Rusia intenta que el tsunami afgano no desborde su zona de influencia

Rusia intenta que el tsunami afgano no desborde su zona de influencia

Moscú rearmará a sus socios Tayikistán y Uzbekistán tras la vuelta de los talibanes

Rusia envió este jueves a Afganistán cuatro aviones militares para repatriar a varios centenares de personas. Pero la evacuación de Rusia, igual que su relación con los talibanes, poco se parece a la de los países occidentales. El Kremlin apuesta por el pragmatismo y la cautela para evitar que la crisis se extienda a las exrepúblicas soviéticas de Asia Central, sus aliados.

Los aviones Il-62 e Il-76 aterrizaron en el aeródromo militar de Chkálovski, a las afueras de Moscú, con ciudadanos de Rusia y otras exrepúblicas soviéticas. Unos 360, según el embajador ruso en Kabul. Ningún afgano. Uno de los temores del Kremlin es que la llegada de refugiados, a Rusia o a su patio trasero, sea utilizada por elementos extremistas.

Pese a considerarlos un “grupo terrorista”, el Kremlin ha recibido en los últimos años a los líderes talibanes

“No queremos que, camuflados de refugiados, vengan combatientes”, ha dicho recientemente el presidente ruso, Vladímir Putin.

En sus contactos con Moscú, los talibanes prometieron no crear problemas a sus vecinos de Asia Central. Pero hay otros grupos que preocupan más. “En Afganistán se encuentra también el EI (Estado Islámico) y, por supuesto, la amenaza terrorista en Afganistán es extremadamente alta”, dijo el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, la víspera del atentado en el aeropuerto de Kabul.

Hace casi 40 años se inauguraba en Termez (hoy Uzbekistán) el Puente de la Amistad entre la entonces Unión Soviética y Afganistán. Era mayo de 1982 y la unión a través del río Amu Daria quería simbolizar la incorporación de un nuevo país satélite a la URSS.

Esa frontera, por donde las tropas de la URSS completaron la retirada en 1989, es hoy causa de preocupación para los vecinos de Afganistán. Uzbekistán y Tayikistán han pedido ayuda militar a Rusia, que está dispuesta a proporcionársela, como confirmó ayer Alexánder Mijéiev, director general de Rosoboronexport. “Estamos trabajando en una serie de pedidos de países de la región para el suministro de helicópteros, armas ligeras y modernos sistemas de protección de fronteras”, dijo a la agencia Ría Nóvosti.

Los gobiernos de Tashkent y Dushambé temen que la llegada de los talibanes al poder provoque un oleada de atentados en su territorio como ya ocurriera en los 90.

Aunque con precaución, Rusia quiere tener influencia en Afganistán. “Seguimos comprometidos en la tarea de establecer paz y estabilidad en Afganistán para que no cause amenazas a la región”, dijo el martes su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov.

En las dos últimas décadas, Rusia ha mantenido una relación especial y al mismo tiempo ambigua con los talibanes. Estos llegaron a reconocer la independencia de Chechenia en el año 2000. Tras los atentados del 11-S del 2001 en Estados Unidos, Moscú permitió que los americanos usaran durante años el espacio aéreo ruso y bases en Uzbekistán y Kirguistán.

Pero desde el 2017, aunque la ley rusa considera a los talibanes una “organización terrorista”, sus líderes políticos han sido recibidos en Moscú. Forma parte de ese pragmatismo que acepta la realidad de un gobierno talibán en Kabul. Lo que no significa que Rusia llegue a reconocerlo.

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