Ofensiva para confirmar a la juez de Donald Trump

Ofensiva para confirmar a la juez de Donald Trump

Los demócratas intentan evitar ataques personales a Barrett que les resten votos.

Donald Trump cumplió con su palabra y se movió deprisa. Tan solo ocho días después de la muerte de Ruth Bader Ginsburg, se presentó en la Casa Blanca con la magistrada de su preferencia para cubrir la vacante en el Tribunal Supremo, Amy Coney Barrett, una mujer de carácter religioso y conservadora hasta la médula que puede agitar las elecciones del 3 de noviembre. Comienza ahora un proceso que confirmación por parte del Senado que los demócratas tratarán de torpedear pese a no contar con los votos suficientes para impedir que se solidifique la mayoría conservadora en la cabeza del poder judicial de Estados Unidos.

Los republicanos confían en ejecutar el proceso en tiempo récord y desprovisto de polémica alguna, según apuntó con sarcasmo el presidente en el jardín de las rosas de la Casa Blanca tras presentar a Barrett como su nominada. Sin duda la habrá, aunque en posición de desventaja para los intereses demócratas puesto que sólo controlan 47 de los 100 escaños del Senado. También tienen en contra al Comité de Justicia, presidido por el republicano Lindsey Graham de Carolina del Sur, uno de los más fervientes aliados de Trump. Ese organismo que lidera el proceso y estudia la propuesta del mandatario ya ha confirmado que las audiencias para examinar a Barrett serán el 12 de octubre, moviéndose tres veces más rápido que en anteriores nominaciones. Con esta ya son tres desde que Trump asumió la Presidencia.

El contraste es mayúsculo con respecto a 2016, cuando el entonces presidente Barack Obama trató de hacer valer la nominación de Merrick Garland al Supremo tras el fallecimiento del juez Antonin Scalia, uno de los mentores de Barrett, para quien trabajó durante años. Los republicanos bloquearon el proceso durante 11 meses recurriendo a un argumento que en esta ocasión se han saltado a la torera: esperar hasta la siguiente legislatura para que el elegido en las urnas tomara la decisión.

Tan sólo dos senadores republicanos se alinearon inicialmente con este precepto. Susan Collins, representante por Maine, y Lisa Murkowski, su homóloga en Alaska, manifestaron la semana pasada su oposición a nombrar una sustituta para Bader Ginsburg antes de las elecciones. Collins se ha mantenido firme en la idea pero Murkowski ahora parece estar titubeando. No le seduce, eso sí, la postura antiabortista de Barrett.

Aún así, todo parece indicar que Mitch McConell, el líder de la mayoría republicana en el Senado, tendrá los votos suficientes para que los jueces magistrados en el Supremo sean 6 frente a los 3 progresistas, un puesto de carácter vitalicio que en el caso de Barrett, de 48 años, podría traducirse en décadas de dictámenes conservadores. Durante sus años de carrera judicial ha dejado claro que no sólo está en contra del aborto en cualquiera de sus vertientes, sino que está a favor del derecho a las armas y de una postura dura contra la inmigración, siempre con la religión por bandera. Barrett es una convencida de que la misión final de una carrera de leyes, por muy brillante que sea, es servir a Dios.

Su perfil encaja a la perfección con la clase de legado que Trump espera dejar cuando abandone la Casa Blanca. De ahí la prisa en nominarla, aunque ese oportunismo político vaya en contra, aparentemente, de la voluntad popular. Una encuesta reciente de ABC señala que un 57% hubiera preferido que no se eligiera a una sustituta para Bader Ginsburg hasta después de los comicios. Sin embargo, la jugada podría representarle un buen puñado de votos en noviembre al contar, de forma indirecta, con una mujer en su fórmula de campaña que podría movilizar hacia las urnas a evangélicos, católicos, y una parte del voto joven y femenino indeciso. Alejaría además la atención de la pandemia que ya se ha llevado por delante más de 200.000 vidas en todo el país y que no favorece a Trump en absoluto, en un momento de plena escalada de casos en varios Estados.

Al mismo tiempo, la nominación de Barrett podría significar más apoyo para la candidatura de Joe Biden ante el temor de muchos votantes a que se destruyan años de avances en política social gracias a medidas progresistas.

Los demócratas deberán manejar la estrategia con cuidado, evitando cargar de forma personal contra Barrett, a quien Trump presentó como una madre orgullosa de siete hijos, dos de ellos adoptados en Haití y uno con síndrome de Down. Ella misma se describió como una madre profundamente involucrada con la educación de sus hijos, una baza personal con la que se podrían identificar millones de norteamericanos.