Entrevista exclusiva a John Bolton: “Los terroristas no se han ido, ni su ideología ha sido derrotada”

Entrevista exclusiva a John Bolton: “Los terroristas no se han ido, ni su ideología ha sido derrotada”

22:36 - Ex asesor de Seguridad Nacional de EEUU, vio las llamas en el Pentágono mientras preparaba su visita a Moscú como miembro del Gobierno de Bush

Todos los nacidos antes de 2001, en Estados Unidos y en cualquier rincón del mundo, recuerdan qué estaban haciendo hace ahora exactamente 20 años, ese trágico 11 de septiembre. Desde mayo de ese mismo año, pocos meses antes de los atentados del 11-S que dieron comienzo a la guerra de Afganistán, John R. Bolton (20 noviembre, 1948) ejercía el cargo de subsecretario de Estado para el Control de Armas y Asuntos de Seguridad Nacional bajo la Administración de George W. Bush. La mañana del 11 de septiembre de 2001 recibió la impactante noticia de los atentados de las Torres Gemelas mientras estaba en una reunión con los últimos preparativos de su viaje a Moscú para negociar con los rusos.

Bolton recuerda como si fuera ayer, en entrevista para LA RAZÓN, cómo se dirigió inmediatamente a su despacho, situado en el séptimo piso de la esquina sureste del Departamento de Estado en Washington. Desde allí divisó insólito desde la ventana las llamas procedentes del Pentágono, antes incluso de que se confirmara el tercer avión estrellado esa mañana contra la sede de las fuerzas armadas en la capital del país.

Autodenominado “americanista”, Bolton es también conocido como un halcón del Partido Republicano. Ex Embajador de Estados Unidos ante la ONU, se ha desempeñado en varias Administraciones conservadoras. En la última de ellas, la de Donald Trump, fue destituido de manera fulminante a través de Twitter, convirtiéndose en el tercer asesor de Seguridad Nacional de su presidencia en menos de tres años. ¿La causa? “Fuertes desacuerdos” con el ex presidente republicano en asuntos como la retirada de tropas de Afganistán, después de dos décadas de presencia militar en la que ha sido la guerra más larga de la historia de EEUU.

Hombre de grandes convicciones, diplomático de ideas claras y escritor de palabras concisas, no hay día que Bolton, sin ostentar ningún cargo oficial en la actualidad, no tenga una entrevista con medios, una conferencia o presentación. Y con un nivel de español lo suficientemente bueno como para entender que la grabación de la entrevista había dado comienzo y arrancar la conversación con una carcajada de complicidad.

-Embajador Bolton, esta semana se celebra el simbólico aniversario de los atentados del 11-S. ¿Cómo los vivió usted en primera persona?

-Desde la ventana de mi oficina, cuando todavía no se sabía nada, pude ver el humo y las llamas que salían del Pentágono del tercer avión secuestrado. Entonces fue obvio que se trataba de una situación extraordinariamente grave y no sabíamos qué vendría después. No sabíamos si habría más aviones. Así que no fui a Moscú ese día, por supuesto, todos los aeropuertos cerraron. Me quedé en el Departamento de Estado durante todo el día y toda la noche, tratando de ayudar a establecer contacto con nuestras embajadas en todo el mundo, tratando de comprender completamente cuál era la naturaleza del ataque y comenzando a pensar cuál sería nuestra respuesta. Al día siguiente les dimos un ultimátum a los talibanes: que nos entregaran a Al Qaeda o vendríamos nosotros y los tomaríamos, y ellos serían destituidos del poder.

-¿Qué cambió en Estados Unidos en particular y en el mundo en general después de los atentados del 11-S? ¿Qué cambió para siempre?

-Creo que mucha gente después del colapso de la Unión Soviética, la disolución del Pacto de Varsovia, pensó que habíamos llegado al final de la Historia. De eso hablaba la gente casi en la década de los noventa, ya no había más amenazas en el mundo. Y todos los gobiernos descubrieron lo que llaman el “dividendo de la paz” que les permite reducir sus gastos militares. Lo que sucedió el 11 de septiembre, yo creo, es que nos despertamos al hecho de que no habíamos llegado al final de la Historia. Que el final de la Guerra Fría no significó la dulzura y el aligeramiento roto en todo el mundo. Que Occidente todavía estaba amenazado por enemigos mortales, y que si no entendíamos la naturaleza de la amenaza y cumplíamos los pasos para protegernos, podríamos sufrir de nuevo.

