La variante Delta en América Latina expone los límites de la 'diplomacia de las vacunas' de Rusia y China

La variante Delta en América Latina expone los límites de la 'diplomacia de las vacunas' de Rusia y China

La insuficiente producción de la vacuna rusa Sputnik y la menor eficacia de los inmunizantes chinos permiten a Estados Unidos recuperar parte del terreno perdido por el ex presidente estadounidense Donald Trump.

Rusia y China se han quedado sin fuerzas en la carrera internacional que utiliza las vacunas como instrumentos de geopolítica. Al mismo tiempo, el éxito de las vacunas del ARN -Pfizer y Moderna- ha permitido a Estados Unidos volver al tablero regional, del que Trump se había retirado y dejado el camino libre al poder blando del Kremlin y Pekín.

"Estados Unidos llegó tarde con su estrategia para América Latina, permitiendo el avance de Rusia y China. Sin embargo, estos países se encuentran ahora con sus debilidades", explica a RFI el sociólogo y analista político chileno Patricio Navia, profesor de la Universidad Diego Portales en Chile y de la Universidad de Nueva York en Estados Unidos.

"China tiene muchas vacunas, mucha capacidad de producción, pero el producto no es tan bueno. No sabemos si el medicamento de Rusia es bueno porque nos falta material científico, pero sabemos que no está disponible. Estados Unidos está empezando a suministrar vacunas a América Latina, aprovechando la calidad de sus productos y su capacidad de producción", indica Navia.

Uruguay ya está preparando una campaña de vacunación con una dosis extra de Pfizer para todos aquellos que hayan sido inmunizados con CoronaVac. En otras palabras, sustituirá la vacuna china por la estadounidense. Chile, por su parte, comenzó la semana pasada a aplicar una tercera dosis del producto de la sueco-británica AstraZeneca y la estadounidense Pfizer en personas vacunadas con CoronaVac. Brasil está realizando ensayos clínicos para decidir si hace lo mismo. Los tres países han adoptado el inmunizador del laboratorio chino Sinovac.

La estrategia de una tercera dosis en Chile y Uruguay se asocia con una menor protección de la vacuna china. Los estudios científicos chilenos han concluido que, en los casos sintomáticos, la eficacia de CoronaVac (67%) es aún menor (58,49%) seis meses después de la primera dosis.

El primero en llegar
El mérito de las vacunas chinas fue permitir las campañas de vacunación en América Latina cuando los países no tenían acceso a otro inmunizante en grandes cantidades. Sin la asociación con China, la región estaría ahora desprotegida. El medicamento chino Sinopharm, por ejemplo, es el más utilizado en Argentina y Perú.

La cuestión es la eficacia de estas vacunas frente a una fase más desafiante de nuevas variantes.

"CoronaVac" y "Sinopharm", aunque previenen contra los cuadros graves de la enfermedad, son menos eficaces. La evidencia científica ha demostrado que dentro del ranking de vacunas, claramente Pfizer y Moderna están por encima de todas. Dentro de esa clasificación, las vacunas chinas y rusas tienen poca información científica y poca transparencia. En algún momento se exigirá una tercera dosis para todas las vacunas, pero esto empieza ahora con las chinas", señala a RFI el neurólogo argentino Conrado Estol.

Descenso de la producción rusa
En el caso de la vacuna rusa Sputnik, el mayor problema es la producción insuficiente. Hace una semana, Argentina comenzó a aplicar una dosis del inmunizante de Moderna o AstraZeneca como sustituto de la segunda dosis de Sputnik, escaso en todo el mundo por las dificultades de producción del instituto ruso Gamaleya. La combinación de vacunas decidida por Argentina excluye a la china Sinopharm.

El inmunizador ruso tiene dos componentes diferentes, uno para cada dosis. El primer componente (adenovirus 26) siempre ha tenido retrasos considerables, pero el mayor problema es la segunda inyección (adenovirus 5), cuya producción es mucho más lenta.

Esto ha llevado a los nueve países latinoamericanos que utilizan el Sputnik (Argentina, México, Guatemala, Nicaragua, Honduras, Bolivia, Venezuela, Paraguay y Guyana) a ampliar el intervalo entre las inyecciones de 21 días a tres meses para esperar la segunda dosis.

