Putin y Biden abren la vía a un acercamiento sin superar la desconfianza

Putin y Biden abren la vía a un acercamiento sin superar la desconfianza

19:17 - La cumbre de Ginebra se salda con un acuerdo para el retorno de los embajadores expulsados y para extender el pacto nuclear, pero ambos líderes siguen enfrentados por los ciberataques y los derechos humanos

Cuando la esperada cumbre terminó, el grueso de las tensiones y las acusaciones mutuas seguían ahí. Los presidentes Joe Biden, de Estados Unidos, y Vladímir Putin, de Rusia, han acordado este miércoles en Ginebra (Suiza) la vuelta de sus respectivos embajadores —según adelantó el líder ruso—, retirados en el pico de las tensiones, e iniciar consultas para extender el último pacto nuclear que comparten. Más allá, se mantienen puntos de fricción y desencuentros. En conferencias de prensa separadas, los líderes han insistido en sus líneas rojas. Putin, que habló primero, acusó a Washington de financiar a la oposición para debilitarle como adversario. Biden, que se centró en los ciberataques que sus servicios de inteligencia atribuyen a Moscú y en la vulneración de los derechos humanos en Rusia, ha advertido al Kremlin que responderá ante las amenazas y los ataques. “Creo que lo último que quiere [Rusia] es una nueva guerra fría”, ha remarcado el presidente estadounidense en un tono severo e institucional.

Una cita bilateral entre los viejos enemigos de la Guerra Fría siempre conlleva su dosis de tensión, pero cuando sus dirigentes se conocen desde hace tanto tiempo y se han llegado a acusar de ser asesinos y no tener alma —Biden a Putin—, la incertidumbre alcanza otra categoría. La relación entre ambos países atraviesa, además, su peor momento desde la caída de la URSS, en medio de una escalada de sanciones y expulsiones de diplomáticos a raíz de las interferencias electorales del Kremlin, los ciberataques y la represión a los opositores en Rusia, con el arresto de Alexéi Navalni como símbolo. La breve declaración institucional acordada entre ambos países tiene todas esas reminiscencias de la época del telón de acero: “Incluso en tiempos de tensión, se puede avanzar en los objetivos compartidos de asegurar la estabilidad en un contexto estratégico, reduciendo el riesgo de conflictos armados y la amenaza de guerra nuclear”, remarca el texto, difundido por el Kremlin.

Biden ha definido la reunión de Ginebra, en un palacete a orillas del lago Lemán, como “práctica”. Putin, como “constructiva” y “sin hostilidad”. Pero las tensiones han sido palpables. Sobre la mesa, uno de los más áridos: la ciberseguridad. Serio, Biden ha asegurado que ha entregado a Putin una lista-advertencia detallando 16 sectores clave que deben quedar al marquen de los ataques cibernéticos. “Le he dejado claro que mi agenda no es contra Rusia, sino a favor del pueblo americano”, ha dicho. Si persisten las agresiones, ha recalcado, “responderemos”.

Poco antes el líder ruso, que dejó entrever que se habló de la posibilidad de crear un grupo de expertos sobre ciberseguridad, no solo negó tajante que Moscú haya tenido algo que ver en la serie de ataques informáticos contra la Administración estadounidense e infraestructuras clave sino que apuntó que Rusia también sufría amenazas cibernéticas desde Washington. “Hay que dejar de hacer insinuaciones, sentarte y empezar a trabajar en el nivel de los expertos”, ha enfatizado Putin. Pese a la dialéctica habitual, el líder ruso ha dejado abierta una inusual aunque pequeña puerta a la cooperación, al hablar de acordar “reglas de comportamiento”.

Putin, que voló desde Sochi en su primer viaje al extranjero desde el inicio de la pandemia, ha reconocido en una conferencia de prensa de una hora que Biden planteó la situación de los derechos humanos en Rusia y la represión a la oposición, también sobre Alexéi Navalni, el líder opositor preso en un caso polémico y envenenado el pasado agosto en Siberia en una acción que Occidente atribuye al Kemlin. En un tono desafiante y duro, Putin, que se ha referido al disidente como “ese ciudadano” ha asegurado que es un “criminal reincidente” y que volvió a Rusia desde Alemania (donde se recuperó del envenenamiento) “buscando ser arrestado.

El líder ruso, que ha repetido que su política interna no está y nunca estará en discusión, ha insistido en que Occidente no puede dar lecciones sobre derechos humanos por asuntos como las guerras de Irán y Afganistán o la prisión de Guantánamo. Y ha aludido a las protestas contra el racismo y los disturbios del pasado verano en EE UU y el asalto al Capitolio del 6 de enero. Biden, que ha remarcado que sacó el tema de los derechos humanos porque están “en el ADN” de su país, ha insistido en que la agenda de Washington no es “contra Rusia” sino “para defender los intereses del pueblo de los Estados Unidos”.

El antiguo espía del KGB, que lleva dos décadas en el poder en Rusia, ha tenido, por otra parte, palabras elogiosas para Biden, a quien ha calificado de “equilibrado”, “profesional”, “muy experimentado”. El estadounidense, dice, le ha hablado mucho de su familia y de su madre, lo cual “habla del nivel de su moral”. El presidente estadounidense destacó que no haya habido “amenazas” ni “hipérboles”. Aunque si Navalni muere, advirtió, “las consecuencias para Rusia serán devastadoras”.

