La “tercera ola” democrática en América Latina llegó a su fin

La “tercera ola” democrática en América Latina llegó a su fin

El politólogo norteamericano Samuel Huntington publicó en 1991 su libro La tercera ola, en el que describía el proceso de transición hacia la democracia que se había vivido a partir de la década de 1970 en varias partes del mundo. Las dos primeras olas democratizadoras, decía el autor, tuvieron contraolas que derivaron en regímenes fascistas y autoritarios. Huntington murió en 2008 y no pudo ver la llegada de la tercera contraola en América Latina.

El 2018 fue un “annus horribilis” para la democracia en la región, según la directora de Latinobarómetro, Marta Lagos. Es que la opinión de la población sobre temas como la democracia, la economía, el grado de confianza en las distintas instituciones o la visión sobre la corrupción se deterioró como nunca en los últimos 20 años. Por eso la economista tituló El fin de la tercera ola de democracias al documento que presentó el viernes 9 junto al último informe del Latinobarómetro, un estudio que mide en 18 países.

El informe muestra una caída del apoyo a la democracia como el mejor sistema de gobierno; en promedio, solo el 48% lo respalda. En cambio, subió el número de personas que se muestran indiferentes al régimen que los gobierna (28%) y también creció dos puntos el porcentaje que apoya un sistema autoritario como forma de gobierno (15%).

Uruguay acompañó esos cambios. En 1997 un 86% de los encuestados apoyaba la democracia. Los números fluctuaron a lo largo de los años entre el 80% y el 75%, pero en 2018 el respaldo cayó al 61%, nueve puntos menos respecto a la medición de 2017.

En 1997 un 86% de los encuestados uruguayos apoyaba la democracia. Los números fluctuaron a lo largo de los años entre el 80% y el 75%, pero en 2018 el respaldo cayó al 61%, nueve puntos menos respecto a la medición de 2017.

Además, el 16% de los uruguayos consultados por la empresa Equipos dijo que prefiere un gobierno autoritario.

Las Fuerzas Armadas (62%) y la Policía (59%) son las dos instituciones en las que más confían los uruguayos. Les siguen la Corte Electoral con 47%, el Poder Judicial con 39%, la Iglesia con el 38%, el Parlamento con 33% y los partidos políticos con el 21%.

En Uruguay la divulgación de estos datos suscitó pocos comentarios de gobernantes y dirigentes. Esta caída es “potencialmente grave”, escribió en Twitter el senador del Partido Independiente, Pablo Mieres, y planteó trabajar para recuperar la “confianza” de la gente.

Corrupción y poder.

Para Lagos, el “problema principal” de las democracias en América Latina es “el deterioro de las elites, la corrupción y la desconfianza ciudadana en las instituciones de la democracia, sumada a la falta de conducción democrática de sus líderes”.

Parafraseando a la reina Isabel del Reino Unido, Lagos aseguró que el 2018 ha sido un “annus horribilis”. “Acusaciones de corrupción, los presidentes presos, las empresas corruptas, las migraciones masivas más altas de la historia”, son ejemplo de lo que ha pasado en el año. “No hay ningún indicador de todos los medidos que tenga una evolución positiva y la caída de muchos llegan a un mínimo histórico. La percepción de retroceso es la más alta en 23 años”.

“Los pueblos de América Latina quieren prosperidad y desarrollo, no hay evidencia de una demanda de autoritarismo, sí hay evidencia de que quieren orden y ausencia de violencia. Quienes interpretan la demanda de mano dura como una demanda de autoritarismo contra la violencia, le están regalando el camino a la derecha radical que está separada por una línea muy fina del autoritarismo”, evaluó Lagos a partir de los datos del informe de Latinobarómetro, una organización sin fines de lucro.

Lagos señaló que hay una nueva América Latina en la que ya no es necesario dar un golpe de Estado, debido a que se puede llegar al autoritarismo “por la vía” electoral. “Es una ola de malestar de un pueblo empoderado por la democracia, por

la educación, la libertad de expresión y mayores grados de educación”, describió.

Las Fuerzas Armadas (62%) y la Policía (59%) son las dos instituciones en las que más confían los uruguayos. Les siguen la Corte Electoral con 47%, el Poder Judicial con 39%, la Iglesia con el 38%, el Parlamento con 33% y los partidos políticos con el 21%.

Uno de los principales problemas se da con las elites, dijo. Lagos señaló que la corrupción “ha penetrado profundamente los presidentes, parlamentos, miembros del Poder Ejecutivo en muchos países, minando la imagen de la democracia, confundiendo a la población. Un régimen corrupto no puede ser una democracia”.

“El problema de América Latina no es que los presidentes no terminan su mandato, sino los escándalos de corrupción de carácter regional que lleva a ello. El dinero sucio que perpetúa a personas en el poder enlodando la competencia de ideas y no permitiendo el surgimiento de nuevos líderes. Existen tribunales para la libre competencia de productores, pero no tribunales para la libre competencia de ideas y líderes. La corrupción distorsiona la formación de las elites, haciendo, por ejemplo, inútiles o debilitando los esfuerzos de leyes de cuotas que incorporen a las mujeres al poder político. No es casualidad que en 2018 ya no hay ninguna mujer como jefe de Estado en la región, es parte de la crisis”.

Lagos planteó que otro actor “relevante” en este proceso es el “deseo de perpetuarse en el poder” de los dirigentes. Es “uno de los males más perversos de las democracias latinoamericanas”, porque ha provocado un “lento y sostenido debilitamiento de las instituciones, los sistemas de partidos” y un “incremento de los personalismos, dificultando la consolidación de la democracias”.