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Resultados de la primera vuelta presidencial

Resultados de la primera vuelta presidencial

Editorial - Se trata de una elección que sigue abierta, pero donde es posible advertir que el centro ha sido el gran derrotado, en favor de una izquierda más radicalizada.

Los resultados de la elección presidencial celebrada ayer fueron inesperados a la luz de lo que habían anticipado distintos estudios de opinión, los cuales pronosticaban un holgado triunfo de la centroderecha -si bien improbable que se resolviera en primera vuelta-, algo que ahora está en entredicho, porque aun cuando se ha configurado un bloque fuerte representado en Chile Vamos y por aquellas fuerzas afines a la derecha -que rondan el 45%-, los resultados de las urnas también muestran que la izquierda más radicalizada ha ganado protagonismo, lo que da cuenta de que los esfuerzos desplegados por la Nueva Mayoría en favor de un mayor estatismo, con énfasis en la noción igualitarista y asistencialista, han tendido a consolidarse y muestran un importante potencial de crecimiento, tal como quedó reflejado con la inesperada votación que obtuvo el Frente Amplio.

En lo inmediato, la atención estará puesta ahora en la segunda vuelta, cuyo resultado sigue estando abierto, aún con posibilidades para la centroderecha -es un dato que en la votación presidencial ganó en todas las regiones-, pero con una izquierda que si logra rearticularse en aras de un triunfo, también tiene chance. Ante lo estrecho de los resultados, es indispensable que el gobierno mantenga una total prescindencia, evitando actitudes intervencionistas en favor del candidato de la Nueva Mayoría, y dé absolutas garantías a ambas partes de que en la elección de diciembre habrá un proceso limpio. Lamentablemente, la activa presencia de ministros de Estado en las campañas deja dudas de que el gobierno respete esa necesaria independencia, por lo que cabe esperar que en esta nueva etapa sí cumpla.

 

Parece evidente que un aspecto que jugó en contra de la centroderecha fue el excesivo triunfalismo que prevaleció en sus filas, lo que probablemente también llevó a que el sector se desmovilizara, desestimando al adversario político que se tenía al frente. También parece evidente que el sector que apoyó al senador Ossandón no se plegó a la candidatura de Sebastián Piñera, por lo que hay un trabajo importante para movilizar a dicho sector. Un aspecto que juega a favor de la centroderecha es que en votación parlamentaria obtuvo sobre 70 diputados y cerca de 20 senadores, un resultado que es más auspicioso que lo obtenido en materia presidencial, y que refuerza la idea de que la segunda vuelta será competitiva.

A partir de los resultados de ayer, es posible adelantar que el cuadro político ha ido experimentando cambios relevantes, no siempre advertidos. Quizás el elemento más significativo es el desplazamiento de los sectores de izquierda moderada por aquellos más radicalizados, lo que se observa nítidamente en los resultados del Frente Amplio -tanto en materia presidencial como parlamentaria-, como en los buenos resultados que obtuvo el Partido Comunista en materia de diputados. El exiguo 23% que logró la candidatura de Alejandro Guillier -quien se impuso sobre Beatriz Sánchez por apenas 157 mil votos- ilustra que esta izquierda es la que ganó protagonismo.

Aun cuando para La Moneda debe resultar frustrante que su continuador haya despertado baja adhesión, puede anotarse a su haber que el discurso en favor de un Estado más fuerte, la noción de derechos sociales garantizados -no importa cómo- y las consignas en favor del “neoliberalismo” han permeado en la sociedad. Un sector importante de la Nueva Mayoría coincide en ello, y encuentra en el Frente Amplio un referente que busca lo mismo, si bien con diferencias sustancias respecto al alcance y métodos para lograr dichos fines.

Bien podría afirmarse que la antigua Concertación ha sido definitivamente derrotada, incluido el propio Ricardo Lagos -sin duda otro de los grandes perdedores de esta jornada-, cuya incapacidad para despertar entusiasmo en la izquierda parece ser un signo inequívoco de que ese mundo ha sido desplazado.

El centro político ha sido el gran derrotado de esta jornada electoral, en lo cual le cabe una responsabilidad importante a la Democracia Cristiana (DC), partido que aunque ha pregonado la moderación y el centro como su base política, en los hechos una parte importante de éste apoyó a la Nueva Mayoría y favoreció el tránsito hacia esta nueva izquierda. Su mal resultado presidencial -que apenas logró el 5,8%-, y la caída de algunas de sus emblemáticas figuras en el Congreso, ahora le han jugado en contra y dejaron al partido con un magro poder de negociación. Al interior de la colectividad parecen haberse impuesto aquellas fuerzas en favor de alinearse con esta izquierda; por lo mismo, las facciones más moderadas deberán decidir de cara a la segunda vuelta si optarán por sumarse a ello o harán valer una postura más de centro. Esto anticipa que será un proceso tenso, sin que pueda descartarse una ruptura.

Cómo recuperar ese centro será uno de los grandes desafíos que se avecinan. La centroderecha, que es la fuerza que queda mejor posicionada para ello, deberá desplegar un trabajo intelectual y de base que asuma que esta izquierdización es una realidad. Todavía prevalece una noción centralista en lo económico; aún muchos siguen confiando más en la asistencia que da el Estado antes que en sus propias capacidades. Basta advertir lo que ocurre en las catástrofes, cuando muchas veces se descansa excesivamente en la ayuda estatal. La centroderecha deberá asimilar mejor esta realidad, para lo cual la mejor respuesta no parece ser una “derechización”, sino una mejor sintonía con las nuevas demandas sociales, sin perder la esencia de su propio ideario. Nuevas alianzas con fuerzas políticas con esa sensibilidad parecen parte de ese proceso.

No cabe duda de que las encuestas han quedado profundamente desacreditadas tras estos resultados. La mayoría coincidía en darle a Piñera una votación cercana al 45%; el Frente Amplio aparecía como la cuarta fuerza política, pero muy atrás de la Nueva Mayoría. Se revela entonces un votante cada vez más impredecible, que no funciona con las mismas lógicas que aparecen como dominantes. Se trata de un fenómeno global -la grosera equivocación respecto del triunfo de Donald Trump, así como el Brexit en Gran Bretaña son ejemplos de ello-, que inevitablemente llegaría a Chile, potenciado por un contexto de voto voluntario. Los centros de estudio deberán abocarse a una revisión profunda de sus metodologías, y los medios de comunicación tendremos la misión de ponderar mejor estos datos, cruzándolos con otros insumos. No cabe atribuir estos pronósticos a manipulaciones deliberadas o lecturas antojadizas, sino reconocer que hay una realidad mucho más compleja cuyo estudio científico se hace especialmente difícil.

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