Prueba de fuego para Benjamin Netanyahu

Prueba de fuego para Benjamin Netanyahu

El "premier" israelí se enfrenta mañana a las primarias de su partido, el Likud, con un rival fuerte por primera vez en la última década

De forma paradójica, las primarias del Likud de mañana son una bendición para el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Aunque existe una posibilidad (reducida) de perder, el hecho de que por primera vez en una década alguien de su propio partido le desafíe de forma tan osada como el ex ministro Gideon Saar le ha obligado a reencontrarse con sus electores en un contacto directo.

A sus 70 años, Netanyahu protagoniza una media de tres mítines diarios en todo el país para asegurarse el apoyo de la mayoría de los 120.000 afiliados con derecho a voto de la formación conservadora y calentar las bases de cara a las elecciones del 2 de marzo.

Como gran novedad, Netanyahu no fía toda su campaña en su masiva presencia en Facebook y Twitter sino en encuentros en todo el país -desde la norteña Afula y la sureña Sderot pasando por aldeas drusas y Jerusalén- para superar la semifinal del Likud y preparar el terreno ante la gran final de marzo.

En los terceros comicios en Israel en 11 meses debido al profundo bloqueo político, Netanyahu se juega algo más que el poder en el que está desde 2009. Si las primarias en el Likud son la excusa para la vuelta de Netanyahu a la calle, la imputación por corrupción es el combustible de una cruzada personal convertida en política. Dotado de una habilidad retórica elogiada por sus rivales, Netanyahu ha logrado que la acusación de soborno (beneficios económicos a cambio de recibir cobertura informativa favorable) no sea una losa en su carrera por la supervivencia política. El objetivo ahora no sólo es refrendar su liderazgo, sino evitar que Saar llegue al 40% de los votos para enterrar sus sueños.

¿El prestigioso fiscal general Avijai Mandelblit, nombrado por el propio Netanyahu, sus compañeros en la Fiscalía y agentes creen que debe ir a juicio por corrupción? No es suficiente para los llamados Bibistim. Este término, de la palabra Bibi, engloba a los integrantes del núcleo duro del Likud que le apoyan tanto o más que al propio partido. Este grupo, muy activo en la calle y en la Red, denuncia "la caza de brujas sin precedentes" contra su venerado líder.

"He venido para apoyar a Bibi. Es el mejor primer ministro que hemos tenido nunca. Fíjate sus éxitos económicos, aquí casi no hay desempleo, e internacionales", afirma el israelí Sami en una sala en Bat Yam, cerca de Tel Aviv. Según denuncia a EL MUNDO, "los medios, los izquierdistas y los fiscales, que son lo mismo, quieren acabar con Netanyahu y el Gobierno de derechas".

Tras fracasar dos veces en la formación del Gobierno y si doblega a Saar, Netanyahu mantendrá su tercer duelo consecutivo con el líder del bloque centrista Azul y Blanco, Benny Gantz, con el único objetivo de lograr lo que llama "victoria decisiva". Una mayoría de 61 de los 120 diputados de la Knésset para gobernar en solitario al frente del bloque derechista y ultrarreligioso, con posibilidad de pedir inmunidad parlamentaria y sin necesidad del apoyo del líder de Israel Beitenu, Avigdor Lieberman. Este político derechista y antirreligioso le dio la espalda tras los comicios del 9 de abril y 17 de septiembre insuflando esperanzas al cada vez más militante campo anti Netanyahu.

"Debemos ganar ampliamente en las primarias y en marzo movilizarnos para convertir la mayoría de la derecha en un Gobierno de la derecha sin pactar una coalición con la izquierda. En septiembre muchos de los nuestros se fiaron y no fueron a las urnas", admite en conversaciones con sus asesores de una nueva campaña que gira en torno a su controvertida figura.

EL RIVAL EN CASA

Antes de Gantz, sin embargo, debe superar el inesperado y apasionante obstáculo en su propia casa. Saar, un rival de peso con importantes apoyos en el partido, le reta a un debate cara a cara. Netanyahu hace algo peor que negarse a la petición. Le ignora. Ni siquiera pronuncia su nombre consciente de que eso daría más peso a alguien al que hace un año le acusó de planear un motín interno. Pero su entorno y seguidores no le ignoran sino que le atacan sin piedad. "En el Likud no gusta la deslealtad hacia el líder y especialmente cuando pasa sus peores momentos. Es como una puñalada en la espalda", acusa el diputado Nir Barkat que apoya a Netanyahu con el objetivo a medio plazo de ser su sucesor.

Israel Katz, ministro de Exteriores y jefe de campaña de Netanyahu, ironiza con el "favorable trato de los medios a Saar". Una acusación imperdonable en el Likud que, pese a la década seguida en el poder, sigue conservando el viejo sentimiento de "estar perseguido por la prensa y élite".

Saar denuncia duros ataques políticos y personales que proceden del entorno de Netanyahu en alusión a su hijo Yair que se muestra desatado en Twitter contra todo aquel que se oponga a su padre.

El sondeo de Maariv difundido este fin de semana pasado indica que si Saar es el candidato ante Gantz, el Likud obtendría dos escaños menos que Netanyahu pero el bloque conservador tendría tres más. Saar ondea este dato porque, como se ha demostrado en las anteriores elecciones, lo que importa es el tamaño del bloque. Si no que se lo pregunten a Tzipi Livni que hace 10 años y como líder del centrista Kadima obtuvo un escaño más que Netanyahu. Sin embargo, éste formó Gobierno gracias a pactos que fueron labrados con la ayuda de su entonces gran aliado llamado Gideon Saar.

A nivel personal, los líderes de Azul y Blanco desean la victoria de Saar para eliminar el obstáculo de la formación de un Gobierno de unidad dado el cordón sanitario a Netanyahu hasta que resuelva sus problemas judiciales. Además, le acusan de dividir la sociedad y dañar la democracia "con un mensaje de escisión y odio". A nivel político, sin embargo, les interesa que gane Netanyahu. El hastío y animadversión hacia su figura es el pegamento más eficaz y quizá único que une a los tres partidos que forman Azul y Blanco.

Al margen de Saar y Gantz, Bibi afronta un posible obstáculo: el Tribunal Supremo. La máxima instancia judicial debe decidir si un imputado -que puede presentarse a las urnas y ser primer ministro hasta que haya una sentencia judicial definitiva- puede recibir el encargo para formar Gobierno.

 

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