Piñera y Fernández: La visita de Estado del Presidente argentino a Chile tras un inicio de gestión marcado por los roces

Piñera y Fernández: La visita de Estado del Presidente argentino a Chile tras un inicio de gestión marcado por los roces

De cara a la visita que Alberto Fernández inicia este martes al país, el embajador chileno Nicolás Monckeberg asegura que la relación con Argentina “está en buen pie”. Su par transandino, Rafael Bielsa, destaca la relación “muy positiva” entre ambos mandatarios.

Esquiva. Así había sido la posibilidad de que Alberto Fernández y Sebastián Piñera tuvieran su primer cara a cara. Todo partió el mismo día en que el peronista llegó a la Casa Rosada, el 10 de diciembre de 2019. “Acabo de hablar con el Presidente electo de Argentina para informarle que no podré asistir al cambio de mando hoy. Confirmó que pronto hará una visita oficial a Chile”, fue el mensaje que el Mandatario chileno escribió a las 8.46 de ese día en Twitter, tras anunciar la cancelación de su viaje a Buenos Aires producto de la desaparición de un avión C-130 de la Fach que se dirigía hacia la Antártica desde Punta Arenas, con 38 tripulantes y pasajeros a bordo.

La nueva oportunidad de un encuentro presencial se presentó con ocasión de la asunción del Presidente Luis Lacalle Pou en Uruguay, el 1 de marzo de 2020. Sin embargo, en su primer viaje fuera del país después del estallido social del 18 de octubre de 2019, Piñera no pudo reunirse con Fernández en Montevideo. El mandatario transandino había explicado un par de semanas antes que para esa misma fecha estaba programado el inicio de las sesiones ordinarias en el Congreso y debía ingresar algunos proyectos de ley, entre ellos, la iniciativa para la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo, una de sus promesas de campaña, la cual finalmente se materializó el 30 de diciembre pasado, tras su aprobación en el Senado.

Así, después de más de un año de la llegada de Fernández al poder, el esperado encuentro con su par chileno se fijó para el 12 de enero pasado. Pero esta vez la pandemia se encargó de aguar la fiesta. El mandatario argentino se vio obligado a suspender su viaje a Santiago debido a que Piñera ese día inició una cuarentena preventiva junto a la primera dama, Cecilia Morel, tras tener contacto estrecho con una persona contagiada de Covid-19.

Finalmente, la cita con Fernández se concretará este martes, un día después de que concluya el confinamiento del Mandatario chileno. Se trata del primer viaje que realiza con la formalidad de una visita de Estado en su presidencia de un año y un mes, consigna el diario argentino Clarín. Si bien la agencia oficial Télam destaca que el objetivo de la visita es “reforzar la alianza estratégica entre vecinos”, la relación entre ambos gobiernos no ha estado exenta de polémicas.

Todo partió en diciembre de 2019, cuando Fernández, en una entrevista con América TV, aseguró que la comunidad internacional no es tan crítica con la crisis que vive Chile como lo es con la situación en Venezuela. “Me acordaba días atrás, cuando recibí a las organizaciones de derechos humanos venezolanas, en 2013, cuando (Nicolás) Maduro, después de una manifestación puso presas a 800 personas. (Sebastián) Piñera metió presas a 2.500 personas y no pasa nada, nadie dice nada”, dijo el gobernante. El entonces canciller Teodoro Ribera llamó a su homólogo argentino, Felipe Solá, para expresarle su “sorpresa” por los comentarios” de Fernández y precisarle “la conveniencia de no emitir opiniones sobre situaciones de política interna de los respectivos países”.

El 10 de abril de 2020 la relación bilateral quedó expuesta a una nueva tensión, cuando Fernández comparó su manejo de la crisis sanitaria con la de Chile, lo que desató el incidente por la competencia entre ambos países en esta materia. Ese mismo día, el mandatario argentino firmó una declaración del Grupo de Puebla, asociación que reúne a políticos latinoamericanos progresistas, que en su punto 10 aludía a Chile: “En ciertos países de nuestra región, especialmente en aquellos con un marcado sesgo ideológico neoliberal -como es el caso chileno y el de Brasil-, se intenta traspasar los costos de la crisis a las y los trabajadores”.

