Rulo o bucle, el último desafío de los inversores a la economía de Argentina

Rulo o bucle, el último desafío de los inversores a la economía de Argentina

Fue apenas una semana de septiembre de 2019 en la que hicieron tambalear a un Banco Central, que debió cambiar buena parte de sus decisiones y levantar múltiples barreras para evitar el colapso

Millennials, gamers (especuladores)... cuando se escriba la historia de la crisis económico-financiera que azota Argentina, ambas subespecies merecerán un capítulo para el asombro. Fue apenas una semana de septiembre de 2019 en la que hicieron tambalear a un Banco Central que, alarmado ante la voracidad de esa nueva generación que había descubierto una falla en el sistema, debió cambiar buena parte de sus decisiones y levantar múltiples barreras para evitar que el sistema financiero colapsara.

¿Qué pasó? "Lo hizo mucha gente, era muy fácil de hacer. Pero fueron sobre todo las nuevas generaciones. Son animales, les gusta, estudian todos los mecanismos y quieren saltar todas las barreras, no les preocupa si esto daña o no el sistema económico", explica a EL MUNDO Laura Pereyra, agente de Bolsa de Blend Inversiones, una sociedad que apuesta a manejarse con un alto nivel de ética en el mercado financiero y a invertir en activos seguros.

Apuesta nada sencilla en Argentina, mucho menos en aquellos furiosos días entre el 6 y el 12 de septiembre. Lo que había que hacer era "clic", una, diez y 100 veces hasta obtener ganancias fabulosas en cuestión de instantes. La economía argentina carga con el estigma de ser un casino, un entorno en el que empresas y ahorradores pueden hundirse y perder buena parte de su patrimonio de un momento para el otro. Pero es, también, un lugar de oportunidades soñadas para aquellos que las detectan y tienen la habilidad y la audacia para aprovecharlas. Es la "timba financiera", vieja conocida del país.

¿Qué hicieron los gamers en esos días? El sistema financiero argentino se divide en bancos comerciales y sociedades de Bolsa. En un país que no cree en el peso -su moneda- y vive obsesionado por el dólar, el billete estadounidense no es uno, sino muchos. Existe así el dólar oficial, el minorista, el mayorista y el dólar Banco Nación, entre muchos otros. Y, cuando las cosas van mal en la economía, hace su entrada en escena el dólar blue, que es el del mercado negro, de valor más alto que el oficial.

Tras la fulminante devaluación como consecuencia del triunfo del peronista Alberto Fernández en las primarias del 11 de agosto, el Banco Central, comandado por Guido Sandleris, impuso restricciones a la compra de dólares, la moneda de ahorro de los argentinos. Pero los gamers (y no sólo ellos) encontraron la falla del sistema y se colaron por ese hueco.

"Jugaban con los dos sistemas, el bancario y el de las sociedades de Bolsa, moviendo el dinero de uno a otro continuamente", explica Pereyra. "Pongamos un ejemplo: tienes 10.000 pesos, con eso compras 175 dólares en el mercado oficial, porque un dólar se consigue a 57 pesos en el mercado minorista. Con esos dólares compras una serie de bonos que cotizan dólares, los AY24D, y los vuelvo a vender contra los AY24, que cotizan en pesos y tiene un tipo de cambio de 64,50 pesos por dólar. Así, esos 175 dólares son ya 11.315 pesos, un 13,1% más que lo que tenía".

"Vuelvo a comprar el dolar oficial a 57 y compro 198,50 dólares. Los vuelvo a cambiar, esta vez a 64,70. Ya tengo 12.844 pesos. Y vuelvo a comprar el dólar a 57. Tenía 175 dólares, pero ya tengo 225".

Cuestión de segundos

Todo esto, recalca Pereyra, en sólo un minuto, encadenando los clics necesarios. La operación se podía repetir y repetir hasta llegar al límite de compra de 10.000 dólares impuesto por el Banco Central a las "personas humanas", un concepto novedoso que sigue sin gustar al ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, que preferiría hablar de "personas físicas".

Es bastante sencillo imaginar el efecto de esto en una economía ya de por sí desquiciada.

"El sistema colapsó. Los bonos en dólares subieron de manera fenomenal. Y hay que decir que el sistema de nuestra Bolsa es bastante arcaico, no estábamos preparados para semejantes operaciones, para llevar al límite a la tecnología"

"Rompimos en los últimos días récords históricos en la economía argentina", escribió en Twitter Ramiro Marra, dueño de Bull Market Brokers, una de las sociedades preferidas por los amantes del "rulo" o "bucle", como se dio en llamar el fenómeno. La enorme mayoría de las sociedades de Bolsa, conocidas como Alic (Agentes de Liquidación y Compensación) tenían demoras en la acreditación del dinero en los bancos, lo que frenaba la voracidad de los inversores. Bull Market, Balance e Invertir Online, en cambio, ofrecían una operatoria instantánea, porque además de agencias financieras son sociedades de cambio, no hacía falta pasar por el banco.

"Quedaron fondos sin acreditar, hubo operaciones duplicadas y una sociedad de bolsa quebró. Todo en unos pocos días", destacó Pereyra. "Pero era, también, la revancha de muchos inversores atrapados por bonos argentinos que habían perdido la mitad de su valor"

"Acá jugó un papel muy importante el cambio generacional, hay chicos de 25 años que son gamers y no tienen problemas en hacer 45 clics por segundo. Los que colapsaron el sistema son los chicos que entendieron rápidamente la tecnología de Balance y los demás. Balance abría unas 1.200 cuentas a la semana, y en esa semana llegó a abrir 3.000 por día. Conozco un chico que arrancó el 'rulo' con 300 dólares y llegó a los 10.0000". Es decir: se compró un auto nuevo gratis sólo a base de clics.

Malabares financieros

En la gran crisis anterior, la de 2001, la tecnología de hoy no existía. Pero Argentina siempre fue pródiga en malabares financieros. Durante el gobierno de Cristina Kirchner se hablaba del dólar puré: los argentinos canjeaban los pesos de sus salarios a un dólar oficial de nueve pesos y los vendían en el mercado negro a 15. Así, la que terminaba hecha puré era la economía del país.

El paraíso está ahora mucho más lejos para los especuladores financieros, porque el Banco Central obliga a los que compran bonos a seguir un proceso que determina que no se puedan vender hasta 12 días más tarde. Y 12 días, en Argentina, son un siglo. Sería muy peligroso especular con valores que se mueven todo el tiempo.

A la vez, las restricciones se multiplicaron para todas las operaciones diarias. Ya no es tan sencillo comprar dólares en los servicios digitales de los bancos, y aquellos que facturan por servicios al exterior se ven obligados a cambiar esos dólares a pesos. Una manera de crear una demanda artificial de una moneda en la que nadie cree.

"Todo esto es una traición a los valores fundamentales de este gobierno, que pregonaba la libertad económica", apunta Facundo Báncora, socio de Pereyra en Blend Inversiones. "Como decía un viejo profesor mío: otra vez los argentinos inventando la cuadratura del círculo".

En efecto, en las últimas semanas han brotaco consejos para, una vez más, sortear los obstáculos que impone el Banco Central. "Para cobrar en el exterior, lo mejor es bitcoin", recomiendan usuarios en twitter.

Atónito ante el espectáculo, el italiano Loris Zanatta, profesor de la Universidad de Bolonia y especialista en Argentina, meneaba la cabeza invitado estos días a un programa de televisión nocturno: "Viajo a otros países de América Latina y noto cambios. Aquí, más o menos, y aunque sea con actores diferentes, veo el mismo guion. Es una sociedad estancada. Amargada".

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