-Todo cambió desde entonces y así ha sido durante los últimos 20 años. ¿Sucedió lo mismo en las altas esferas políticas? ¿Algunas decisiones y formas de actuar cambiaron para siempre? ¿Cómo podría describir el cambio desde su perspectiva como experto en temas de Seguridad Nacional?

-Esto fue obviamente algo que nos dijo la naturaleza de la amenaza terrorista internacional y no creo que haya desaparecido en los últimos 20 años. Ciertamente estamos en mejores condiciones de defendernos a nosotros mismos, todos hemos tomado el tipo de medidas en términos de transporte aéreo, pero el terrorista no se ha ido. Su ideología no se ha moderado. En todo caso, hemos tenido el desarrollo de ISIS desde entonces. Tenemos competencia entre ISIS y los talibanes ahora en Afganistán, con ISIS pensando que los talibanes no son lo suficientemente duros. Todavía tenemos a Irán y su régimen, el estado patrocinador del terrorismo más grande del mundo. Así que creo que estas amenazas permanecen y siguen siendo peligrosas. Lamentablemente, el problema es mayor en Estados Unidos y en Occidente en general, pero el 11 de septiembre fue hace 20 años. Mucha gente no lo recuerda, mucha gente ha olvidado lo que significó, mucha gente nunca lo entendió por completo, los recuerdos se desvanecen y la preocupación por la seguridad de nuestra población se desvanece con ellos. Es una lección triste. Tal vez este vigésimo aniversario haga a la gente pensar más en ello y entender que todavía nos enfrentamos a amenazas de las que tenemos que defendernos.

-La guerra de Afganistán empezó precisamente por los atentados del 11-S y el problema todavía persiste. ¿Fue demasiado pronto la salida de las tropas estadounidenses?

-A nadie le gusta estar envuelto en una guerra mundial larga, eso seguro, pero si el enemigo persiste y sigue amenazando y poniendo en peligro a tu gente no hay otra alternativa. Tal vez sea la triste manera de aprender la lección, que el día del 20 aniversario del 11 de septiembre la gente se de cuenta de que, si no estamos atentos, la amenaza volverá y el peligro y la destrucción que puede causar volverán.

-Como ex asesor de Seguridad Nacional de tres Administraciones distintas (Trump, George W. Bush y Ronald Reagan), así como ex embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, qué piensa sobre la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán? ¿Fue una decisión correcta o incorrecta?

-Creo que fue una muy mala decisión. Aunque nuestra intervención en Afganistán ha sido controvertida en diversos aspectos, una cosa incuestionablemente cierta es que durante los 20 años que estuvimos no hubo otro ataque terrorista en Estados Unidos. Y creo que haber renunciado a los esfuerzos que hemos hecho realmente garantiza ahora que los talibanes vuelvan a tener el control del país y con toda probabilidad intentarán proporcionar, una vez más, santuarios a los grupos terroristas que podrían contemplar nuevos ataques contra Estados Unidos o sus amenazas en todo el mundo. Entonces, la decisión de la retirada casi hace retroceder el reloj 20 años y lo coloca en la posición en la que estábamos antes del 11 de septiembre, y ésas son sólo las consecuencias de la retirada de Afganistán. Hay muchas otras en todo el mundo: cuál es la reacción de Rusia al respecto, cuál es la reacción de China ante este aparente retroceso de Estados Unidos. Eso también pueden tener implicaciones estratégicas para nosotros y aumentar el riesgo de errores de cálculo por parte de gobiernos como Rusia y China.

-Entonces, de acuerdo con esto, ¿qué podría pasar en un futuro cercano? ¿Cuáles son esas amenazas o nuevos riesgos a los que se expone EEUU tras la salida de Afganistán?

