Por qué el peronismo ha sufrido una derrota humillante en Argentina

Por qué el peronismo ha sufrido una derrota humillante en Argentina

21:00 - Los resultados de las primarias parlamentarias auguran un cambio político. He aquí las causas por las que el kirchnerismo no conquista tanto como antaño

A Cristina Kirchner le gusta hablar. Mucho. Y lo hace muy bien, más allá de si se coincide o no con su versión de los hechos. Pero todo cambió desde que es la vicepresidenta de Alberto Fernández: habla solamente en ocasiones muy especiales y decodificarla se convirtió en un entretenimiento nacional. En la noche de una de las derrotas más humillantes en la historia del peronismo, Cristina mantuvo los labios sellados, pero su lenguaje no verbal fue inequívoco: la "operación Alberto", la que ella impulsó en mayo de 2019, sirvió para ganar las elecciones y echar del poder a Mauricio Macri, pero acaba de confirmarse como un gran fracaso político.

"Quedó derrotado un experimento que desafía reglas básicas del manejo del poder. Un sistema de autoridad donde el presidente es un delegado. Donde la que tiene los votos objeta desde fuera la gestión. Un dispositivo en el cual la segunda le da órdenes al primero. Y en el que el primero quiere hacer creer que piensa distinto de su jefa", resumió el analista Carlos Pagni tras un domingo que entró en la historia política argentina.

Es cierto que se trató de unas primarias en las que se definen los candidatos para las elecciones "verdaderas", las de noviembre. Pero la experiencia indica que la oposición siempre crece en esas elecciones posteriores a las primarias, mientras que el peronismo se estanca. Y tras unas PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) en las que la oposición de Juntos por el Cambio aventajó al peronismo del Frente de Todos por nueve puntos y ganó en 17 de los 24 distritos en que se divide el país, las elecciones del 14 de noviembre prometen una derrota aún más dura para el oficialismo.

Tras las primarias, se puede ir desde Ushuaia, a las puertas de la Antártida, hasta Puerto Iguazú, en la frontera tropical con Brasil, y no pisar provincias en las que haya ganado el peronismo. La derrota en toda la Patagonia y en la región de la Mesopotamia, las caídas en Chaco y La Pampa, fuertes feudos peronistas, y la debacle en la gigantesca y decisiva provincia de Buenos Aires implican una combinación sin precedentes.

Que el peronismo -unificado, sin divisiones- haya quedado reducido en el total de votos nacionales a poco más de un tercio es inédito. Hay que remontarse a la restauración democrática, en 1983, para encontrar una derrota tan clara. Aquella vez Raúl Alfonsín se impuso en 16 de los 24 distritos, pero el peronismo llegó al 40 por ciento. En 1983 y este domingo, el derrotado fue un peronismo unificado, a diferencia de las victorias de Fernando de la Rúa en 1999 y Macri en 2015.

Está claro que unas primarias no son comparables con unas presidenciales, pero los resultados son para el asombro, e incluyen a un peronismo que pierde fuerza en los suburbios pobres que rodean Buenos Aires, su gran base electoral, en la que escándalos como la fiesta clandestina del presidente en medio del confinamiento por la pandemia parece haber impactado tanto como la inflación y la inseguridad descontroladas.

"La metamorfosis que el electorado determinó el domingo es el rebalanceo de poder del conurbano bonaerense. En la tercera sección electoral, que es la cuna del peronismo, las primarias de 2019 habían resultado 60 por ciento a 24 por ciento en favor del Frente de Todos; el domingo esa distribución quedó en 42 a 32", destacó Pagni.

"Si se repite en noviembre, será la derrota más importante desde que el peronismo existe", dijo a EL MUNDO el politólogo Andrés Malamud.

"Nos dieron una cachetada", resumió Victoria Tolosa Paz, la candidata elegida por Fernández para liderar la lista en Buenos Aires. "El presidente y los gobernadores van a tener que tomar el toro por las astas y empezar a trabajar sobre la resolución de los problemas", añadió la derrotada peronista, que es esposa de Enrique Albistur, el publicista del poder y el hombre que le cedió a Fernández, gratis, un piso para que viviera en los últimos años. ¿Dónde? En Puerto Madero, el barrio más caro de Buenos Aires.

"El kirchnerismo perdió hasta en Santa Cruz", destacó el analista Joaquín Morales Solá, en referencia a la provincia patagónica que los Kirchner dominan desde hace décadas. "Solo ganó en el norte profundo: Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja y Formosa, donde el clientelismo político es lo que dirime las elecciones".

Noviembre marcará la renovación de la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado, donde Cristina Kirchner puede perder la mayoría. Una mala noticia de cara a las múltiples causas judiciales que la involucran. La justicia argentina suele moverse según los vientos de la política cuando se trata de corrupción, y hoy esos vientos soplan contra la vicepresidenta.

RODRÍGUEZ LARRETA, CLAVE EN LOS RESULTADOS
Hay otro dato importante: las primarias no marcaron tanto un gran crecimiento de la oposición -que presumiblemente llegará en noviembre- como un abandono del peronismo. Tras 18 años de dominio de la escena política del país, el kirchnerismo ya no es novedad. Dejó de ser la solución para pasar a ser parte del problema.

"El kirchnerismo siempre se presentó como antisistema: 'Nosotros no somos el poder'. Pero para la generación joven que vota por primera vez, gente que nació entre el 2003 y el 2005, el kirchnerismo es el establishment", destacó el politólogo Juan Negri en una entrevista con Luciana Vázquez en 'La Nación'.

Son varias las figuras de éxito en la oposición, pero ninguna al nivel del jefe de gobierno (alcalde) de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, que sin ser candidato movió los hilos para configurar la oferta de Juntos por el Cambio. Una oferta que fue criticada: envió a su vicejefe de gobierno, Diego Santilli, a liderar la lista en la provincia de Buenos Aires y rescató de ese distrito a la ex gobernadora Maria Eugenia Vidal para que liderara la oferta en la capital del país.

"Horacio piensa en ser presidente desde que tiene cinco años", dijo semanas atrás a EL MUNDO la propia Vidal. Obsesivo y minucioso, Rodríguez Larreta tenía un plan: tres años de paz y amistad con el gobierno de Fernández y lanzarse a la presidencia un año antes de las elecciones. Pero el presidente lo eligió como enemigo tras unos meses de idilio durante la pandemia y anticipó así la lucha de 2023 por la Casa Rosada. Larreta fue paciente, no respondió a las provocaciones y terminó dañando seriamente al gobierno.

El candidato in pectore de la oposición logró incluso que Macri se mantuviera en un segundo plano en las celebraciones del domingo, al tiempo que se beneficia de la resurrección política de la Unión Cívica Radical (UCR), el partido de tintes socialdemócratas que históricamente funcionó como contrapeso del peronismo.

Los mercados recibieron la victoria de la oposición con la subida de las acciones argentinas en Wall Street, una revaluación del peso y una baja del riesgo país. Pero los dos meses hasta noviembre son un largo camino, y los dos años hasta diciembre de 2023, una eternidad en una Argentina de régimen presidencialista, y no parlamentario, en la que sería una mala noticia que el presidente no complete su mandato de cuatro años.

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