Josep Borrell: "La UE necesita un plan económico para ahora mismo"

Josep Borrell: "La UE necesita un plan económico para ahora mismo"

Confinado en Bruselas, el Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores concede la entrevista a este diario vía telemática.

El Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores concede la entrevista a este diario vía telemática desde su domicilio en Bruselas. Su misión actual: coordinar desde la UE la respuesta a escala global de la pandemia. Borrell pide soluciones innovadoras para una situación extraordinaria.

¿Cuál es su primera gran preocupación?
-Conseguir una acción coordinada entre todos los países del mundo. Ésta es una crisis global. Podemos vencer la epidemia en Europa, pero si no la vencemos en África, seguiremos igualmente amenazados.

Desde principios de febrero, en general en Europa, incluyendo España, no se tomaron muy en serio las advertencias de la OMS.
-Sí, seguramente. Ahora constatamos que no fue la respuesta inicial que hubiera sido necesaria. Predecir el pasado es relativamente fácil. Lo importante es construir ahora una acción coordinada. Las respuestas tienen que ser a escala global, empezando dentro de la Unión Europea. Al principio, los europeos reaccionamos de modo disperso, hasta cierto punto inevitable porque la salud sigue siendo una competencia de los Estados. Ahora estamos en una fase de convergencia, intentando construir una respuesta a nivel europeo, que no es fácil por la división en las medidas económicas que deben tomarse. A continuación habrá que buscar respuestas coordinadas para ayudar a continentes enteros, como África y América Latina, que están absolutamente desprotegidos frente a una crisis de esta naturaleza.

¿Europa está más desunida hoy que hace seis meses?
-Han vuelto a aparecer las mismas divisiones que algunos vivimos hace 11 años cuando estalló la crisis del euro. A mí todo esto me suena ya a 'déjà vu'. Ese debate sobre si la respuesta tiene que ser de cada Estado miembro o tiene que ser la respuesta conjunta. Inevitablemente, los Estados, como garantes en última instancia, como protectores de la actividad, del consumo, de la seguridad, van a tener que endeudarse masivamente. ¿La respuesta tiene que ser nacional o tiene que haber una respuesta mancomunada? Esto es lo que se está discutiendo ahora en Europa. Las soluciones nacionales se pueden facilitar, con el acceso al mercado financiero, con tipos de interés más bajos, con plazos de amortización más largos, pero al final el endeudamiento pertenece a cada Estado. Plantea la sostenibilidad de la capacidad de endeudamiento de algunos países que ya tienen deudas muy altas. La otra solución son los famosos eurobonos, garantizados por todos los Estados europeos a la vez. Aquí es donde existe la gran división. Es la misma que hubo durante la gran crisis del euro.

¿Está usted esperanzado por la reunión de hoy martes de los ministros de Economía de la UE para promover soluciones?
-Se centrarán más en establecer las líneas de crédito del Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede). Por cierto, nos pasamos cuatro años durante la crisis del euro para vencer la resistencia de algunos países que decían que de ninguna manera había que crearlo, hasta que al final hubo que aceptarlo dada la gravedad de la crisis. Será la respuesta más inmediata. Importante, pero probablemente insuficiente. No creo que en esta primera reunión se logre llegar a acuerdos más trascendentales sobre un endeudamiento colectivo.

¿Da la impresión, dada la gravedad de la situación, que no se puede esperar mucho más?
-Ya será un gran avance si se logran establecer estas líneas de crédito específicas. No minusvaloremos esto. Y que se apliquen a los países con un problema sanitario más grave, sin apenas condicionalidad económica y con plazos de amortización largos. El plan francés de ofrecer un plan de deuda mancomunada para facilitar la recuperación de la economía europea es mucho más ambicioso y francamente no creo que se vaya a resolver este martes. Tampoco ese planteamiento desaparecerá del debate. En este momento se vuelve a ver la división Norte/Sur quizás de una forma más aguda. Ésta es una crisis simétrica, pero con unos efectos muy asimétricos. Es simétrica porque el virus de repente ha aparecido, no es culpa de nadie, nos afecta a todos. Pero las consecuencias son diferentes porque la gravedad de la situación sanitaria entre Sur y Norte es enorme. Entre España e Italia nos estamos acercando a los 25.000 muertos. Si esto no es un desastre natural como hace referencia el artículo 122.2 del Tratado de la Unión, pues ya me dirán. En cambio, en los países del Norte, las consecuencias de esta crisis son muchísimo menos graves y se ve de distinta manera. Pero, esta vez, no podemos echar la culpa a nadie. No hay un problema de riesgo moral como decíamos en la crisis del euro, cuando algunos países no habían controlado bien sus cuentas públicas. Ahora vamos todos en el mismo barco y hemos chocado contra un iceberg. Pero los que van en unos camarotes están más afectados que otros. Esta división es muy grande. Siempre ha sido así en Europa. Hay que seguir buscando fórmulas de mecanismos financieros más solidarios y unitarios porque las circunstancias lo requieren.

¿Qué enseñanzas puede la UE recoger de la crisis del euro?
-Es una crisis tan inesperada como grave. No sabemos cuánto va a durar, ni sus consecuencias económicas ni sabemos su extensión territorial. La crisis del euro la hubiésemos podido atajar si las medidas que tomamos el año 2012 las hubiésemos tomado inmediatamente en 2009 o 2010. Si Jean-Claude Trichet [ex presidente del BCE] hubiese dicho en el otoño de 2009 las mismas palabras mágicas que dijo su sucesor Mario Draghi en julio de 2012 cuando afirmó que haría todo lo necesario para salvar el euro, se hubiera controlado. Entonces, sabíamos cuál era el remedio. No lo aplicamos por razones políticas. Hizo falta que el agua nos llegara a la nariz. Ahora no sabemos cuál es la vacuna. La tendremos, pero hasta ese momento desconocemos el alcance de cómo afectará a la economía global, al resto de países, a las relaciones, a la vida en el mundo entero. Por eso estamos en una fase de contención.

