Racionalidad sensible y pragmatismo, Angela Merkel da otra lección de liderazgo

Racionalidad sensible y pragmatismo, Angela Merkel da otra lección de liderazgo

Angela Merkel, la que durante años fuera vista como la "canciller de hierro" -cual Bismark redivivo pero con rostro de mujer- la preferida de Helmut Kolh, que fue situándola en puestos de cada vez mayor relevancia política -aunque luego renegara de ella- ha regresado.

Y lo ha hecho, con enorme brío y con fuerza creciente, tras unos últimos años de cierto decaimiento, al calor de un nuevo y brillante estilo de liderazgo que le ha devuelto brillos pasados gracias a su exitosa gestión durante los meses de esta cruel pandemia. ¡Ha sido sin duda la líder política que mejor que nadie ha sabido leer las necesidades de sus ciudadanos en un momento de drama sanitario sin precedentes!

Su estrella había comenzado a oscurecerse tras los malos resultados cosechados por su formación, la CDU, en las pasadas elecciones de 2017. Un año después, en 2018, había llegado a dimitir y en las primeras semanas de este 2020 todos contaban ya sus días de mandato... se la consideraba fuera. Un "pato cojo", en terminología anglosajona, ya cerca de la meta final. Pero sus decisiones de las últimas semanas le han devuelto una reputación que había perdido. Medios de comunicación de medio mundo, diarios tan prestigiosos como el argentino Clarín, o el neozelandés Herald, incluso algunos tabloides israelíes, la consideran como una de las líderes más fuertes del mundo. Su gran capacidad para explicar a la gente, de forma clara, valiente, asertiva y diáfana, todo lo que iba ocurriendo, es sin duda su principal activo. Además ha sabido hacer un uso extraordinario de su tradicional pragmatismo y trasparencia siempre combinado a un, menos habitual en ella, recurso a las emociones positivas, incluso en los momentos más complicados.

Rigor, pragmatismo, tranquilidad... la eficacia con rostro humano, con rostro de mujer
Son ya legión los expertos en liderazgo, de uno al otro lado del globo que consideran a esta "rocosa" política como una de las pocas mandatarias públicas, tal vez la única, que se salva, tras la desastrosa gestión general de la catástrofe. De ella se dice que su comunicación está "plagada de rigor científico, que transmite tranquilidad y desactiva las histerias" ¡Cuántas veces habré repetido que, en estas situaciones, lo que los ciudadanos buscan desesperadamente es un líder fuerte que no trate de sacar ventaja política de la crispación, sino que derroche firmeza y sobriedad para resolver los problemas! ¡Una buena dosis de "Merkelina", por parafrasear a un colega argentino, hubieran venido bien a Trump, a Putin, a Johnson o a Bolsonaro, para salir indemnes políticamente de esta pandemia y ahorrar vidas y sufrimiento a sus pueblos!

Repasemos... y asombrémonos; desde mediados de la primera década de este convulso siglo, Angela Merkel no ha conocido muchos períodos de paz, políticamente hablando. La crisis financiera que arrancó en 2008 con la implosión del sistema financiero mundial, los sucesivos episodios de dramas migratorios que tuvieron su culmen en 2015, los ataques constantes en Alemania del Daesh y ahora esta crisis del "Covid 19" han puesto aprueba, "again and again", la resistencia del sólido metal forjado del que parece estar construido la mandataria.

Todos lo reconocen, a lo largo y ancho del mundo
Espigo en la prensa norteamericana y encuentro auténticas joyas; como un extraordinario artículo del diario "The Atlantic" que define el modo de liderazgo de la canciller alemana como una mezcla entre racionalidad y sentimentalidad. El propio "The New York Times" se ha plagado en las últimas semanas de encendidos elogios hacia Angela Merkel, tal vez para evidenciar, aún más si cabe, que el "emperador Trump" está más desnudo -y más enloquecido- que nunca, después de que las protestas raciales que vive la que pasa aún por ser la nación más poderosa del mundo hayan terminado por ensombrecer la fiesta al sátrapa del pelo rubio.

