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Rafael Echevarne: "Hay aeropuertos en América Latina y el Caribe que corren peligro de desaparecer"

Rafael Echevarne: "Hay aeropuertos en América Latina y el Caribe que corren peligro de desaparecer"

El Director del Consejo Internacional de Aeropuertos de América Latina y el Caribe explica cómo han afectado las decisiones tomadas por los gobiernos de Latinoamérica al tráfico aéreo y al futuro de los aeropuertos de la región

México hizo como si nada pasara, Argentina apeló a un cierre hermético y en Colombia se delegó en los alcaldes decisiones de impacto nacional: la crisis del coronavirus en América Latina y el Caribe está afectando gravemente a los aeropuertos, vitales en países de enorme extensión y desatendidos hoy en muchos casos. Tanto, que se teme por la desaparición de algunos de los más pequeños.

"Es una situación dramática, nunca se había dado algo igual. Veníamos de crecer algo más de un tres por ciento en enero respecto del año anterior y un cuatro por ciento en febrero. Ya en junio tuvimos un derrumbe de actividad del 95 por ciento", dice con asombro Rafael Echevarne, el español que es director para América Latina y el Caribe en el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI). Durante su entrevista con El Mundo, Echevarne da múltiples ejemplos de la vertical caída de actividad y las dificultades que tienen algunos gobiernos de la región para entender las consecuencias de sus decisiones más drásticas. El de Argentina, por ejemplo, que mantiene una clausura indefinida de los vuelos nacionales e internacionales.

¿Qué es lo más sorprendente de las decisiones de los gobiernos en América Latina y el Caribe?
México es un país interesante, el único del mundo donde el transporte aéreo no tuvo ningún tipo de barrera. En Estados Unidos se pusieron límites a los vuelos a algunos países, en México no. México sigue abierto, fue el mensaje: que venga quien quiera y que salga quien quiera. Eso no quiere decir que no bajara el tráfico en forma dramática, hasta el 80 por ciento en algunos destinos mexicanos, porque mucha gente no quería viajar y otros no podían salir de sus países. En Brasil el tráfico doméstico se ha mantenido, al igual que en Chile. En el resto de la región ha habido una restricción total, cero actividad de pasajeros, aunque sí vuelos de exportación o de repatriación de gente. Ecuador es el primer país en reabrir el transporte aéreo internacional y doméstico, pero la respuesta no ha sido espectacular porque se imponen una serie de restricciones, una cuarentena al llegar a Ecuador.

Argentina se cerró totalmente y prohibió vender pasajes hasta el 1 de septiembre, ¿qué lógica le encontraron a esa decisión?
Fue bastante sorprendente, porque fue el primer país en anunciar que se retomarían los vuelos internacionales para una fecha tan tardía, el 1 de septiembre. Nosotros y la IATA expresamos nuestra sorpresa y preocupación ante ese cierre. Nos sorprendió mucho. Creemos que el transporte aéreo es muy importante para la economía, y en América Latina no hay alternativa real, las distancias son enormes. Y nos sorprende que todavía no se hayan restablecido los vuelos domésticos en un país del tamaño de Argentina. En Colombia también plantearon cierre hasta septiembre y nos sorprende que la decisión de retomar los vuelos domésticos se haya dejado en manos de los alcaldes, lo cual crea muchas tensiones y batallas políticas. Si la alcaldesa de Bogotá, por ejemplo, decide que no abre el aeropuerto eso tiene un impacto tremendo en toda Colombia. Lo cierto es que el cierre del transporte aéreo va a contribuir de forma tremenda a la crisis económica que se avecina. El que no se abran los aeropuertos impacta tremendamente.

¿Cuál es la situación en Venezuela?
De Venezuela no tengo mucha información, es un país que le cuesta compartir información.

¿Qué futuro pronostica?
Es importante tener en cuenta que nunca en la historia de la aviación se dio una situaciòn igual. Nunca desde 1903 cuando los hermanos Wright volaron por primera vez. Incluso en la Segunda Guerra Mundial continuó la aviación comercial en los países en los que no había conflicto. Este año, en América Latina y el Caribe, el tráfico va a caer por lo menos un 50 por ciento. Cada día que pasa y no se reactiva el transporte aéreo, la situación empeora. Podemos llegar a una caída del 70 por ciento del volumen de actividad en comparación con el que tuvimos en 2019. Los aeropuertos de América Latina van a ingresar 6.000 millones de dólares menos que el año pasado. Normalmente ingresan 11.000 millones.

