El corazón industrial de Siria despierta

El corazón industrial de Siria despierta

Seis años de guerra civil han herido de muerte la economía del país árabe. En la atribulada Alepo, la antigua capital comercial, los empresarios que se negaron a huir litigan ahora para reconstruir el tejido productivo.

Mohamed Sabbaq aún recuerda los tiempos de bonanza en los que las máquinas de su factoría textil funcionaban a pleno rendimiento. "Hemos vuelto al trabajo para conservar las instalaciones. Si el objetivo fuera ganar dinero, seguiríamos cerrados", replica el empresario mientras deambula por las salas de su fábrica, ubicada en un área industrial a las afueras de Alepo. La otrora capital comercial del país árabe trata de coser sus heridas seis años después del inicio de una guerra civil que ha arrasado su economía.

En el negocio de Sabbaq, una menguada legión de empleados se encarga de que la producción no se detenga. Los telares funcionan día y noche. "Estamos manufacturando el 50% de lo que producíamos antes de la crisis", lamenta el cuarentón que preside, además, la asociación de comerciantes locales. A media mañana el polígono es una sucesión de edificios taciturnos y talleres mecánicos que se desparraman por el callejero. "Este es uno de los núcleos industriales más antiguos del mundo árabe. Las primeras empresas se asentaron aquí en 1883", comenta el patrón de una firma que solía exportar sus tejidos a Europa.

Las duras sanciones que durante el último lustro han ido dictando Estados Unidosy la Unión Europea han ahogado el antaño boyante comercio con el viejo continente. "Quienes decidieron el castigo querían dañar al Gobierno pero las primeras víctimas somos los ciudadanos", despotrica Sabbaq. "Los balnearios de Chipre están equipados con telas procedentes de estos talleres. Ahora nos limitamos a vender el género en otras zonas de Siria e Irak", añade.

Las escaramuzas -que han dejado cerca de medio millón de fallecidos, cinco millones de refugiados y seis millones de desplazados internos- han herido de muerte a la economía siria. Sus cifras se han contraído hasta niveles de principios de la década de 1990. Según un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional, dos tercios de los sirios que aún habitan el país se hallan en la pobreza extrema, lejos del 12% registrado en los años previos a la contienda.

La violencia ha costado más de 255.000 millones de euros a la economía. La salvaje destrucción de las infraestructuras y el éxodo de los emprendedores que una vez animaron el mercado local amenaza con alargar la agonía. Incluso si la batalla concluyera ahora -un escenario remoto-, serían necesarios entre 10 y 15 años para recuperar el Producto Interior Bruto per cápita anterior a los enfrentamientos.

"Las pérdidas siguen siendo enormes. Desde 2013, el 40% de las fábricas de la zona han sido saqueadas. Los grupos armados robaron la maquinaria y destrozaron las instalaciones", detalla Sabbaq. Consciente del sombrío destino, la mitad de la comunidad de comerciantes que poblaba el área -un crisol de musulmanes, cristianos y armenios- empacó sus pertenencias y trasladó su producción hasta países vecinos como Egipto, Turquía o Jordania.

Objetivo: relanzar la economía

Damasco, que el pasado diciembre recuperó el control de los barrios orientales de Alepo, trata desde hace meses de relanzar la maltrecha economía en las zonas del país que administra. Las autoridades, que esta semana han puesto en circulación el primer billete de 2.000 libras sirias con el rostro del presidente Bashar Asad, han comenzado a patrocinar foros y encuentros con los empresarios que abandonaron el país para rehacer los lazos.

En declaraciones recientes, el ministro de Economía sirio, Humam al Jazaeri, insistió en la necesidad de incrementar la producción industrial y agrícola para estabilizar el valor de la libra siria, cuya drástica devaluación tortura a la población. Desde 2011, el precio de los productos se ha multiplicado por 10.

El Gobierno sopesa reducir las importaciones de bienes para proteger la producción local mientras promueve la llegada de materiales para el tejido industrial y persigue el contrabando de productos desde la frontera turca. Una ecuación que, sin embargo, aún no se aprecia en las arterias de Alepo, una vieja parada de la ruta de la seda. "Hay muy poco trabajo. Reabrimos el negocio hace dos años y ahora dependemos de un cliente que nos trae el material y nos hace todos los pedidos", relata Abdelwahab Serag a las puertas del local de ennegrecidas paredes donde confecciona telas para camisas. Los continuos cortes de electricidad y las dificultades para transportar la mercancía a través de un país carcomido por el zumbido de la guerra han disparado los costes.

Hasta la fecha, la economía gubernamental ha logrado sortear el cataclismo gracias a las aportaciones de sus dos principales valedores internacionales, Rusia e Irán. Ambos países han mantenido el comercio y la venta de maquinaria en los años más duros del conflicto, cuando el Gobierno se tambaleaba. Así, Teherán ha suministrado capital para recuperar el cultivo agrícola o la actividad ganadera detenidos por el plomo, la minería, la reserva de combustibles -con la mayor parte de la producción local en manos del autodenominado Estado Islámico- y la red de telefonía.

En los últimos años, sin embargo, un tercer jugador, el gigante chino, y su ambicioso programa para expandir sus tentáculos comerciales por todo el planeta han entrado en escena. "Las relaciones eran buenas pero están en alza porque cuando un país como China demuestra que es un verdadero amigo, en el que se puede confiar, resulta natural mejorar esos lazos", reconoció Asad en una entrevista reciente.

Una inyección de optimismo que se respira en bazares históricos como el de la ciudad de Homs, reducido a escombros y reconstruido con ayuda de organismos internacionales. "La venta mejora poco a poco, día a día", esboza Talha al Selqini, propietario de una repostería, uno de los contados comercios que han reabierto en el laberinto de puestos. "Voy pagando la rehabilitación a plazos. Volveremos a levantarnos", musita.