado muchas cosas. La nueva generación de bielorrusos ha viajado mucho y ha visto cómo se vive en otros países, donde las autoridades respetan a la gente. Además, la Covid-19, que Lukashenko negó, ha hecho a la gente ser más consciente. No sucedió de repente, pero hemos entendido que somos ciudadanos, tenemos derechos. No es normal acabar en prisión por defender nuestras ideas. Tenemos derecho a protestar, a elegir y a ser elegidos. La gente ha despertado y está dispuesta a luchar por su libertad y su seguridad.
¿Como imagina su país en cinco años?
En cinco años podemos ser un país estable desde el punto de vista económico. Un país libre, pero también con buenos salarios. Un país donde las autoridades no amenacen, sino que nos sonrían, y nosotros a ellas. Lo que sucede en los países europeos.
En Minsk y otras ciudades hay mucha gente que acaba de salir de los centros de detención. Están todavía doloridos por las torturas, pensando si deben volver a manifestarse o estar seguros en casa. Usted ha estado en esa encrucijada, y se marchó ¿Qué les diría ahora?
[Guarda silencio unos segundos] Depende de cada persona. No podemos forzar a nadie. Entiendo a la gente que tiene miedo, porque el dolor es demasiado fuerte. Pero otros lo ven distinto, gente que ha sido torturada y que también tiene miedo, pero que por otro lado, no pueden perdonar haber sido tratados así. No somos esclavos.

Escuchando a bielorrusos estos días, da la sensación de que ahora la oposición a Lukashenko va más allá de la política...
Desde luego. Lukashenko es enemigo de la dignidad de la gente. En un primer momento, los ciudadanos salieron a luchar contra el recuento 'oficial' de las elecciones la misma noche de las votaciones. Pero lo que pasó después, toda la violencia contra la gente... Fue un 'shock' para todos. ¡Levantó tal ola de odio, fue tal la incredulidad y la incomprensión por lo que estaba pasando! Lukashenko se convirtió en enemigo del pueblo. Incluso los que dudaban dejaron de hacerlo ante los crímenes que ha cometido.

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