Por qué Europa ha ganado la batalla de las vacunas

Por qué Europa ha ganado la batalla de las vacunas

Después de meses de críticas por su supuesta lentitud y su enorme burocracia, Bruselas se impone a casi todos los países del primer mundo en porcentaje, cobertura y velocidad de inmunización de su población

El 7 de abril de este año, el presidente de la región alemana de Baviera, Markus Söder, anunció que adquiriría, por su cuenta y sin contar con la UE, 2,5 millones de dosis de la vacuna rusa Sputnik V después de que compraran sendos lotes del fármaco ruso tanto Hungría como Eslovaquia. El canciller de Austria, Sebastian Kurz, también encargó un millón de dosis al Kremlin y criticó duramente al ejecutivo comunitario de Ursula von der Leyen: "La Agencia Europea de Medicamentos es demasiado lenta para aprobar las vacunas y hay atascos en el suministro por parte de las empresas farmacéuticas".

Una semana después, Bruselas denunciaba ante los tribunales a la farmacéutica Astra Zeneca por incumplir su contrato. Mientras Boris Johnson pinchaba la primera dosis a un alto porcentaje de su población, Bruselas litigaba con la farmacéutica para que le entregara las dosis comprometidas, o al menos, un porcentaje. En marzo, Gibraltar quitaba la obligatoriedad de llevar mascarilla, conseguía la inmunidad de rebaño y se disponía a vacunar a los trabajadores españoles que a diario cruzan la frontera. Una humillación.

GASOLINA PARA EURÓFOBOS
El pasado mes de abril Israel había vacunado a más del 80% de su población mientras Estados Unidos comenzaba el 14 de diciembre pinchando en sus grandes vacunódromos a miles de conductores que mostraban el brazo y se llevaban la inmunización puesta. Ese mes de abril llegó al 50%. Rusia presumía de su vacuna, la primera presentada en el mundo y la ofrecía al mejor postor como el mejor instrumento de propaganda del régimen de Vladimir Putin. En Wuhan se organizaban macrofestivales en el Maya Beach Water Park sin mascarilla, distancia ni rastro alguno del virus que se originó allí. China celebraba así la victoria de su sistema contra el virus ante el mundo gracias a su control férreo y sus draconianas cuarentenas.

En ese mes de abril hubo que esperar al día 27 para alcanzar el 10% de la población vacunada en España y en el resto de países europeos con las dos dosis, muy lejos del resto de naciones del primer mundo y con la sensación de que la burocrática Bruselas, ya desgastada con el Brexit y con las presiones del grupo de Visegrado, había reaccionado tarde y mal con respecto a la estrategia de vacunación. En el aquelarre sólo faltaban los partidos eurófobos para acabar de crucificar a la Unión Europea. Por supuesto, aparecieron todos puntuales.

TRIUNFALISMO PRECIPITADO
Pero en tres meses, los hechos han desmontado la narrativa triunfalista de algunos países y ponen en cuestión algunas estrategias que se habían considerado ganadoras. China ha puesto 1.600 millones de dosis de sus vacunas (casi todas aún en primera dosis), pero no se han mostrado demasiado efectivas con la variante Delta, que hace que bajen su porcentaje de eficiencia, ya de por sí más bajo que las occidentales Moderna, Pfizer o Janssen. Además, desde hace unos días ha tenido que reconfinar la región de Wuhan, con millones de personas en cuarentena, ante la aparición de nuevos rebrotes que han provocado un nuevo filtrado de toda la población mediante pruebas de diagnóstico.

En cuanto a EEUU, dio pasos muy rápidos en la inmunización hasta el 60% de su población los primeros meses. Todo el que quiso inmunizarse del Covid-19 pudo hacerlo rápido y sin esperas, pero su objetivo de llegar al 70% en julio no se cumplió y hoy todo su programa de vacunación se ha visto frenado por el gran número de personas antivacunas que se niegan a administrarse el fármaco, sobre todo en los Estados del interior. Reino Unido tiene mejores cifras, casi un 57% de su población con dos dosis, pero su ritmo también se ha ralentizado.

SÓLO POR DETRÁS DE ISRAEL
Tanto Estados Unidos como Reino Unido se han visto superados por la Unión Europea en el porcentaje de vacunación de su población y por la velocidad a la que se inmuniza. Sólo Israel fue más eficiente. La mayoría de países de la Unión Europea administran ya la segunda dosis al 60% de su población con Austria, Bélgica, Irlanda, Portugal y España a la cabeza. Evidentemente, ya nadie habla de comprar vacunas Sputnik a Rusia.

DESAFÍOS INMEDIATOS
Mientras que Nueva York ha copiado la estrategia de Francia e Italia sobre el pase sanitario (como lucha contra la resistencia al pinchazo de los antivacunas), parece que las campañas a favor de vacunarse en Europa han sido más efectivas. La contagiosa variante Delta marca que el 70% no es suficiente protección y que haya que llegar cerca del 90% para que el virus deje de circular. De nuevo, Europa parte con ventaja: las vacunas que están aún por llegar cubren de sobra la población europea e incluso la doblan. Varios países, entre ellos España, han prometido donar los viales sobrantes a países del tercer mundo, como ya se ha hecho con los de Astra Zeneca.

Meses después de recibir críticas feroces por su estrategia de vacunación, la UE emerge como la gran organización de países que antes inmunizará a su población.

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