El ascenso de Scholz da alas a una coalición de izquierdas en Alemania

El ascenso de Scholz da alas a una coalición de izquierdas en Alemania

El partido Die Linke se postula para un gobierno tripartito con SPD y verdes

La consolidación de los socialdemócratas en el primer puesto en intención de voto para las elecciones generales de Alemania, decisivas porque marcarán el rumbo del país en la era post-Merkel, alimenta la posibilidad, aritmética y política, de una coalición tripartita de izquierdas. De materializarse en las urnas del 26 de septiembre las cifras que vaticinan los sondeos, el candidato a canciller por el socialdemócrata SPD, Olaf Scholz, actual ministro de Finanzas, tendría en su mano, entre otras opciones, la de forjar una coalición con los verdes de Annalena Baerbock y con el partido izquierdista Die Linke.

Que en el primer debate televisado entre los tres candidatos a la cancillería Scholz no excluyera explícitamente este combinado ha llevado a que más analistas alemanes vean factible esta coalición. Conocida en jerga política alemana como rot-rot-grün (rojo-rojo-verde), hasta hace pocos días nadie la tomaba en serio ni en consideración. Las encuestas otorgan de modo sostenido a Die Linke en torno al 6%-7% de votos.

Elecciones el 26 de septiembre
El bloque conservador tiembla ante la posibilidad de acabar en la oposición tras casi 16 años en el poder con Angela Merkel
A dos semanas y media de la cita con las urnas, el bloque conservador –formado por la democristiana CDU y su socia bávara, la socialcristiana CSU– tiembla ante la posibilidad de acabar en la oposición tras casi 16 años en el poder con Angela Merkel, que se marcha por su propia voluntad.

Envalentonados por el espaldarazo, Janine Wissler y Dietmar Bartsch, los dos cabezas de lista de Die Linke –es tradición de este partido presentar una candidatura dual, una mujer y un hombre–, se postularon en un acto electoral el lunes como socios minoritarios de una tal coalición con propuestas concretas. Die Linke argumenta que solo ellos pueden ofrecer a SPD y verdes la oportunidad real de materializar sus promesas electorales –como incrementar el salario mínimo, subir impuestos a los más pudientes, y acelerar el camino hacia las energías renovables–, a diferencia del otro partido menor con opciones aritméticas de formar parte del futuro tripartito, el liberal FDP. “Estamos listos para asumir responsabilidades de gobierno”, dijo Bartsch.

Die Linke, que significa La Izquierda, surgió en el año 2007 al fusionarse el Partido del Socialismo Democrático (PDS) –nombre bajo el que se habían agrupado en 1990 los herederos del partido comunista único SED de la extinta Alemania oriental– con un grupo de disidentes socialdemócratas encabezados por Oskar Lafontaine. Su nacimiento contenía pues un doble estigma que le ha acompañado en los años posteriores: ser una formación poscomunista, lo cual aún ahuyenta a muchos alemanes tanto del este como del oeste, que la asocian a la dictadura de la antigua RDA; y contar con prófugos del SPD, una traición que los socialdemócratas no les perdonaban. El excanciller Gerhard Schröder aún detesta de modo personal a Lafontaine.

Ante el hundimiento de los conservadores, Merkel recurre a la vieja táctica de alertar del ‘peligro rojo’
Pero transcurrido este tiempo, esas viejas heridas parecen sanadas, y las ganas de gobernar predominan. El verdadero problema de una eventual presencia de Die Linke en un ejecutivo de coalición es su visión de la política exterior. Die Linke se opone a que Alemania esté en la OTAN, a que la Bundeswehr participe en misiones militares en el extranjero, y en general a los compromisos transatlánticos de este país.

En el contexto de la naciente posibilidad de un tripartito de izquierdas, el bloque conservador, que con su candidato Armin Laschet se hunde en los sondeos hasta incluso el 19%, se ha lanzado a la vieja táctica de campaña conocida como rote Socken (calcetines rojos), esto es, agitar el peligro rojo de un gobierno izquierdista.

El apodo viene porque en 1994, cuatro años después de la reunificación alemana, el democristiano Helmut Kohl hizo campaña con un cartel en el que se veía un calcetín rojo colgado del hilo de un tendedero, con el eslogan: “Hacia el futuro… ¡pero no en calcetines rojos!”. El objetivo era precisamente torpedear votos al SPD con la amenaza de que lideraría una coalición de izquierdas con los verdes y el PDS, predecesor de Die Linke.

Así, la canciller Merkel, remisa hasta hace bien poco a implicarse en la campaña electoral, dijo el pasado 31 de agosto en rueda de prensa junto al canciller austriaco, Sebastian Kurz, que ella nunca estaría en una coalición en la que participara Die Linke. “Si esto es compartido por Olaf Scholz, es una cuestión abierta”, afirmó. Y este martes en el Bundestag, Merkel aprovechó el atril para decir que los votantes deben decidir entre “un gobierno del SPD y de los verdes, que aceptan el respaldo de Die Linke o como mínimo no lo descartan… y un gobierno liderado por la CDU y la CSU con Armin Laschet como canciller, un gobierno que dirija el país hacia el futuro con moderación”.

En la ambigüedad con que el socialdemócrata Olaf Scholz maneja la opción de un tripartito con Die Linke, que nunca confirma ni desmiente taxativamente, podría anidar también una estrategia de rote Socken , dirigida a los liberales del FDP. Es sabido que su líder, Christian Lindner, prefiere estar en una coalición con conservadores y verdes, y solo optaría por una coalición con socialdemócratas y verdes de no tener más remedio. Lindner ha dicho además varias veces que el precio de su apoyo es el Ministerio de Finanzas.

El socialdemócrata Scholz se muestra ambiguo antes de las urnas, y mira también a los liberales del FDP
Scholz, más centrista que su propio partido, estaría agitando el peligro rojo ante el FDP para, llegado el caso, obligarle a decantarse por apoyar un gobierno liderado por los socialdemócratas.