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Pesimismo en Argentina

Pesimismo en Argentina

El pesimismo se ha instalado en Argentina. En la calle, en el mercado financiero y en los despachos oficiales.

La huelga general del pasado martes es sólo un tenso episodio más de un año que se prevé convulso económica y políticamente. La pregunta que más se hacen los argentinos ya no es quién va a ganar las elecciones del 27 de octubre, sino cómo va a acabar esto.

La crisis económica que estalló el año pasado se empieza a notar y no parece que vaya a ir a menos, como promete una y otra vez el presidente Mauricio Macri, gran parte de cuyos votantes se muestran ahora desilusionados. En este contexto, Macri se ha sacado de la chistera una propuesta de pacto de estabilización con la oposición.

A seis meses de los comicios, aún hay demasiadas incógnitas por resolver. La más relevante es si, como parece, la expresidenta peronista Cristina Fernández (2007-2015) será candidata. La opción del retorno del kirchnerismo proteccionista genera pánico en los mercados y ahuyenta aún más a los inversores. No obstante, hasta hace muy poco la Casa Rosada deseaba, en privado, que la exmandataria se postulara, ya que en un escenario de polarización en una segunda vuelta electoral, el mayor rechazo que generaba Fernández beneficiaba a Macri.

Pero la situación económica empeora cada día y se agrava, paradójicamente, cada vez que el presidente presenta medidas para paliar la crisis. La desconfianza es máxima y, si antes las encuestas indicaban que, de entre todos los candidatos posibles, Macri solo vencería a Fernández en segunda vuelta, ahora ya ni siquiera eso es esperable. La exmandataria repunta.

A pesar de no ser convocada unánimemente por todos los sindicatos –con hondas diferencias entre ellos–, la huelga general logró paralizar buena parte del país, especialmente de Buenos Aires, gracias a la adhesión de gran parte de los trabajadores del transporte público y la educación.

Antes de la huelga, la penúltima sacudida económica se había producido la semana anterior, con una nueva devaluación acumulada del peso respecto al dólar de casi el 10% en sólo cinco días. Además, el índice de riesgo país de JP Morgan llegó a superar los 1.000 puntos, algo que no sucedía desde hacía cinco años.

Mientras tanto, el país se encuentra en recesión, la inflación ya alcanza el 55% –algunos economistas alertan de la posibilidad de hiperinflación–, el consumo cae en picado, el desempleo aumenta, la pobreza afecta a la tercera parte de los argentinos, y pimes y comercios empiezan a echar el cierre ante la imposibilidad de financiarse debido a las altas tasas de interés que fomenta el propio gobierno para frenar una mayor devaluación.

El Banco Central ha renunciado a la flotación libre del dólar y volverá a usar las reservas, si es necesario, para frenar la volatilidad de la divisa estadounidense, cuyo valor de cambio es un indicador que hace subir o bajar a Macri en los sondeos de manera inmediata.

La crisis comenzó en mayo pasado cuando, tras la retirada generalizada de capitales de los mercados emergentes en beneficio de EE.UU., la devaluación del peso llevó a Macri a pedir al FMI un préstamo gigantesco, que posteriormente fue ampliado, y actualmente es de unos 51.000 millones de euros a tres años. Los recortes impuestos por el Fondo pretenden mejorar la economía a largo plazo, pero a corto sólo ahondan la crisis.

La sensación de estar al borde del precipicio es amplificada por las cadenas de televisión, que no paran de mostrar imágenes de piquetes, emiten con frecuencia conexiones en directo con comercios para saber cuánto varía el precio de la carne de una semana a otra o siguen al minuto la cotización del dólar.

Y mientras tanto, Macri, cada vez más impopular, sigue culpando a Fernández de todos los males de Argentina, después de tres años en el poder. “Este es el camino, sin mentiras, sin soluciones mágicas, sin parches, porque esas soluciones mágicas siempre nos llevaron para atrás, siempre nos trajeron más problemas que soluciones”, declaró hace unos días el presidente liberal.

Sin embargo, la credibilidad de Macri está bajo mínimos porque da la imagen de que poco puede hacer ya para mejorar la situación. Las tímidas medidas anunciadas hace dos semanas para frenar la pérdida de poder adquisitivo de la clase media no consiguieron levantar su imagen, y menos tras la última devaluación.

En un país donde el diálogo político se entiende como una concesión y raramente el presidente se reúne formalmente con los líderes de la oposición, la última jugada de Macri ha sido hablar por teléfono con algunos precandidatos presidenciales del peronismo conservador, como el exprimer ministro kirchnerista Sergio Massa –situado ahora en el centroderecha– o el exministro de Economía Roberto Lavagna para proponer un acuerdo de estabilización económica de diez puntos. El movimiento puede entenderse como un abrazo del oso pero también como un síntoma de que la crisis es realmente profunda. Massa respondió que Macri trata de dividir aún más a la oposición y le recomendó que llame también a Fernández, lo que el gobierno no descarta. Por su parte, Lavagna contraatacó con otro documento de diez puntos donde recuerda al mandatario que “los discursos optimistas no alcanzan para cambiar la realidad”.

El peronismo sigue dividido, pero sus dirigentes presidenciales sueñan con la reagrupación electoral, aunque sea en varios frentes. Además de Fernández, Massa y Lavagna, el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, el exgobernador de Buenos Aires Felipe Solá o el senador Miguel Ángel Pichetto –exportavoz kirchnerista en el Senado– son algunos precandidatos peronistas, cuyo futuro se verá afectado por la probable postulación de la expresidenta y varios acabarán bajo su alero.

Las cartas deberán descubrirse antes del 22 de junio, pues ese día vence el plazo para la presentación de listas con vistas a las primarias obligatorias del 11 de agosto, que constituirán una fabulosa medición de las expectativas a dos meses y medio de los comicios. A pesar de los múltiples procesos judiciales por corrupción en su contra, según la mayoría de los sondeos Fernández ganaría hoy la primera vuelta electoral con una tercera parte de los votos.

Actualmente senadora, la expresidenta guarda silencio y esta previsto que su próxima reaparición pública sea el jueves, cuando presente un libro suyo en la popular Feria del Libro.

De momento, un juez ya ha pedido a la editorial retener los beneficios del libro para hacer frente al embargo judicial de los bienes de Fernández, que está procesada por corrupción en múltiples causas.

La confirmación oficial de la candidatura de la exmandataria está prevista el 20 de junio con un acto de masas en el estadio del Racing de Avellaneda.

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