Los talibanes y el gobierno afgano se sientan en Kabul por primera vez

Los talibanes y el gobierno afgano se sientan en Kabul por primera vez

Acuerdan el intercambio de ciento veinte prisioneros.

Más de dieciocho años después de su expulsión, los talibanes han puesto un pie en Kabul. Una delegación de tres miembros del autodenominado Emirato Islámico de Afganistán llegó ayer a la capital afgana, en un momento en que el acecho más temido por la población local es ya el del coronavirus. Hoy se ha producido el primer encuentro desde 2001 entre el ejecutivo afgano tutelado por EE.UU. y los talibanes, que lo consideran un “gobierno títere”. Previamente, se había allanado el terreno con dos videoconferencias. El resultado deberá verse mañana mismo, con la liberación de un centenar de prisioneros talibanes y de una veintena de soldados.

“Esto no es una negociación, ni habrá ninguna discusión política, Se trata de un intercambio de prisioneros”

Se trata del primer cara a cara desde 2001 entre ambos contendientes, que se han apresurado a presentarlo de distinto modo. El gobierno del presidente Ashraf Ghani -al que ni siquiera reconoce su rival en las presidenciales- puede argumentar que constituye un primer paso, que refuerza su legitimidad. Pero el portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, rechaza esta lectura: “Esto no es una negociación, ni habrá ninguna discusión política. Se trata de un intercambio de prisioneros al que hemos mandado tres técnicos para las identificaciones”. Se trataría, además, de aquellos de edad más avanzada o peor estado de salud, especialmente vulnerables ante la epidemia de coronavirus. Esta afecta especialmente a Herat y la frontera con Irán, con un total de cuatro fallecidos y doscientos positivos, aunque el número de tests es insignificante.

De hecho, unos y otros se resistían a dar incluso este paso humanitario y EE.UU. tuvo que forzar a sus protegidos en Kabul a sentarse a la mesa con su mejor argumento: la retirada de mil millones de dólares de financiación. Al mismo tiempo, el secretario de Estado de EE.UU. Mike Pompeo, se entrevistó, también la semana pasada, con representantes talibanes en Qatar, para favorecer el encuentro de hoy. Cabe recordar que el presidente Donald Trump quiere llegar a las elecciones estadounidenses de noviembre con una reducción de tropas en Afganistán, aunque esta no deba alcanzar niveles sustanciales hasta dentro de catorce meses. Así lo contempla el acuerdo firmado en Doha el 29 de febrero.

Ni las aproximaciones dialécticas, ni el toque de queda sanitario para la población kabulí han terminado con la guerra civil

Por otro lado, tras varios meses de bloqueo, el gobierno de Kabul desveló el viernes pasado su equipo de veintiún negociadores –entre ellos, cinco mujeres- con el que pretende entablar conversaciones con los talibanes en la siguiente “fase política”, una vez resuelto el intercambio de prisioneros: 5.000 en manos del gobierno y 1.000 en manos de los fundamentalistas islámicos. Sin embargo, los talibanes ya han rechazado la lista de negociadores.

Ni las aproximaciones dialécticas, ni el toque de queda sanitario para la población kabulí –tres semanas desde el pasado fin de semana- han terminado con la guerra civil. Hoy, por ejemplo, una mina ha matado a ocho personas de una misma familia que viajaban en una furgoneta en la provincia sureña de Helmand, clave en el comercio internacional del opio y la heroína.

Dieciocho o cuarenta y un años más tarde, la guerra interminable consigue revolverse sobre sí misma y emponzoñarse aún más, con atentados ajenos a las milicias talibanes, luego reivindicados por Estado Islámico –como el de hace unos días contra un templo sij- un enemigo de rasgos aún más huidizos. Aunque el rival invisible más temido en Kabul en estos momentos sea el coronavirus, que está disparando el precio de alimentos y medicinas y generando acaparamiento y escasez.

En Afganistán todos, desde el tendero hasta el ejército de EE.UU., dependen de los suministros legales o de contrabando a través del puerto de Karachi, megalópolis que ahora mismo vive es uno de los focos del coronavirus en Asia Meridional. En la partida afgana, Pakistán juega de forma decisiva, en favor de los talibanes. Y ahora mismo retiene dos mil contenedores en la frontera, tras abrir esta última durante apenas dos días. Aunque puede entenderse como una medida de presión, la explicación de Islamabad es que los camioneros temen quedar atrapados en una cuarentena en Afganistán.

El ejército repatria a españoles desde Afganistán e Irak

Por otro lado, una treintena de viajeros europeos, entre ellos 22 españoles, han regresado a España en plenas restricciones por la epidemia de coronavirus aprovechando vuelos de las unidades militares españolas desplegadas en Irak y Afganistán con destino a las bases aéreas de Zaragoza y de Torrejón de Ardoz.

El Ministerio de Defensa había informado ya de que las misiones españolas en Irak y Afganistán se han paralizado por la crisis sanitaria y de que una parte de los efectivos serían repatriados. En el caso de Irak, Defensa cifró entre 150 y 200 los efectivos que volverían, de un total de 550. Ese vuelo de retorno ha servido también para facilitar el retorno a Zaragoza de 14 españoles y una alemana, que se encontraban repartidos entre Bagdad y Erbil, en el Kurdistán. Estos últimos fueron recogidos en helicópteros.

En el caso de Kabul, junto a los militares españoles salieron, rumbo a Torrejón de Ardoz, seis alemanes, un suizo y tres franceses, con parada en Abu Dabi, donde recogieron a ocho turistas españoles.