¿Van a desaparecer aeropuertos?
Ahí depende de las decisiones que tomen los gobiernos, porque en América Latina el apoyo financiero de los gobiernos a los aeropuertos y las compañías ha sido mínimo. Latam y Avianca, las dos compañías aéreas más importantes de la región, están en el capítulo 11 de protección de bancarrota. Aerolíneas Argentinas y Copa están tomando medidas de ajuste. Los aeropuertos están abiertos, sí, pero existe una posibilidad real de que aeropuertos puedan ir a la bancarrota ante la tremenda reducción del flujo de caja. Los aeropuertos pequeños, independientes, van a tener una situación muy complicada, no solo por lo que perdieron este año, sino porque las compañías aéreas no van a volar tanto como antes. Los países no pueden darse el lujo de que los aeropuertos grandes desaparezcan, pero los aeropuertos de Chile y Argentina que trabajan con el turismo invernal, el de los centros de esquí, sufren enormemente este año.

¿Cómo van a cuidar a los pasajeros una vez que comiencen a regresar a los aeropuertos?
Tenemos la responsabilidad de velar por la salud de los pasajeros y quienes trabajan en la industria, y hemos desarrollado protocolos para evitar los contagios. Dentro de lo posible, porque dentro del avión ni cuando estás abordando se puede mantener esa distancia de un metro y medio o dos metros, como tampoco se puede en el supermercado. Buscamos que solo aquellos que van a volar ingresen al aeropuerto. En Argentina, por ejemplo, se han instalado mamparas en los sectores de check in para proteger a los empleados y a los pasajeros. Pero lo más importante es el uso del barbijo y los protocolos de limpieza. Y recomendamos la toma de la temperatura, que aunque no sea una medida concluyente, da confianza a la población. Los tests rápidos no son grandes garantías, y podrían llevar a medida que crezca el tráfico a que se genera mayor congestión.

Esta situación de crisis, ¿aceleró procesos y reflexiones acerca del aeropuerto del futuro?
Somos conscientes de que los gobiernos de América Latina no tienen la disponibilidad financiera de Estados Unidos y Europa, también por eso América Latina tiene más aeropuertos privados que el resto del mundo. Pero pedimos facilidades en el pago del canon de concesión. En Brasil el gobierno ha permitido que se paguen a fines de año. O retrasar las inversiones en infraestructura, que son muy caras. Lo que pedimos a los gobiernos es que permiten que se revalúe la necesidad y urgencia de llevar a cabo esas obras, porque creemos que vamos a tardar entre dos y tres años en recuperar lo perdido.

Aunque suena a locura, ¿algo positivo que haya traído esta crisis inédita?
La tecnología, que es una gran aliada. Un buen ejemplo es el aeropuerto de Montevideo, que está a la vanguardia tecnológica. No hace falta tocar los kioskos, se puede entrar al país sin tener una conversación con la persona de inmigración.Y eso funciona parcialmente también en Argentina. Esas tecnologías se van a hacer mucho más visibles en los aeropuertos. En Montevideo puedes embarcar sin tocar absolutamente ninguna pantalla.

El aeropuerto del futuro, ¿será más grande o más pequeño?
Es una muy buena pregunta. Es sabido que el tamaño de un aeropuerto depende de la cantidad de tráfico que deba absorber en la hora punta, de cuánto tráfico va a haber en el momento pico. Si se insiste en que en cada momento tiene que haber un metro y medio o dos entre cada persona, olvídate, ese aeropuerto tendría que ser enorme. Por eso es que nosotros les decimos a los países que lo importante es el uso del barbijo y la limpieza, no tanto el distanciamiento, porque es imposible garantizar que siempre haya dos metros de distancia entre los aeropuertos. Y eso es imposible en los aeropuertos, en los aviones, en los supermercados, en los bancos y en cualquier otro sitio. Si es posible lo haremos, pero no siempre va a ser posible. Bloqueamos asientos en la zona de espera, pero al entrar en el avión no puedes tener esa distancia todo el rato, porque la infraestructura no lo permite. Imagínate los autobuses... Pero insisto: una cosa positiva ha sido el nivel de colaboración entre los distintos actores de la industria. Y si había dudas sobre la tecnología, reconocimiento facial, evitar tocar... Ahora sabemos que eso funciona y que se puede usar. Por favor, que no lo obstaculicen, es una ayuda.

Cuando vuelva el tráfico de pasajeros a pleno esos asientos bloqueados en los aeropuertos podrían ser un problema...
Bloquear asientos es muy bueno ahora, en esta fase de transición, porque no hay aglomeraciones de gente. A medida que se retome el tráfico hay que reevaluar todas estas medidas. Los gobiernos deben entender que las medidas no puede ser estáticas. ¿Mamparas? Hay propuestas de todos los tipos. Los aeropuertos y los aviones son hoy los lugares más seguros en los que se puede estar. El seguimiento a rajatabla de los protocolos que hay allí no lo he visto en ninguna parte.Y si un avión no va lleno se distancia a los pasajeros, pero si va lleno, es imposible. La industria de las aerolíneas no podría sobrevivir si se forzara que se dejen asientos vacíos. Es imposible.

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