-Creo que el riesgo, la renovada amenaza de ataques terroristas, es real. Creo que los terroristas de todo el Medio Oriente, realmente de todo el mundo, se han fortalecido mucho por lo que han visto. Los talibanes en el exilio durante 20 años ahora están de vuelta en el poder, y creo que eso aumentará su reclutamiento y aumentará su fuerza en una variedad de países. Pero las mayores implicaciones serán realmente si Rusia y China piensan que ahora son libres de ejercer presión sobre objetivos dentro de su región: Europa Central y Oriental para Rusia, y los mares del Este y Sur de China para China a lo largo de la frontera con India. Eso podría aumentar el riesgo de confrontación porque China y Rusia intentan aprovechar lo que perciben como el descuido o la debilidad de Estados Unidos.

-El presidente Biden ha insistido en que sólo tenía dos opciones: mantener el acuerdo de Trump con los talibanes o escalar el conflicto y entrar en una tercera década de guerra. ¿Está de acuerdo con él? ¿Qué más cree que se podía haber hecho, si no alguna de esas opciones?

-No creo que haya sido esa elección en absoluto. Ambas son opciones realmente inaceptables. Creo que la negociación de Trump con los talibanes ha empeorado la situación, pero ciertamente mantener la presencia de Estados Unidos allí habría dado una señal a los talibanes de que no íbamos a aceptar ningún resultado si volvieran a tomar el control del país. Creo que éste ha sido un error cometido por ambos, tanto por Biden como por Trump. Creo que tienen la misma responsabilidad al respecto, pero en realidad habíamos logrado durante muchos años una estabilidad fácil en Afganistán que evitó ataques terroristas en otras partes del mundo. No es una situación perfecta, pero la situación que tenemos ahora con los talibanes nuevamente en control es, una vez más, muy amenazante y muy peligrosa.

-Si usted hubiera sido el asesor de Seguridad Nacional del presidente de EEUU, ¿qué le hubiera recomendado?

-Le recomendé al presidente Trump que no negociara con los talibanes y que no retirara todas las fuerzas estadounidenses. Obviamente ese consejo no fue seguido, pero le habría dicho lo mismo a Biden. Hemos perdido una posición estratégica muy difícil, lograda después de 20 años, de la que ahora simplemente nos alejamos. Esta es una derrota auto-infligida. Los talibanes no podrían habernos hecho esto, no había una oposición sustancial en EEUU. A la gente le puede gustar o disgustar nuestra presencia pero no hubo manifestaciones al respecto, no hubo una demanda popular pidiendo la retirada y Biden acaba de revertir todo lo que hemos establecido allí, incluyendo el importante trabajo de nuestros aliados de la OTAN.

-Algunos estadunidenses siguen si poder salir de Afganistán, habiendo manifestado su interés de hacerlo, así como miles de afganos que han colaborado durante mucho tiempo con Estados Unidos. Desde la perspectiva de su experiencia dirigiendo complejos asuntos políticos, ¿cómo cree que puede resolverse este problema cuando EEUU ya no tiene presencia, ni militar ni diplomática, en Afganistán?

-Es una circunstancia muy mala y puede demostrar que la salida no estuvo bien planificada. Creo que Biden, aunque comparta la responsabilidad con Trump por la decisión general de irse, la forma de la salida en sí fue mal administrada y manejada, y es realmente su responsabilidad. Y la cantidad de ciudadanos estadounidenses, la cantidad de afganos que trabajaban con las fuerzas de EEUU y la OTAN que todavía estaban allí y, por lo tanto, en riesgo por los talibanes. Es un gran error por parte de Biden. Es una mancha moral para Estados Unidos que hayamos dejado atrás a nuestros propios ciudadanos y personas que trabajaron con nosotros, a merced de los talibanes. ¿Cómo lo solucionamos? Tenemos una influencia sobre los talibanes, tenemos sus reservas de moneda extranjera y el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, por lo que eso podría llamar su atención. Pero los talibanes no responden a nuestras formas de moralidad, tienen su propia moralidad. Lo mejor que podemos esperar es que estén preocupados de que podamos regresar si no conseguimos sacar a nuestra gente. Así que creo que esa amenaza debe seguir siendo fuerte. Veremos qué hacen. El registro de los talibanes sobre el cumplimiento de sus desacuerdos durante un período prolongado de tiempo es muy, muy malo. Por tanto, creo que la mejor prueba de lo peligrosa que es la situación es la reacción del pueblo afgano a que los talibanes hayan vuelto a tomar el control. Están muertos de miedo. Y aunque hay muchos expertos occidentales que nos dirían cómo han cambiado los talibanes, la gente en Afganistán no se lo cree, y eso es lo que me asusta fundamentalmente.