Pero volvamos a Alemania. Si hasta hace pocos meses todo parecía estar escrito en el futuro político inmediato de la teutona, redondeando nada menos que 20 años de mandato que hubieran tenido su colofón el pasado 25 de abril, fecha de unas elecciones para renovar la cúpula de la CDU, todo saltó por los aires. La renovación al frente de los conservadores alemanes se ha pospuesto para diciembre y mientras tanto, el 1 de julio, Merkel tendrá que asumir como canciller una nueva responsabilidad: la presidencia rotatoria de la Unión Europea. Y es que hay políticos que parecen ser, sencillamente, eternos... a prueba de todo. En su propio país, Strauss fue un buen ejemplo de ello. Si hubiera que buscar, incluso dentro de la misma ideología, un exponente en España, podríamos citar al gallego Manuel Fraga, aunque nunca llegara a ostentar la presidencia del Gobierno de España.

No digan Merkel, digan simplemente "solución"
Como última iniciativa, al margen lógicamente de las medidas sanitarias pertinentes, Merkel ha impulsado, con el apoyo del presidente francés Enmanuel Macron, un fondo de 500.000 millones de euros para financiar a los estados miembros de la UE que más han sufrido la devastación del virus. Frente a la idiocia, o la estupidez si prefieren un término similar pero más duro, de algunos gobiernos populistas, medidas como la citada nos devuelven la esperanza de que aún hay vida inteligente y líderes que merecen la pena en el panorama político mundial. La pujanza del gigante chino, a veces revestida de matices inquietantes, la enloquecida y peligrosa política exterior de un inclasificable Trump, la soberbia del nuevo "zar ruso" Vladimir Putin o la estulticia filofascista de "Nacionalpopulistas" como Jair Bolsonaro en Brasil, nos habían hecho perder casi toda esperanza... hasta que fijamos nuestros ojos en ella.

Así esbozado parece sencillo, pero no ha sido tarea nada fácil el concitar los intereses de los ricos y desdeñosos socios nórdicos y holandeses, ese norte en muchas ocasiones insolidario, con la viva y acuciante necesidad de un sur, al borde de la desesperación, que pedía subsidios, puros y duros. Al final, en la alta política y por ende en la economía, las soluciones son más fáciles de lo que parecen: el sur necesita ingentes recursos financieros para rehacerse y el norte no puede vivir -que no se engañen- sin la mano de obra y las necesidades de crédito de españoles o italianos.

Pero en su país, Merkel tampoco se ha quedado quieta y ya se ha comprometido a liberar 550.000 millones de euros a través de una entidad financiera, el KFW (Kreditanstalt für Wiederaufbau) para apoyar a las empresas alemanas más afectadas. El ejecutivo alemán no descarta adquirir participaciones en grandes corporaciones como Lufthansa, al igual que se ha hecho en mi país con Alitalia, por ejemplo. La otra medida "estrella" de Merkel es la de levantar los límites constitucionales sobre los techos del déficit y de la deuda, lo que permitirá un margen mayor para disponer de todos los recursos posibles para hacer frente a esta catástrofe que nos ha sacudido en los últimos meses.

En un mundo nuevo y aún ignoto para todos, Merkel ha sobresalido con fuerza como una mujer que ha sido capaz de pensar, "fuera de la caja", rompiendo tradicionales modelos y corsés ya caducos y obsoletos y ser capaz de sortear las trampas de esta crisis que amenaza aún con llevarse por delante, no solo cientos de miles de vidas humanas, sino toda la prosperidad mundial conseguida a lo largo del último siglo y medio. Mi sincera enhorabuena en forma de artículo de liderazgo es para ella; Angela Merkel ha comprendido, mejor que nadie, que la única manera en que puede sobrevivir la Unión Europea es implementando una estabilidad que se asiente en la solidaridad entre sus Estados miembros que sirva de basamento a una auténtica economía social de mercado... ¡¡Bravo!!

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