Ofensiva diplomática europea para evitar la desintegración del Estado afgano

Ofensiva diplomática europea para evitar la desintegración del Estado afgano

16:32 - La canciller alemana, que hoy se ha reunido con Putin, reconoce ahora que no va a quedar más remedio que hablar con los talibanes

Los países de la OTAN confirmaron este viernes su intención de intensificar en lo posible las misiones de rescate desde el aeropuerto de Kabul, mientras esperan ganar tiempo para establecer vías de comunicación con los talibanes que permitan fijarse objetivos más a largo plazo. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, tras la reunión que mantuvo con los ministros de Exteriores de la Alianza, reconoció que EE.UU. mantiene como fecha de final de operaciones el 31 de agosto y que «solo en ese momento» determinará quién queda por ser evacuado y a quién más deben imprescindiblemente rescatar sus tropas. Hay otros países, sin embargo dispuestos desde ya mismo a prolongar los puentes aéreos durante más tiempo. «Mientras continúen las operaciones de evacuación, mantendremos nuestra estrecha cooperación operacional a través de los medios militares aliados en el aeropuerto internacional Hamdi Karzai», prometió a las decenas de miles de personas que todavía tienen la esperanza de llegar a subir en los aviones de rescate. «Nuestro objetivo es sacar a nuestro personal, a la gente que ha trabajado para la OTAN, los aliados y los países socios, pero también a los afganos en peligro, y estamos trabajando muy duro para ayudar a la población afgana. Hemos conseguido ya sacar a bastantes y seguiremos trabajando para sacar a más», insistió.

Y mientras se prolongan las evacuaciones, los servicios de diplomacia internacionales buscan la manera de entablar una relación de influencia con los talibanes sin reconocer su legitimidad en el gobierno de Afganistán. La más pragmática en este sentido es la canciller alemana Angela Merkel, que hoy admitió que «ahora será necesario dialogar con los talibanes (…) e intentar salvar las vidas de aquellos que están amenazados, para que puedan abandonar el país». Merkel se mostró «molesta» con el cambio de poder en el país centroasiático y lamentó que «los talibanes hayan recibido más apoyo exterior del que nos hubiera gustado», pero en aras del pragmatismo subrayó que la prioridad absoluta es ayudar ahora a quienes cooperaron con Alemania durante los veinte años que duró la misión en Afganistán, «darles refugio en Alemania y sacar de allí a cuantas personas se pueda en los próximos días». Su siguiente objetivo, tan urgente como importante, es la lucha contra el terrorismo. Recordó que desde el 11-S «la situación con el terrorismo en Afganistán ha empeorado desde entonces y la comunidad internacional debe seguir combatiendo el renacimiento de ese terrorismo en Afganistán».

Merkel hacía estas apreciaciones en el palacio del Kremlim, donde por última vez visitaba oficialmente al presidente ruso, Vladimir Putin, antes de las elecciones alemanas del 26 de septiembre a las que ya no se presenta. Afganistán se hizo con el protagonismo absoluto en la agenda de este último viaje y Merkel hizo lo posible por involucrar a Putin en el esfuerzo diplomático internacional, a sabiendas de que Rusia conserva influyentes contactos con ellos. La respuesta de Putin a sus ruegos fue tibia. El presidente ruso llamó a prevenir la desintegración del Estado afgano tras la toma de poder de los talibanes y alertó contra cualquier injerencia exterior en el país. «El movimiento talibán controla a día de hoy prácticamente todo el territorio del país, incluida la capital», dijo, «esta es la realidad y debemos partir de ella sin permitir, sin lugar a dudas, la desintegración del Estado afgano». Putin hizo una encendida crítica de la imposición de valores democráticos a terceros países por parte de Occidente, una política que tachó de «irresponsable» porque ignora las tradiciones y los deseos de esos pueblos. «Ya vimos lo que pasó con la Primavera Árabe y ahora con Afganistán», repitió, «todos nuestros socios deben convertir esto en una regla universal, tratar con respeto a los gobiernos y armarse de paciencia, tanto si les gusta como si no». En opinión de Putin, Occidente no tiene ahora otra opción que «darle a los pueblos el derecho a decidir por sí mismos su propio destino, independientemente de cuánto tiempo les lleve recorrer la senda de la democratización», en lugar de «imponer experimentos» que «nunca tuvieron éxito».

En otros tiempos, nadie mejor que Merkel para obtener al menos algún gesto de Putin, de entre los líderes europeos. Pero con la eterna canciller ya de salida del gobierno, la UE envió esta vez sucesivas misiones para tratar de sensibilizar a Putin, que recayeron en el francés Emmanuel Macron y en el italiano Mario Draghi, que goza de reputación entre los socios europeos por su paso por el BCE y que igualmente mantuvo una conversación telefónica con el presidente ruso. Ambos insistieron en la magnitud de la crisis humanitaria que obliga a intentar rescatar a cuantos afganos sea posible. Macron y Draghi obtuvieron de Putin apenas una declaración de disposición a ayudar a establecer la paz y la estabilidad en Afganistán a través de la cooperación, incluyendo los esfuerzos realizados en el marco del Consejo de Seguridad de la ONU y en el G 20.

Peligro terrorista
Putin estuvo de acuerdo con los jefes de gobierno con los que ha mantenido conversaciones sobre Afganistán en que el principal peligro a que se enfrenta Occidente es la salida de terroristas de territorio afgano, camuflados como refugiados y cuyo objetivo sería llevar a cabo atentados que desestabilicen los países vecinos. Por eso asintió ante la «necesidad de aunar esfuerzos» por parte de la UE y de Rusia, para normalizar la situación en Afganistán y poner freno a movimientos migratorios fuera de control. Paliar la crisis humanitaria entra dentro de sus prioridades y a Rusia, concretó, le conviene restaurar la estabilidad en Asia Central.

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