Dos semanas después, el 24 de abril, en una videoconferencia con el Grupo de Puebla, Fernández llamó a la oposición chilena a “volver a unirse, a zanjar diferencias para poder recuperar el poder en favor de los chilenos”. La videollamada fue organizada por los fundadores chilenos del Grupo de Puebla, entre los que se cuenta el excandidato presidencial Marco Enríquez-Ominami, estrecho amigo del gobernante. Tres días después, Fernández y Piñera conversaron por teléfono durante 45 minutos y coincidieron en “avanzar en una agenda de trabajo conjunta”, más allá de “cualquier diferencia”. Según un comunicado de la Presidencia argentina, los mandatarios coincidieron en que el impacto del coronavirus “ha dado vuelta la economía a todos” y que están enfrentando a “los mismos dos adversarios: la pandemia y la recesión”.

Pero esa declaración quedó en entredicho al mes siguiente, cuando Fernández volvió a mostrar gráficos comparando el manejo de ambos países en el combate contra la pandemia, algo que fue rebatido por el embajador chileno en ese país, Nicolás Monckeberg. “Debo rectificar error en información publicada por la Casa Rosada en reciente punto de prensa. La tasa de fallecidos en Chile es de 3,5 x 100 mil habitantes y no de 98,5 como señala el siguiente gráfico que mostraron”, afirmó Monckeberg en Twitter.

En mayo, la Cancillería chilena envió una nota diplomática a Argentina en la que se señala que la plataforma continental extendida que pretende ese país en la zona del Mar Austral, con los puntos que plantea como deslindes de ese trazado, no son oponibles a la República de Chile. En otras palabras, no lo reconoce, por tratarse de una declaración unilateral. “La presentación que formuló Argentina no fue objeto de aceptación por parte de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de las Naciones Unidas, porque esta no tiene competencia para ello”. Con esa frase, el canciller Andrés Allamand desmintió categóricamente en septiembre una nueva publicación realizada por la prensa transandina sobre un mapa de Argentina que incluye las reclamaciones de dicho país en la Antártica.

“Podría considerarse que el gobierno de Fernández está en las antípodas del de Piñera. Todo lo contrario de su antecesor, Mauricio Macri, que hasta se sentía identificado con el Mandatario chileno. Sin embargo, no hay que manejarse a la ligera en esta materia: recordemos que muy alejada ideológicamente de Piñera, Cristina Kirchner se sentía en su momento amiga de su par chileno. Como sea, la relación de Fernández con Piñera no arrancó del mejor modo, por esa costumbre que el gobierno argentino tiene de compararse permanentemente no solo con los vecinos, sino con todo el mundo”, señala a La Tercera José Ángel Di Mauro, director de la revista Parlamentario y autor del libro Cristina K, la Dama Rebelde.

Rosendo Fraga, analista político y director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, también cree que “las relaciones bilaterales durante el primer año de gestión de Fernández no han sido buenas con Chile”. “Las diferencias ideológicas jugaron un rol importante en la visión del gobierno argentino. Durante su primer año en el poder, Fernández dio prioridad al Grupo de Puebla, que agrupa a los líderes opositores de la región. Esto no hizo fácil la relación”, dijo a este medio.

En ese sentido, Julio Burdman, doctor en Ciencia Política y profesor de Geopolítica de la Universidad de Buenos Aires, estima que “las relaciones de Fernández con Piñera comenzaron mal por el contexto regional”. “El gobierno de Fernández asume percibiendo una región hostil que giraba hacia una derecha antidemocrática. El diagnóstico de Fernández fue que Piñera en Chile, aunque no era el responsable de ese giro, se estaba sumando a él y a todas las posiciones de la OEA”, apunta. Además, recuerda Orlando D’Adamo, politólogo y director del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano, “Fernández tiene su propio ‘frente interno’ en estos temas, léase los sectores del kirchnerismo duro que suelen tener posiciones más radicalizadas, como, por ejemplo, en el caso de Venezuela, los que lo obligan a transitar a veces un terreno resbaladizo”.

Pese a todos estos cortocircuitos, el embajador Nicolás Monckeberg sostiene que “la relación está en buen pie con Argentina”. “La relación entre los gobiernos, y especialmente en relación a la agenda de trabajo común, está caminando y en buen pie. Cuando ha habido a comienzos de año diferencias, a partir de declaraciones públicas que hicieron ruido, inmediatamente los presidentes, antes de 24 horas, las aclararon y dieron por superadas”, comenta a La Tercera.

“Asimismo, los presidentes Fernández y Piñera tienen relación fluida. No solo han participado en los canales formales, sino que, además, tienen contacto directo con sus teléfonos personales, de tal manera que los roces que hubo al principio del mandato del Presidente Fernández fueron superados y hoy no describen el estado positivo de avance de la agenda entre los dos países. Y que, por lo demás, es una agenda que muestra avances concretos y que se van a dar a conocer precisamente a partir de la gira presidencial”, agrega Monckeberg.

