Rusia quiere seguir teniendo la llave en la ONU

DIPLOMACIA

Rusia quiere seguir teniendo la llave en la ONU

Moscú ha preferido durante mucho tiempo el 'status quo' en la ONU porque cualquier modificación puede mermar la influencia del país Donald Trump dice que la ONU debe centrarse más en la gente y menos "en la burocracia"

Moscú ha preferido durante mucho tiempo el 'status quo' en la ONU porque cualquier modificación puede mermar la influencia del país

Donald Trump dice que la ONU debe centrarse más en la gente y menos "en la burocracia"

En la sede de Naciones Unidas todo el mundo sabe que el ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, es un gran aficionado a los puros. Tanto, que cuando era embajador de su país en la ONU, desafió la prohibición de fumar en las instalaciones recordando que el entonces secretario general, Kofi Annan, no era "el dueño del edificio". Aunque el líder de EEUU, Donald Trump, sea un magnate inmobiliario, tampoco es dueño de ese cuartel general de la diplomacia mundial. Si en algún momento se le olvida, allí va a estar Moscú para recordárselo.

Reforma de la ONU sí, pero obra de todos, concluyó el embajador ruso ante Naciones Unidas, Vassili Nebenzia, en una reciente entrevista con la agencia Tass. Aunque "las ideas presentadas en la declaración resultan atractivas a primera vista", únicamente se puede realizar una reforma mediante el diálogo entre todos los miembros y no con la firma de un texto presentado por un solo país, opina Nebenzia. "Todos apoyamos un mayor papel de la ONU en la arena internacional", pero la organización no necesita reformas drásticas.

En la propuesta de Trump figura un recorte de presupuesto para este año de 1.000 millones de dólares del fondo de mantenimiento de la paz. Esto impediría funcionar a la ONU, según el secretario general, Antonio Guterres. Trump ha acusado a las Naciones Unidas de ser "un club de gente que se reúne, charla y se lo pasa bien". El presidente norteamericano critica que sus gastos se han disparado, tal vez porque EEUU aporta casi una quinta parte del presupuesto de la ONU, más todavía si contabilizamos las misiones en el exterior.

La reforma de las Naciones Unidas ha estado presente de una manera o de otra en la agenda internacional desde la década de los noventa. Moscú, aunque sin cerrarse a los cambios, ha preferido durante mucho tiempo el 'status quo', pues cualquier modificación (especialmente en medio del vendaval diplomático que afronta el Kremlin desde que sus soldados ocuparon Crimea en 2014) puede mermar la influencia del país. La desintegración de la Unión Soviética redujo la proyección internacional del gobierno ruso, pero su posición en el Consejo de Seguridad (donde sigue siendo miembro permanente con derecho de veto) es una atalaya que retiene y a la que no quiere renunciar. Frantz Klintsevich, vicepresidente del comité de Defensa del Senado ruso, ha dicho que la cita propuesta por Trump "parece más bien un dictado que una reunión".

La Asamblea de la ONU no contará con la presencia del presidente ruso, Vladimir Putin, que ayer supervisó en el oeste de Rusia los masivos ejercicios militares Zapad 2017 organizados por Moscú y Minks. "La apretada agenda que tiene el presidente no le permitió participar en la sesión de la Asamblea General de la ONU, y esta no es la primera vez que ocurre. Así que, no hay nada sorprendente en ello", explicó el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov.

Rusia no puede estar cómoda en el papel de invitada a lo que puede convertirse en una plataforma de cambio más profundo. La cuestión de la reforma del Consejo de Seguridad ha sido ampliamente debatida en los últimos años y ha incluido propuestas de ampliar la composición permanente del organismo para incluir a las potencias emergentes. Rusia está incluida en el grupo de los BRICS, estandarte oficial de estos países y autor de una creciente declaración genérica para reformar la ONU y el Consejo de Seguridad para hacerlo "más representativo, eficaz y aumentar la presencia de los países emergentes". Pero Rusia (al igual que China) ya es miembro permanente de este selecto club y cree que "una reforma no debería convertir el Consejo de Seguridad en un órgano no controlado, amorfo o inflado. La rapidez de su reacción es otro de los principios clave". Estas palabras pertenecen al ministro ruso de asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, durante una entrevista concedida a la agencia de información ITAR-TASS en 2015. "Unos veinte miembros, poco más, sería lo correcto" para Moscú.

Pero el debate sobre el Consejo de Seguridad va más allá de su composición: limitar el poder del veto o, por el contrario, ampliarlo a otros países. Y ese poder de veto es una codiciada 'arma' para todos los países pero especialmente para Rusia en su hercúlea tarea de contener la influencia planetaria de EEUU. El principal problema está en que existen dos posturas irreconciliables. Los rusos ven por un lado a un grupo de países que preferiría que fuesen creados nuevos puestos permanentes: un escenario donde Alemania y Japón, pero también India y Brasil, tienen las de ganar. Hay otro grupo que defiende el aumento de los puestos temporales.

La eficiencia de la ONU puede ser mejorada sólo a través de conversaciones intergubernamentales, opina Moscú. "Apoyamos una reforma, creemos que debería ser global", declaró la pasada semana el vicecanciller ruso, Guenadi Gatilov, haciendo un vago llamamiento al consenso. Lavrov ha sido más explícito en el pasado: "Un amplio consenso no son dos terceras partes".

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