Pese a falta de condiciones, la industria boliviana logra innovar para conquistar el mercado externo

Pese a falta de condiciones, la industria boliviana logra innovar para conquistar el mercado externo

En la actualidad, la generación de riqueza de Bolivia se apoya en un PIB primario tradicional. Mientras que, la producción con algún grado de modificación tecnológica sigue siendo una realidad marginal

Son las siete de la mañana y como desde hace más de 20 años, es uno de los primeros en llegar. En la puerta de la oficina central, a un costado, se encuentra San José, que fue traído desde Colombia y es considerado el protector de esa factoría.

El lugar es amplio, con abundante vegetación. El trabajo es constante con una importante presencia femenina que, de manera hábil, maneja los equipos de producción destinados para motos, vehículos, micros y camiones.

Pastillas de freno, balatas en bloque, balatas en segmento, balatas en rollo, forros para embragues y forros moldeados para la exportación son la oferta de la empresa boliviana Fricción SRL, que desde 1990 ofrecen estos productos.

Estas piezas llegan cuidadosamente embaladas a los mercados de EEUU, México, Centroamérica, Paraguay y Chile y debido a su calidad son productos muy requeridos.

Roberto Carlos Franco Vacadolz, una de las caras visibles de la empresa, es un agradecido a Dios, pues considera que todo lo conseguido hasta ahora es resultado de la fe, la disciplina y la firme creencia en lo que uno hace.

Un centenar de trabajadores, de lunes a sábado, se distribuye en tres turnos de ocho horas. Con la firme convicción de que la calidad y seguridad de los productos que realizan son la marca registrada que los diferencia, tanto en el mercado interno como el externo.

Uno de los secretos para lograr calidad y seguridad es el laboratorio que requirió una inversión superior a los $us 300.000 y que cuenta con distintos equipos de precisión, resistencia, medición de impacto y durabilidad.

Ingenieros, analistas en sistema, mecánicos y torneros son algunas de las especialidades que se entrelazan para innovar y responder a las necesidades de los nuevos modelos de vehículos que cada año ofrece el mercado automotriz.

¿En el país es fácil otorgar valor agregado a un producto? A esta consulta, Franco -mientras va recorriendo el lugar y mostrando los árboles de durazno y limón asegura que apostar por una industria donde la tecnología y la precisión son determinantes no es una labor sencilla, ya que requiere de constancia, de una capacitación diaria y renovada y de tener la suficiente madurez para lidiar con los problemas diarios que tiene el país en cuanto a las falencias de infraestructura, el encarecimiento de los fletes, la falta de disponibilidad de contenedores y la habitual burocracia para el comercio internacional.

A pesar de ello, el empresario cruceño infla el pecho y asegura que, de retroceder el tiempo, volvería a apostar por este tipo de empresa. Sabe que en el contexto nacional industrial son una isla, pero está convencido de que el grano que aportan para diversificar las exportaciones, al igual que otros sectores, es fundamental para el país que necesita de industrias nuevas donde la innovación y la tecnología sean el pilar y las prácticas empresariales estén en sintonía con los tiempos actuales.

El contexto nacional

Los $us 392 millones generados, en junio de 2021, por la exportación de plata, oro, zinc y estaño o los 1.036 millones de metros cúbicos de gas natural enviados a Argentina y Brasil -en similar periodo- tienen un historial en común. Se trata de industrias con un bajo nivel de innovación tecnológica y; sin embargo, son la base de la riqueza del país.

En este sentido, y de acuerdo con el economista, Miguel Chalup, la matriz productiva del complejo industrial del país es primario y los $us 40.900 millones generados del Producto Bruto Interno (PIB) nominal son resultado de un aparato productivo tradicional en donde la transformación tecnológica tiene poca participación.

Chalup hizo notar que los índices de innovación, en principio, toman en cuenta la educación, la infraestructura, y la competitividad de una región o país y a medida que se complejiza la actividad económica la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, que elabora el Índice Mundial de Innovación, suma los procesos creativos, capital humano e investigación, sofisticación de negocios, sofisticación de mercado, proceso productivo de conocimientos y tecnología e institucionalidad.

Es Adrián Moisés Manjón, economista especializado en temas productivos, que explicó que la complejidad económica va de la mano con la competitividad de las exportaciones, pues es en esta actividad donde los procesos de producción destinados al comercio internacional deben recurrir a la creación, imaginación y capacidad intelectual y tecnológica para ofrecer un producto con valor agregado capaz de competir con otros y de ser requerido por mercados exigentes.

Ibo Blazicevic, presidente de la Cámara Nacional de Industrias (CNI), sostuvo que los macrofactores que impulsan la innovación son la institucionalidad para la inversión, la estabilidad económica y los microfactores son la educación del capital humano, el desarrollo tecnológico y el financiamiento.

Blazicevic lamentó que la normativa laboral del país es inflexible y eso no impulsa los procesos de innovación. También observó que los derechos de autor a escala internacional son otro factor que limita la innovación.

“En general, el ecosistema para la producción como ser condiciones institucionales, regulación de precios, tipo de cambio, leyes para la producción (inversión, tributación, seguridad social), sobre normativa y sobre fiscalización de entidades públicas, son elementos que frenan la innovación. Por lo que se debe trabajar en ellos para promover y motivar la creatividad e impulsar la tecnología en el país”, resaltó el empresario.

Lo intangible

Prestar servicios y brindar soluciones es el fuerte de Tesabiz empresa boliviana creada en 2015 y que desarrolla tecnología (software) financiera y ayuda a construir una economía digital, a través de la disrupción en transacciones financieras en tiempo real.

En su centro de operaciones, unas 20 personas, que tienen conocimiento en sistemas de informática, en leyes financieras y en economía, se encuentran concentradas trabajando en distintas alternativas que permitan a sus clientes ofrecer los mejores y más seguros servicios digitales en lo que se refiere a las transacciones financieras.

Como parte del crecimiento y el desafío de expandir sus fronteras de acción, Tesabiz llegó a Paraguay a través del Banco Central del Paraguay (BCP), en donde se concretó el proyecto de lograr una Cámara de Compensación y Liquidación de Cooperativas (Cabal) que permita la interoperabilidad entre cooperativas y bancos. Es decir, que se puede transferir dinero de una cooperativa hacia un banco más grande y viceversa. Algo que hasta la llegada de la empresa boliviana no se podía realizar.

Carlos Corrales uno de los fundadores de la compañía, se llena de orgullo al contar este proyecto se implementó en plena pandemia y en diciembre de 2020 ya estaba en funcionamiento, brindando servicios innovadores y disruptivos a las cooperativas donde no solo se procesa transacciones, sino también se brinda servicios de banca digital a través del proyecto billetera electrónica (DIMO) que permite la apertura de cuentas y tarjetas de crédito de su propia marca en las cooperativas que son participantes, sin necesidad de ir a una sucursal física.

Corrales considera que el principal aporte de la empresa es ofrecer un servicio seguro a las entidades financieras y comercios. Antes, una cooperativa rural no podía acceder a software de procesamiento en la web y dispositivos móviles (banca digital), por los elevados valores de inversión y la carencia de proveedores locales en Bolivia.

El empresario está convencido que no solo se debe buscar la rentabilidad, que es necesaria para continuar, sino también que se debe aportar el granito de arena a la economía nacional, a través del acceso a las entidades no bancarias pequeñas que están logrando una mayor inclusión financiera gracias a las tecnologías desarrolladas en Bolivia.

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