Putin y Xi Jinping hablan para ocupar el vacío que dejan los occidentales

Putin y Xi Jinping hablan para ocupar el vacío que dejan los occidentales

20:06 - Los presidentes de China y Rusia se comprometen a respetar la soberanía de Afganistán

China y Rusia se apresuran a tomar posiciones tras la desbandada estadounidense de Afganistán, dolorosa humillación para la causa democrática de las potencias occidentales frente al auge internacional de ambos regímenes. Tras la reunión de emergencia del G-7 sobre la caída de Kabul y el anuncio de Biden de no prolongar el plazo de retirada de sus tropas más allá del día 31, Xi Jinping y Vladimir Putin hablaron ayer por teléfono sobre el avispero afgano.

Aunque en su interior deben estar riéndose de la caótica marcha de EE.UU., que ha debilitado su imagen en todo el mundo, a ambos les preocupa que el nuevo régimen de los talibanes afecte a sus respectivos países. Mientras China tiene una estrecha frontera de 80 kilómetros en su convulsa región musulmana de Xinjiang, Rusia, que también fracasó en su ocupación de Afganistán, teme que el terrorismo y el tráfico de drogas con el que se financian los talibanes se extienda por sus antiguas repúblicas de Asia Central.

Por eso motivo, Xi y Putin se comprometieron a «combatir el terrorismo, cortar el narcotráfico y prevenir los riesgos para la seguridad en Afganistán, resistiendo a la interferencia de fuerzas externas y manteniendo la estabilidad regional», según informa la agencia china de noticias de Xinhua. Para no repetir los mismos errores de la Casa Blanca, y de la extinta Unión Soviética en su día, Xi dejó claro que «China respeta la soberanía de Afganistán, su independencia e integridad territorial, y persigue una política de no injerencia en sus asuntos internos». Con la vista puesta en las posibilidades económicas que se abren para el futuro, ya sea en su reconstrucción o en la explotación de sus minerales, señaló que Pekín «siempre ha jugado un papel activo en la solución política de la problemática afgana».

Legitimidad
En otro claro ejemplo de su pragmatismo, el autoritario régimen chino fue el primero que dio legitimidad a los talibanes al reunirse con ellos su ministro de Exteriores, Wang Yi, el mes pasado, antes de su rápida reconquista del poder. Mientras los embajadores occidentales están siendo evacuados de Kabul a la carrera, el chino se entrevistó el martes con uno de sus cabecillas para prometerle ayuda económica y diplomática a cambio de seguridad. Blanqueando a estos radicales ‘Estudiantes del Corán’, la propia portavoz china de Exteriores, Hua Chunying, aseguró la semana pasada que «son más racionales y moderados que la última vez que estuvieron en el poder», cuando impusieron un régimen teocrático de terror medieval entre 1996 y 2001. Con todos estos guiños, China quiere evitar que el terrorismo yihadista de los talibanes se propague a la vecina región de Xinjiang, donde intenta borrar su tradición musulmana con un Estado policial que ha encerrado a un millón de uigures en campos de reeducación.

En su charla con Putin, Xi apeló a «aunar esfuerzos para animar a todas las facciones de Afganistán a construir una estructura política inclusiva a través del diálogo, implementar una política doméstica y exterior moderada y prudente y alejarse de todos los grupos terroristas, manteniendo relaciones amistosas con el resto del mundo y, especialmente, con sus vecinos», recoge Xinhua. Tras este primer contacto, ambos quieren marcar una postura con los talibanes en la cumbre del próximo mes en Tayikistán de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), que incluye a China, Rusia, India, Pakistán y otros países de Asia Central fronterizos con Afganistán.

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