Santa Sofía se reestrena como mezquita ocho décadas después ante una inmensa afluencia de fieles

Santa Sofía se reestrena como mezquita ocho décadas después ante una inmensa afluencia de fieles

La reconversión impulsada por Erdogan se completa apenas dos semanas después de su autorización judicial, con la primera llamada a la oración en el templo en 85 años.

Alrededor de la mezquita no cabe un kufi. Sólo en las inmediaciones y dentro del templo de Santa Sofía, que dejó de ser museo hace dos semanas para cumplir con una sentencia judicial favorable a los intereses del Gobierno turco, es posible mantener la distancia social. En las calles del Estambul histórico, que desembocan en una de las maravillas de la Edad Media, la Policía apenas puede poner orden en la inmensa afluencia de fieles musulmanes que tratan de comulgar con Dios allí por primera vez en 85 años.

Algunos piadosos llevaban desde el jueves por la noche haciendo guardia para procurarse un puesto cerca del edificio, finalizado durante el imperio romano oriental de Justiniano, convertido en mezquita tras la conquista otomana de la ciudad y desconsagrada en 1934 bajo las políticas laicas de Mustafa Kemal 'Atatürk'. Ataviados muchos con vestimentas islámicas y con una pequeña alfombra sobre la que arrodillarse mirando a la Meca, miles recitaban el Corán mientras aguardaban al presidente turco.

Recep Tayyip Erdogan, uno de los impulsores de la reconversión de Santa Sofía en mezquita, ha seguido de cerca los trabajos para adaptar el edificio al culto islámico. Según medios locales, fue él, personalmente, quien escogió el color turquesa de la alfombra extendida en gran parte del suelo, excepto sobre el omfalion, el espacio donde se coronaba a los emperadores bizantinos. Exigió, asegura el fabricante del piso, que la lana fuese de fabricación turca.

Hasta ahí llega el simbolismo perseguido por el líder turco y que, según sus críticos, sirve para cubrir los problemas económicos a los que se enfrenta el país, agravados por las consecuencias de la pandemia. Algunos de esos críticos habían expresado su preocupación por algunos trabajos, como los hechos para cubrir la iconografía cristiana ortodoxa del templo. Aparentemente, un sistema de cortinas blancas, colgadas de un gancho mecánico, permitirá tapar la Madre de Dios del ábside durante las horas de rezo.

Las autoridades turcas han insistido en que, pese a los cambios, los turistas podrán seguir visitando el templo. Además, subrayan, la entrada será gratuita a partir de ahora. Eso sí, los visitantes externos sólo podrán acceder a él durante las horas en que no haya rezo, y deberán cumplir una serie de pautas de recato en la vestimenta. Las medidas serán similares a las que se aplican en la cercana Mezquita Azul, otra de las obras más conocidas de Estambul.

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