Aun así, la producción del segundo componente no se ajustó al nuevo calendario, poniendo en riesgo las campañas de vacunación, especialmente ante la variante Delta que requiere el régimen completo.

"Evidentemente, Rusia sobrestimó su capacidad de fabricar la segunda dosis, dejando a millones de personas con más de tres meses sin completar la vacunación. Rusia vendió 150 millones de dosis pero sólo entregó 15 millones. Y Argentina fue el país que más dosis recibió. Por eso ha tenido que tomar esta decisión de emergencia antes que las demás", ha comparado Conrado Estol.

En el caso de Argentina, 6,6 millones de personas estaban esperando la segunda inyección. Guatemala, por su parte, se cansó de esperar y canceló la mitad de su contrato de 16 millones de dosis. Panamá se dio cuenta de que Rusia no iba a cumplir y canceló todo el contrato de tres millones de dosis.

"Las vacunas no deberían tener, pero tienen nacionalidad. Es la diplomacia de las vacunas o la geopolítica de las vacunas. En el terreno internacional, las vacunas son un instrumento de política exterior y Argentina entró en esta visión. Fue un error y el gobierno argentino está pagando un costo político por la forma en que enfrentó el problema. En la campaña de vacunación de Argentina hubo más geopolítica que ciencia", describe el analista político argentino Rosendo Fraga.

Apuesta geopolítica
La preocupación del gobierno argentino por la falta del segundo componente ruso quedó patente en una carta del 7 de julio escrita por Cecilia Nicolini, asesora del presidente Alberto Fernández, al Fondo de Inversión Directa de Rusia, designado por Vladimir Putin para negociar el Sputnik V.

"Estamos en una situación muy crítica. Entendemos la escasez y las dificultades de producción de hace unos meses, pero ahora, siete meses después, seguimos muy atrasados. En este punto, todo el contrato corre el riesgo de ser anulado públicamente", advirtió la asesora argentina.

Nicolini también reveló cómo la preferencia de Argentina por las vacunas rusas fue una apuesta geopolítica, en detrimento de las vacunas estadounidenses.

"Hemos hecho todo lo posible para que el Sputnik V sea un gran éxito, pero nos dejas pocas opciones para seguir luchando por ti y por este proyecto. Recientemente hemos emitido un decreto que nos permite firmar contratos con empresas estadounidenses y recibir donaciones de Estados Unidos", advirtió.

A finales de julio, Argentina recibió 3,5 millones de dosis de Moderna, donadas por Estados Unidos, rompiendo la resistencia a firmar con un laboratorio estadounidense.

"En el mundo científico, la variable de la geopolítica no debería aparecer. Cuando la ideología interfiere en la decisión sanitaria de una vacuna, los perdedores son los ciudadanos que se quedan sin las mejores vacunas", lamenta el médico Roberto Debbag, vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica.

Invertir la tendencia regional
Los límites de la "diplomacia de las vacunas" de Rusia y China para ganar terreno en América Latina empiezan a ser aprovechados por Washington, que, en el uso del “soft power” (poder blando), recupera parte del terreno en la región abandonado por Donald Trump, con su política "America First".

Las donaciones de 18 millones de dosis a 15 países de la región se produjeron tras una visita de los enviados especiales de Joe Biden. Este mes, por ejemplo, la mano derecha del presidente estadounidense, el asesor de seguridad nacional Jake Sullivan, estuvo en Brasil y Argentina con una preocupación principal: la creciente presencia de China en la región.

En Argentina, Sullivan presionó para que Estados Unidos opte por la telefonía 5G en disputa con China. También ofreció tecnología para combatir la pesca ilegal, practicada básicamente por barcos chinos en la costa argentina. A cambio, indicó su disposición a ayudar a Buenos Aires a alcanzar un acuerdo financiero con el FMI y anticipó que Estados Unidos está preparando una nueva donación de vacunas para América Latina.

"China ha demostrado su fuerza al entrar muy rápidamente en América Latina con sus vacunas. Rusia no ha sido capaz de establecerse. Los países latinoamericanos prefieren a Estados Unidos, pero lo miran con un poco de recelo después de la experiencia con Trump. Biden ya está tratando de comprometerse más con América Latina, pero la región sigue esperando más señales de confianza", concluye el politólogo Patricio Navia.