De forma deliberada, la Administración de Estados Unidos ha evitado concretar los objetivos de la cumbre, más allá de sentar las bases de una “predictibilidad y racionalidad” en la relación con Rusia, y se ha ocupado de rebajar las expectativas. Biden ha evitado entrar a calificar de éxito o fracaso la jornada, se ha resistido a aventurar los resultados y, sobre todo, a hablar de “confianza” hacia el ruso. “Esto no va de confianza, va de interés mutuo”, dijo, “el verdadero test será dentro de seis meses”. “Hay una posibilidad de mejora sin ceder en ninguno de nuestros principios”, recalcó el estadounidense en Ginebra, su última parada de un viaje por Europa. “Hice lo que vine a hacer”, insistió Biden desde un escenario enmarcado por dos enormes banderas estadounidenses, a su espalda, como un cuadro, el parque de la Villa La Grange, la mansión del siglo XVIII donde se ha celebrado la cumbre, y el lago Lemán.

Putin, que como Biden estuvo acompañado en la segunda parte de las conversaciones con algunos de sus asesores (entre ellos el jefe de Estado Mayor, Valeri Gerasimov, responsable de la doctrina de “guerra híbrida”, que une a las estrategias militares otras de desinformación, propaganda, acciones de desestabilización, etc), tampoco hizo balance. Aunque trató de plasmar que hay voluntad tras la cita con el líder estadounidense; aunque también incertidumbre. “León Tolstoi dijo una vez: ‘No hay felicidad en la vida, solo hay destellos de ella’”, citó Putin, aficionado a citar a los clásicos y hacer similitudes políticas. “Creo que en esta situación no puede haber ningún tipo de confianza familiar. Pero creo que hemos visto algunos destellos”, añadió.

La cumbre, que comenzó pasada la una de la tarde con gran expectación, grandes recelos y un orden del día que era un campo de minas, se ha prolongado durante unas cuatro horas; algo menos de lo previsto. Lo áspero de la agenda, contrastaba con la espectacularidad del escenario, un palacete del siglo XVIII sobre una verde loma con vistas al lago Lemán. Alrededor del idílico paraje, Suiza ha desplegado a más de 4.000 policías y militares. La ciudad, sobre todo el centro y los alrededores de la Villa La Grange, donde el presidente suizo Guy Parmelin ha recibido a ambos líderes, han estado todo el día blindados.

Ginebra ha sido escenario de citas cruciales entre Washington y Moscú. En noviembre de 1985, en los últimos compases de la Guerra Fría, se reunieron en ella Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov, último presidente de la antigua URSS. En la primera fase del conflicto, en 1955, se citaron en ella Dwight Eisenhower y Nikita Jrushchov, dentro de la llamada cumbre los cuatro grandes (junto a Francia y Reino Unido). Pero la discusión no tuvo como plato fuerte las cabeza nucleares, como ocurría hace 70 años, sino más bien sobre una nueva era de hostilidades: la ciberseguridad. La infiltración y asedio a equipos informáticos de Gobiernos, por una parte; y la delincuencia de grupos que secuestran datos de empresas y piden cifras millonarias como rescate, por otra.

Puntos para Putin
Para el presidente ruso, la cumbre también es importante para la política interna. Vuelve a aparecer como un jugador en el tablero geopolítico global después de más de un año de perfil bajo, con escasísimas reuniones personales y ningún viaje fuera de Rusia, según el Kremlin. Aunque no haya resultados tras la cumbre, su celebración ya da puntos a Putin, según los analistas rusos. Con la popularidad a la baja, las cifras de la covid-19 en Rusia cada vez más altas pese a que la vacunación está disponible desde enero, y el descontento social en auge por la renqueante situación económica, el cómo ‘venda’ los resultados de la cumbre de este miércoles puede ser un empujón para las elecciones parlamentarias de septiembre, a las que Rusia Unida, el partido al que apoya el Kremlin, llega con las calificaciones bajo mínimos.

Putin, a quien le suele gustar hacerse esperar, llegó primero a la cita, llamativamente puntual, seguido de Biden. “Siempre es mejor verse cara a cara”, dijo el nortemericano. El ruso, que agradeció a su homólogo la iniciativa de la cumbre, había señalado que esperaba una jornada “productiva”. La reunión ha empezado con un pequeño caos cuando reporteros, cámaras y fotógrafos se han agolpado para entrar a la sala donde se han celebrado los saludos iniciales creando un tumulto y un coro de gritos que ambos líderes han observado desde dentro.

Dentro de la Villa La Grange, los funcionarios suizos habían preparado todo al milímetro: la temperatura de la sala, con suelos de madera, alfombras y gruesos cortinones dorados, estaba fijada en 18 grados centígrados, requisito de Estados Unidos, según contaba la televisión rusa. Este miércoles el termómetro ha marcado 30 grados en Ginebra. Sobre la mesa de trabajo, con mantel blanco, envases circulares de desinfectante. En el baño designado para Putin —con un letrero en la puerta con la bandera rusa y las palabras VIP—, un envase de desinfectante para manos incoloro y sin olor.

Es la primera reunión entre los líderes de estos dos países desde la mantenida en verano de 2018 por Putin y el entonces presidente Donald Trump, que dejó boquiabierto a Estados Unidos —y a medio mundo— por la cordialidad mostrada por el estadounidense habida cuenta de las graves acusaciones de injerencias que trataban; aunque esa sintonía no se tradujo en cambios reales ni en una rebaja de sanciones hacia Rusia.

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