Rusia alerta contra Occidente en su nueva estrategia de seguridad nacional

Rusia alerta contra Occidente en su nueva estrategia de seguridad nacional

La retórica antioccidental de Rusia, acentuada este año con el incremento de la tensión en la frontera con Ucrania y con las protestas de la oposición, ha quedado plasmada en la nueva estrategia de seguridad nacional, ratificada por el presidente Vladímir Putin y publicada el pasado fin de se­mana. En el documento Rusia alerta sobre la “occidentalización” cultural, considera relaciones más estrechas con China e ­India y se reserva el derecho a tomar “medidas simétricas y asimétricas” contra “acciones hostiles” externas.

La nueva estrategia subraya que el incremento de la infraestructura militar de la OTAN junto a las fronteras rusas y las simulaciones en ejercicios militares del empleo de armas nucleares contra Rusia aumentan las amenazas militares que afronta el país.

El documento considera una amenaza la presencia de la OTAN cerca de las frontera rusas
Aunque mantiene el compromiso con medios políticos y diplomáticos para resolver conflictos nacionales e internacionales, Moscú “se considera legitimado a utilizar medidas simétricas y asimétricas” para rechazar o prevenir “acciones hostiles” externas “que amenacen la soberanía y la integridad territorial de Rusia”.

Las relaciones de Rusia con Estados Unidos y sus aliados se han deteriorado desde la anexión de la península de Crimea, en el 2014, que Ucrania y la comunidad internacional consideran ilegal. Las acusaciones de injerencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses del 2016 marcaron otro momento clave. Y otro fue el envenenamiento el año pasado del hoy encarcelado opositor ruso Alexéi Navalni, que él atribuye directamente al Kremlin y que este niega rotundamente.

Este año esas relaciones han alcanzado un punto más bajo con la represión policial de las protestas de la oposición y con el aumento de la tensión con Ucrania.

La cumbre del 16 de junio en Suiza entre los presidente de EE.UU., Joe Biden, y Putin alivió la tensión y permitió retomar las relaciones diplomáticas entre los dos países, que no es poco. Pero no aportó ningún acuerdo que suponga solución inmediata y las diferencias se mantienen.

De hecho, tras la cumbre de Ginebra se vivió otro momento de tensión cuando un barco de guerra británico navegaba cerca de Crimea el 23 de junio. Durante su maratón televisivo de preguntas y respuestas, la semana pasada ­Putin describió lo ocurrido como una “provocación” del Reino Unido y de EE.UU.

El ejército ruso dijo que lanzó salvas de aviso y bombas en la trayectoria del destructor Defender para que abandonara unas aguas que considera propias. Londres insiste en que navegaba en aguas ucranianas porque no reconoce la anexión de Crimea.

EE.UU. “intenta mantener su monopolio con amenazas y acciones destructivas como ejercicios militares, provocaciones y sanciones”, dijo Putin.

"Ventajas competitivas"
Menos dólar y más Ártico
La economía también es una cuestión de seguridad para Rusia. En comercio exterior, el nuevo documento contempla la reducción del uso del dólar estadounidense. La estrategia de seguridad nacional establece que para proteger los intereses de Rusia de las amenazas externas e internas es necesario “aumentar la eficacia de las ventajas competitivas” del país. En este sentido, Moscú quiere apostar por la tecnología propia y “superar la dependencia crítica de la importación de tecnología y equipos”. Los autores del documento también señalan que las sanciones económicas y el proteccionismo se están generalizando y se ejerce una abierta presión política y económica contra Rusia y sus socios. “La mayor atención mundial a los problemas del cambio climático y la preservación del medio ambiente se usa como excusa para restringir el acceso de las empresas rusas a los mercados de exportación, para frenar el desarrollo de la industria rusa, establecer un control sobre las rutas de transporte e impedir el desarrollo del Ártico por parte de Rusia”, enumera.

El documento con la nueva estrategia, que sustituye a uno del 2015, ha estado elaborándose durante un año.

En él también se sostiene que algunos países intentan instigar “procesos de desintegración en la CEI (formado por exrepúblicas soviéticas) para destruir los lazos de Rusia con sus aliados tradicionales”. Ante esta situación, el documento indica que Rusia desarrollará la cooperación con China, India, países de Asia-Pacífico, América Latina y África.

De Occidente también llegan amenazas culturales, según Moscú. “El sabotaje informativo-psicológico y la occidentalización de la cultura aumentan el peligro de que Rusia pierda su soberanía cultural”, advierte.

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