La Patagonia argentina arde entre la presión inmobiliaria y el debate por la minería

La Patagonia argentina arde entre la presión inmobiliaria y el debate por la minería

30.000 hectáreas de las provincias de Río Negro y Chubut han sido arrasadas por el fuego en marzo. La presión inmobiliaria, la expansión ganadera y el mal estado de las instalaciones eléctricas figuran entre las causas

Cuando se habla de la Patagonia argentina, la primera imagen que viene a la mente de cualquier viajero es la del hielo, la enorme masa blanca que conforma el Glaciar Perito Moreno, una de las maravillas turísticas del país sudamericano. Las últimos semanas, sin embargo, demostraron que la Patagonia no sólo es hielo, también es fuego: 30.000 hectáreas afectadas por incendios forestales en las provincias de Río Negro y Chubut. Un problema que se repite cíclicamente y sobre cuyas causas y consecuencias no termina de haber acuerdo, aunque sea evidente que la presión que ejerce el negocio inmobiliario es uno de los factores.

Los incendios en el norte de la Patagonia comenzaron ya a finales de enero, pero se intensificaron en marzo. Guillermo Defossé, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), es experto en el tema y, aunque no descarta que los incendios hayan sido provocados, que es en lo que insiste el gobierno nacional, da una explicación que va mucho más allá.

"Hubo un mes y medio de sequía con temperaturas altas desde finales de enero. Esto hizo que la vegetación se fuera secando paulatinamente. En la noche, durante el último mes, no hubo descensos marcados de la temperatura como para compensar la sequía, lo que provocó que los arbustos y pastos se secaran más que lo habitual", explicó en una entrevista con "Infobae". Un rayo o un fuego mal apagado son suficientes para que todo "se convierta rápidamente en un incendio de comportamiento extremo".

El balance hasta ahora es de dos muertes, centenares de personas afectadas, familias que perdieron sus casas y animales que no pudieron escapar de las llamas. Hay 11 personas que permanecen desaparecidas. Según Hernán Guardini, coordinador de la campaña de bosques de Greenpeace Argentina, la expansión de la ganadería y del negocio inmobiliario explican varios de los incendios.

En 2020 se quemaron intencionalmente un millón de hectáreas en Argentina entre pastizales, bosques y humedales. Como en la Patagonia hay amplios sectores de bosques protegidos que no está permitido talar, aquellos que hacen dinero con el negocio inmobiliario optan directamente por incendiar esos bosques y liberar así el terreno.

Cuando el presidente Alberto Fernández llegó a la localidad de Lago Puelo para ver los destrozos y anunciar ayuda, un pequeño grupo de manifestantes lo recibió con insultos y pedradas contra su vehículo.

'ECOCIDIO'
Giardini califica lo ocurrido de "ecocidio", y destaca que en Argentina la ley no penaliza a aquellos que destruyen bosques nativos. "Tierra Viva", una agencia de noticias de la zona con foco ecológico, destaca que "entre el extractivismo inmobiliario, la explotación turística exclusiva, y los intereses transnacionales en agua, energías y minerales hay continuidades y negocios en común".

"Una de las principales hipótesis sobre las causas de los incendios pasa por la precariedad de los sistemas eléctricos en la zona", que gestiona la provincia de Chubut, hoy quebrada y en la que el gobernador, Mariano Arcioni, adeuda meses de sueldos a los empleados públicos. El gobernador impulsa el levantamiento de las trabas al desarrollo intensivo de la minería en la provincia.

Aunque estudios internacionales señalan que los incendios forestales han disminuido a nivel global, Defossé señala que han crecido aquellos en la "interfaz urbano-rural", el área que está entre las ciudades y los bosques. Es lo que ocurrió en la Patagonia argentina. En los últimos años, el seis por ciento de la superficie de las provincias de Chubut y Río Negro concentró el 77 por ciento de los incendios.

Una de las soluciones es, paradójicamente, la quema controlada de ciertas áreas. Si no se lo hace, sucede lo del gigantesco incendio en el parque de Yellowstone en 1988: tras cien años de éxitos impidiendo incendios, la acumulación de biomasa había sido tan grande que cuando se dieron las condiciones adecuadas "el parque ardió por tres meses".