Su par argentino en Chile, el embajador Rafael Bielsa, también tiene un diagnóstico positivo de los vínculos bilaterales. “La relación entre Argentina y Chile es permanente. La agenda política bilateral reconoce énfasis variables a lo largo del tiempo, hay temas que en determinados momentos tienen mucha actualidad, como los limítrofes en la década del 90. Si elevamos la mirada a la escala en la que se miden las relaciones entre Estados, que es la de las décadas, encontraremos que las cuestiones de coyuntura no ocupan un lugar tan destacado. El hecho de que la primera visita del Presidente Fernández desde que desató la pandemia sea a Chile, es un dato que objetiva el estado de la relación. No hace falta que yo adjetive”, señala Bielsa a La Tercera. El embajador argentino agrega que “ésta es, como corresponde entre jefes de Estado, una de gran respeto. Asimismo, si me consulta en términos personales, existe una simpatía y una cordialidad entre ambos mandatarios que considero muy positiva”.

Y Monckeberg agrega: “Mucho más objetivos y contundentes son los avances concretos que este año en medio de la pandemia ambos gobiernos, ambos jefes de Estado, pueden mostrar y que van a quedar firmados y cerrados a partir de la visita presidencial, como son los acuerdos de encadenamientos productivos en la industria automotriz de Argentina en Chile, cambio y modernización de las normas del Mercosur, como son la homologación de todas las licencias de conducir particulares y profesionales de ambos países, como es también la apertura a la exportación de carnes blancas de Chile hacia Argentina y otras tantas materias que se van a anunciar”.

En ese sentido, Rodrigo Hinzpeter, exministro del Interior durante el primer gobierno de Piñera y actual presidente del capítulo chileno del Consejo Empresarial Chile-Argentina de la Sofofa, señala a La Tercera que “las relaciones con los empresarios en general se mantienen más o menos estables, a pesar de que haya cambios de gobierno”. “La verdad es que hemos tenido sinceramente un muy buen tratamiento por parte del gobierno del Presidente Fernández. No obstante, las dificultades impuestas por la pandemia, yo diría que tiene extraordinaria claridad respecto de la importancia de la inversión extranjera en su país y particularmente la chilena, por la cercanía geográfica y la necesidad de integrar ambos mercados. Y no he notado diferencia entre lo que fueron otros gobiernos y el Presidente Fernández”, asegura.

Sin embargo, en una entrevista publicada en septiembre por el diario Clarín, Juan Sutil, presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), lamentó la salida de Falabella del mercado argentino, argumentando que las empresas se van porque ese país “necesita estabilidad, certeza jurídica y salirse del prototipo del populismo y subdesarrollo”. “Nosotros respetamos la decisión de las empresas de estar o no estar en los países. Sin embargo, como capítulo chileno-argentino y a mí personalmente como presidente, me interesa la mayor robustez de la inversión chilena en Argentina y, por lo tanto, me aflige cuando tengo noticias de que alguna empresa, una inversión chilena, pueda estarse retirando de ese mercado”, comentó Hinzpeter.

Con todo, los analistas transandinos son optimistas sobre la evolución de la relación bilateral. “En el último trimestre varios hechos han cambiado. Fernández bajó su protagonismo en el Grupo de Puebla. A ello hay que agregar que la asunción de Joe Biden (en EE.UU.) parece haber llevado a Fernández a reconocer que Piñera es el Presidente de América del Sur que tiene mejor relación con él, por las visitas del entonces vicepresidente de Obama a América Latina”, destaca Fraga.

Al respecto, Burdman dice que “en Buenos Aires hay una fuerte expectativa de que con Biden el clima regional cambia, y Fernández imagina un nuevo comienzo. Por eso, la Cancillería argentina buscará un acercamiento con todos los países sudamericanos, porque se prevén mejores condiciones para un multilateralismo que incluya a Argentina y esto podría beneficiarla en sus relaciones bilaterales con Estados Unidos”. “Creo que en adelante las relaciones con Chile van a mejorar. Y que la visita a Chile es un paso en ese sentido”. Según Di Mauro, “debemos interpretar que la relación con Chile es para este gobierno considerada de manera privilegiada y prueba de ello es que, en un contexto de viajes al exterior limitados como consecuencia de la pandemia, ese país será de los primeros a los que Fernández se desplace”. “El hecho mismo de que la visita tenga lugar ya nos está simbolizando una saludable vocación de diálogo”, acota D’Adamo. “Todos estos hechos y circunstancias de los últimos meses crean un contexto por el cual la relación puede mejorar y el encuentro que tendría lugar en los próximos días sería una evidencia o manifestación de ello”, concluye Fraga.

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