-Ha mencionado antes algunas amenazas en las que Biden ha insistido también. China y Rusia, por ejemplo, así como otros nuevos desafíos a los que se enfrenta el mundo, con las armas biológicas, las bombas nucleares y otras amenazas terroristas, más allá de los riesgos que hemos conocido hasta ahora. ¿Cuáles son esas nuevas amenazas a las que se enfrenta EEUU en un futuro cercano?

-Creo que el mundo ha vuelto a una competencia de grandes potencias, pero con muchas más personas capaces de competir, aunque sus capacidades no se parezcan a los estándares tradicionales de las grandes potencias. Es por eso que Irán y Corea del Norte son amenazas, debido a sus programas de armas nucleares. Otros pueden tener que recurrir a las armas biológicas o químicas, a veces llamadas las armas nucleares del “pobre” porque no se necesitan tantos recursos para tener esa capacidad. Como ejemplo, hemos visto en la reacción mundial al coronavirus que nuestras defensas contra las armas biológicas no son muy buenas, y eso puede causar un daño sustancial. Tenemos que preocuparnos también por las capacidades del ciberespacio. Somos tan dependientes ahora de la tecnología de la información y de Internet que la guerra cibernética con la que están experimentando los chinos y otros es un riesgo muy grande para una sociedad tecnológicamente avanzada. Entonces, a medida que obtenemos más ventajas, y el ciberespacio es un buen ejemplo, también enfrentamos nuevas amenazas y nuevos costos que se nos pueden imponer y tenemos que actualizar constantemente nuestro pensamiento de manera estratégica.

-¿Y cuál es el rol que Estados Unidos va a tener bajo ese contexto?

-Creo que el pueblo estadounidense todavía apoya una capacidad militar estadounidense muy fuerte y robusta, y una capacidad de defensa al otro lado de la frontera. Sólo en las últimas 24 horas que, por ejemplo, el Comité de Servicios de la Cámara de Representantes de EEUU ha aprobado una ley de autorización de defensa de 25 mil millones de dólares superior a la cantidad solicitada por la Administración Biden, y lo hizo con una abrumadora base bipartidista. A pesar de que la Administración se tomó una semana más de enfoque del necesario, fue rechazado por el Congreso. Creo que ahora habrá un debate mucho más amplio sobre cuestiones de Seguridad Nacional. Este mes y el próximo mes, debido a Afganistán, comenzarán con lo que sucedió allí y por qué nos retiramos, pero creo que el debate se hará más grande. Y me parece que esto es algo bueno. Tenemos que hacer frente a estos desafíos y no podemos simplemente ignorarlos y esperar que desaparezcan.

-¿Sigue siendo Trump el líder republicano y, más aún, cree que tiene opciones a presentarse como candidato y ganar las elecciones en 2024?

-Ya no creo que sea el líder republicano. Mi comité de acción política ha estado tomando encuestas de opinión pública y acabamos de publicar una, hace 4 o 5 semanas, que muestra que el apoyo de Trump por parte del Partido Republicano sigue disminuyendo y creo que esa tendencia seguirá. Trump ya no es el centro de atención. Es un ex presidente que pasó de sentarse en la oficina más poderosa del mundo, el Despacho Oval, a sentarse junto a la piscina en Mar-a-Lago. Su influencia es disminuida. No creo que se presente a las elecciones presidenciales en 2024 porque tiene miedo a perderlas, y lo último que Trump quiere es perder. Así que creo que la política del país se está moviendo en la dirección de los puntos de vista tradicionales de los conservadores republicanos. Veremos si se cumple en las elecciones de mitad de mandato del Congreso en 2022, pero yo en realidad soy optimista y creo que podremos elegir a un verdadero conservador republicano como presidente en 2024.

-¿Si no Trump, quién? ¿Podría dar un nombre?

-Creo que tendremos un campo de batalla muy completo. Nadie lo ha declarado, así que técnicamente no hay candidatos reales ahí fuera todavía, pero podría nombrar a 14 o 16 personas que creo que ya están postulándose seriamente, y creo que eso es algo bueno. Creo que deberíamos dejar que cien flores florezcan. Veamos quién hace el mejor trabajo en campaña.