¿La Unión Europea tendrá que reformularse?
-Para superar la crisis del euro hicimos dos tratados más. Hicimos el tratado de coordinación económica y el tratado que creó el Mede. Nos salimos de los límites. Habrá que hacer más tratados, más acuerdos, habrá que ser más innovador para estar a la altura de este fenómeno excepcional. Es un riesgo nuevo al que no se le puede hacer frente simplemente con los instrumentos de a bordo. Habrá que pensar en nuevos. Pero lo primero es una intervención masiva del Estado en la economía para evitar que no haya una destrucción del aparato productivo y un paro masivo sin mecanismos compensatorios, que luego habrá que distribuir su coste entre todos. Las deudas se devuelven.

El fin de la Segunda Guerra Mundial creó un nuevo sistema mundial de gobernanza con la creación, entre otros, del FMI y el Banco Mundial. ¿Deberá también replantearse?
-Ya estaba sobre la mesa antes de la crisis y ahora obligará a tomárselo en serio. La escena económica y geopolítica mundial no tiene nada que ver con la que había cuando se crearon las grandes instituciones mundiales que nos gobiernan. El mundo de hoy y la forma de consumir, de producir, tienen poco que ver con el mundo que nació tras la Guerra. Lógicamente esto va a obligar a replantearse muchas cosas porque el reparto del poder económico y político no es el mismo.

Se habla mucho de aplicar un Plan Marshall, pero fue Estados Unidos quien puso el dinero.
-Está muy bien hablar del Plan Marshall, pero el problema es que no tenemos ningún Mr. Marshall. Ahora el señor Marshall somos nosotros. Puede que haga falta un Plan Marshall para África y que los países ricos ayuden a todo un continente, pero no habrá ningún Marshall que venga a ayudar a la Europa rica de hoy. Ahí es donde está el problema. El Plan Marshall se hizo a finales de los 40 para reconstruir. Y nosotros tenemos que evitar que se destruya. Necesitamos un plan para ahora mismo. Para evitar que las empresas cierren una tras de otra. Nos ha impactado una gigantesca bomba de neutrones económica. Que no destruye ningún activo físico, pero destruye la vida. Hay una paralización de la actividad aunque no se hayan destruido activos físicos. Ningún cuerpo vivo puede soportar durante mucho tiempo una parálisis de su funcionamiento sin que haya un fenómeno de necrosis, que haga imposible recuperar la actividad. Hay que actuar sobre la marcha. No podemos esperar a que se acabe la amenaza sanitaria para empezar a hacer frente al problema económico.

¿Más Estado?
-Pondrá de relieve el papel del Estado, que aparece no sólo como el prestamista de última instancia; ahora el Estado es el empleador de última instancia, el consumidor de última instancia, el propietario porque habrá inevitablemente que capitalizar empresas con nacionalizaciones, aunque sean transitorias, y el asegurador de última instancia. Aumentará la presencia del Estado. Será de forma permanente. Tendremos que acostumbrarnos a no considerar como una carga los sistemas públicos de salud o de seguridad, a no considerarlos como un problema que hay que reducir, sino como un activo esencial de una sociedad. Se cuestionarán las políticas de los últimos años de reducción del papel del Estado, de reducción de los servicios públicos, de reducción de la fiscalidad y va a poner en relieve la necesidad de reformar desde el mercado laboral hasta los instrumentos de lucha por las desigualdades porque la crisis ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la parte más débil de la sociedad. Habrá que construir sistemas estables y permanentes. Se volverán a poner sobre la mesa debates sobre el impuesto sobre el capital, sobre las grandes fortunas, la fiscalidad como instrumento de construir respuestas sociales, permanentes, consolidadas, que no dependan de la generosidad de un momento de crisis. Vamos a hablar mucho de fiscalidad. Espero.

¿Ahora toca proponer subir impuestos?
-No. Ahora no hay que subir impuestos, la respuesta actual es el endeudamiento masivo, pero el endeudamiento habrá que pagarlo. Salvo, claro, que recurramos a la expansión monetaria.

Es otra opción...
-Habrá que preguntarse si existe suficiente capacidad de endeudamiento en el mundo para hacer frente a esta crisis o habrá que recurrir a la financiación monetaria que, por cierto, los tratados de la UE prohíben expresamente para evitar inflación generada por la financiación monetaria de los déficits públicos.

¿Ha habido una respuesta de la empresa privada? Imagino que la considera positiva.
-Por supuesto, pero una cosa es la generosidad que siempre es bienvenida, y otra cosa es el compromiso solidario organizado a través de sistemas fiscales. Cuando aparece Holanda diciendo que creará un fondo constituido por aportaciones voluntarias para ayudar a los países del Sur. Bueno, los países del Sur no están pidiendo limosna. Están pidiendo una acción solidaria construida desde mecanismos coercitivos.

¿Será uno de los grandes beneficiados la inversión en Sanidad?
-La Sanidad a partir de ahora se convierte en un problema de seguridad y de soberanía. No puede ser que, de repente, descubramos que una parte esencial de los activos sanitarios para hacer frente a una crisis de esta naturaleza está deslocalizada en otros países. Hay que recuperar la soberanía sanitaria. Dábamos por supuesto que teníamos los recursos para hacer frente a un problema de salud pública. Vemos que no es así. Habrá que crear 'stocks' estratégicos y no podemos estar en manos de una globalización que ha distribuido las capacidades de producción de forma muy desequilibrada.