Rohingyas varados en el mar: "Nos sentimos como si nos hubieran sacado del infierno"

Rohingyas varados en el mar: "Nos sentimos como si nos hubieran sacado del infierno"

Las ONGs alertan sobre la precaria situación de cientos de refugiados atrapados en barcos a la deriva desde hace dos meses a causa del cierre de fronteras por el Covid-19.

Las estremecedoras palabras de Amina, una menor de 14 años, aparecían recogidas en la alerta que difundió la ONG Médicos sin Fronteras. La pequeña relataba la lúgubre experiencia a la que había sobrevivido durante más de dos meses a la deriva, en un buque atestado con casi medio millar de rohingya -incluidos algunos niños-, donde los pasajeros viajaban hacinados, sentados unos juntos a otros, con las piernas encogidas por la falta de espacio.

"Las piernas de la gente se hincharon y se paralizaron. Algunos murieron y fueron arrojados al mar. Estábamos a la deriva en el mar con gente muriendo todos los días", afirmó.

Durante el trayecto, los tripulantes a cargo del pesquero solían golpear a los refugiados, a los que racionaban de manera extrema los alimentos. "Hacía mucho calor y no había ni comida, ni agua. Nos daban un poco de dal (lentejas aguadas) y un vaso de agua al día", declaró. Desesperados, algunos recurrieron a beber agua salada del mar.

Los supervivientes afirmaron que cerca de un centenar de personas murieron a bordo o fueron lanzadas al mar por los traficantes. Los uniformados bangladesíes estiman que las víctimas mortales fueron al menos varias docenas.

"Muchos no podían mantenerse en pie o caminar por sí mismos. Sólo eran piel y hueso. Muchos apenas estaban vivos. Tenían esa mirada en lo ojos, que nunca lo olvidaré: se les veía muy asustados. Había hombres que tenían heridas bastante graves, que no estaban sanando, probablemente debido a la desnutrición. Muchos tenían cicatrices. Nos dijeron que habían sido golpeados por la tripulación en el barco", manifestó Hanadi Katerji, responsable del equipo de MSF que atendió a los recién llegados.

Cuando concluyó su atribulado periplo al ser rescatados el pasado día 15 por los guardacostas de Bangladés, Amina resumió su brutal vivencia con una frase demoledora: "Sentimos que hemos sido sacados del infierno ".

El descubrimiento de la referida embarcación ha reactivado el espectro de la crisis humanitaria a la que asistió el sudeste asiático en la primavera de 2015, cuando miles de rohingya quedaron varados en el llamado Mar de Andaman, no lejos de las costas de Tailandia, después de que ese país y las vecinas naciones de Malasia e Indonesia bloquearan la llegada de los barcos que les trasladaban desde los campos de refugiados de Birmania y Bangladés.

Aquel suceso -que costó la vida a un número indeterminado de personas, que murieron de hambre y sed abandonados en alta mar- descubrió el sofisticado entramado que habían tejido los traficantes de seres humanos, que disponían de decenas de campos de concentración en las junglas de Tailandia y Malasia, donde retenían a los rohingya hasta que conseguían que sus familias pagaran un rescate.

Los testimonios de los últimos huidos parecen calcados de los que difundían los miembros de su comunidad en aquellas fechas. Ahora también aseguran que los traficantes les exigieron llamar a sus allegados al acercarse a la costa para reclamar un pago a cambio de su liberación.

Si en aquella ocasión, el sistema logístico establecido por las mafias locales se vio interrumpido por la presión internacional, ahora ha sido la psicosis desatada por el Covid-19 lo que ha propiciado la clausura de la vía de acceso hasta Malasia, principal destino de los rohingya, generando de nuevo el abandono de los barcos cargados de refugiados.

Varias ONGs como Human Right Watch, Amnistía Internacional o Proyecto Arakan han alertado que hay otros navíos llenos de refugiados vagando sin destino por las costas de la región.

La policía de Tailandia indicó a la agencia Reuters, que había detectado el paso cerca de sus costas de al menos 5 buques con cientos de rohingya a bordo. Las autoridades de Malasia confirmaron que el mismo día 16 habían interceptado otro pesquero con 200 personas, al que impidieron el paso hacia sus aguas territoriales, el tercero que descubrían desde que comenzó la pandemia del coronavirus.

La sospecha de que los traficantes han reconstituido este siniestro negocio se ha confirmado en los últimos dos años, después de que varios pesqueros que transportaban rohingya fueran interceptados por los uniformados de Birmania y Tailandia.

Un informe de Acnur publicado a finales del año pasado aseguró que al menos 1.600 rohingya habían sido captados por estas redes entre enero de 2018 y junio de 2019.

El pasado día 23 el ministro de Asuntos Exteriores de Bangladés, Abdul Momen, afirmó que su país se opone a la entrada de los rohingya en su territorio, donde ya residen más de un millón. "Siempre se le pide a Bangladés que asuma la responsabilidad de otros países. No tenemos espacio para más extranjeros o refugiados", señaló.

Los cerca de 34 campos de refugiados establecidos en Cox's Bazar permanecen clausurados después de que esa región del sureste del país registrara su primer caso positivo de Covid-19 el pasado 24 de marzo.

Los expertos sanitarios han advertido del riesgo catastrófico que tendría una multiplicación de los casos de coronavirus en ese masivo entorno de chabolas, cuyos habitantes ya sufren enfermedades de todo tipo incluidos los 175.000 casos de infecciones respiratorias agudas contabilizados desde principios del presente año.

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