Rusia y China vetan el envío de ayuda humanitaria al norte de Siria

Rusia y China vetan el envío de ayuda humanitaria al norte de Siria

Organizaciones humanitarias como Amnistía Internacional alertan de que, en plena pandemia de coronavirus, muchas personas pueden quedarse sin una ayuda crucial.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no ha podido aprobar esta madrugada una resolución crucial para que millones de sirios reciban alimentos o soporte sanitario. Los votos de rusos y chinos, tradicionalmente favorables a los intereses del Gobierno sirio, han bloqueado la propuesta, que pretendía prolongar, por un año más, el uso de dos pasos fronterizos para trasladar ayuda humanitaria desde Turquía hacia zonas fuera del control gubernamental.

La resolución se renueva periódicamente desde 2014. El permiso vigente, firmado el enero pasado, caduca este viernes. A partir de entonces, si no hay una renovación, organizaciones humanitarias como Amnistía Internacional alertan de que, en plena pandemia, muchas personas pueden quedarse sin una ayuda crucial. "Es imposible exagerar la importancia de garantizar que los pasos, el envío de ayuda vital, permanezcan en funcionamiento", alerta Sherine Tadros, directora de Amnistía para la ONU.

"Para millones de sirios, es la diferencia entre tener comida para comer y pasar hambre. Para los hospitales, se trata de tener suficientes suministros para salvar vidas. Es por eso que el abuso de Rusia y China del poder de veto es despreciable y peligroso", lamenta Tadros. El portavoz de la Secretaría General de la ONU, Stephane Dujarric, dijo anteriormente que estos pasos eran "vitales para el bienestar de los civiles en el noroeste de Siria... Sus vidas dependen de ellos".

El texto de la resolución vetada instaba a mantener abiertos, para la entrada de convoyes humanitarios, los pasos de Bab al Salama y Bab al Hawa. Son las vías más directas para alcanzar zonas de las provincias de Idlib y Alepo en manos opositoras, controladas por una amalgama de grupos armados, dominados por los extremistas, y habitadas por más de tres millones de civiles. Una tregua frágil ha mantenido el área libre de bombardeos indiscriminados durante los últimos meses.

Aunque el Gobierno sirio controla la mayor parte del país, su victoria territorial ha venido acompañada de una incipiente crisis económica, cuya máxima expresión ha sido la devaluación súbita de la divisa local. La cesta básica se ha encarecido un 111% en el último año. La Organización Mundial de la Salud asegura que más del 90% de los sirios viven bajo el umbral de la pobreza. El veto al acceso de ayuda humanitaria atenaza a la población del mismo modo y algunos temen, que también lo harán las recientes sanciones impuestas por EEUU a una serie de altos cargos de Damasco con poder en la economía.

La presión rusa y china forzó que, en la renovación de hace seis meses, los pasos fronterizos de al Ramtha -con Jordania- y al Yarubiah -con Irak- fuesen excluidos. Según el Centro de Información de Rojava, eso se ha traducido en "carestía severa de ayuda sanitaria" en la ciudad de Raqqa, "escasez" de bienes en el campamento de al Hol, que alberga a miles de mujeres vinculadas al Estado Islámico, junto con sus hijos, falta de acceso a fondos para tratar el Covid-19 e incluso la apropiación, por parte del Gobierno sirio, de ayuda humanitaria inicialmente destinada al noreste de Siria.

Los esfuerzos de Reino Unido y Bélgica para reabrir el paso con Irak, para facilitar la lucha contra la pandemia, han resultado en vano. Su propuesta ni tan siquiera apareció en la resolución vetada por Rusia y China quienes, a su vez, propusieron otra que limita el acceso de ayuda a sólo un paso fronterizo. Los 13 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU tienen 24 horas para pronunciarse sobre esta propuesta. El reloj sigue corriendo para las víctimas inocentes de la guerra siria.

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